v certamen literario del agua. obras premiadas

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  • V Certamen Literario de EMASESA

    Cuentos infantilesy relatos cortos

  • V Certamen Literario de EMASESA

    Cuentos infantilesy relatos cortos

    Amalia Ca AbascalNieves PulidoElena MarqusJuncal Baeza

  • Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizacin escrita de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en

    las leyes, la reproduccin total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografa y el tratamiento

    informtico, as como su distribucin.

    de los textos: sus autores, 2013 EMASESA METROPOLITANA, 2013

    Depsito legal: SE 138-2014ISBN: 978-84-942807-3-3

    Diseo grfico y produccin: Ignacio Ysasi

    Agradecimiento a los fotgrafos Raquel Vzquez y Marcelo Csar Augusto

    Ilustracin de portada:CRISTINA, Paseo de (Sevilla Ciudad) Redes de riego.

    Paseo de Cristina: Servicio de Riego: instalacin de 8 bocas sobre tuberasAbastecimiento de Aguas de Sevilla. Escala1:1250. Sevilla. [1887]

    1 plano: manuscrito, color, papel entelado; 31x 22,8 cm.

    Archivo de EMASESA. Coleccin de planos.

  • Organiza

    Centro de Documentacin del Agua de EMASESA

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    Un maestro de Kung Fu deca que hay que ser agua. Seguramente tena razn. Deberamos fluir en lugar de estancarnos, adaptarnos a cualquier circunstancia y ser transparentes, limpiar los lugares por los que pasamos y no dejar ningn olor. Cuando nos damos cuenta de todas las capacidades del agua, reconocemos que ese lquido esencial est hecho de gotas de magia que fluye cada vez que abrimos un grifo. Es algo maravilloso.

    Al mismo tiempo, no tan lejos de nosotros, ocurre algo terrible: no hay grifo y tampoco hay agua. Dos mil qui-nientos millones de personas no disponen de servicios de saneamiento, casi 800 millones no tienen acceso seguro a fuentes de agua potable y dos mil nios mueren al da por enfermedades asociadas a estas dos carencias.

    En nuestro pas estamos tan acostumbrados a que fluya el agua con un slo movimiento de la mano, que a veces la valoramos poco. Por eso este concurso es internacio-nal, lo que nos permite conocer otras realidades y apren-

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    der que los verdaderos niveles alarmantes de pobreza no estn en la carencia de bienes de consumo prescindibles (mviles, TV, coche) sino que, ms all, hay un lmite que muchas personas no superan y les impide el acceso a un elemento tan bsico como el agua.

    Todas las ciudades tienen en comn y en sus orgenes, su relacin estrecha con el acceso al agua. Sevilla, don-de EMASESA tiene su sede, fue fundada en una isla. Su historia siempre ha estado relacionada con el agua. Aqu algunas veces ha faltado el agua y otras ha sobrado, pero el cambio en la gestin de este elemento ha transformado la ciudad y a los ciudadanos.

    No hace tanto tiempo que las mquinas del mundo se movan con agua, como los molinos o los trenes a vapor. No hace tanto tiempo que los aguadores recorran las ciudades vendiendo el bien ms esencial. No hace tanto tiempo que nuestra ciudad era anegada por el ro. Hoy tenemos inmensos tanques de tormentas, embalses y has-ta grifos en nuestras casas. El agua es la verdadera medi-da de la evolucin humana.

    Estos textos reflejan esa evolucin tcnica y social, por-que la historia del agua es la historia de las sociedades.

    Elena Marqus Nez nos regala El dolor de la luna, un relato que discurre en una Galicia misteriosa, una tie-rra salpicada de agua y de leyendas.

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    Juncal Baeza Monedero dibuja con palabras ntidas im-genes que recoge en su relato El agua del mar tambin es agua.

    Slo cuatro gotas de agua, de Amaia Cia Abascal, nos demuestra con una cadena de casualidades que cuatro gotas pueden ser muchas.

    El viaje multicolor de Tomasso Benvenuto, de Nieves Pu-lido, es la historia alternativa del surgimiento de Venecia.

    Lo nico en comn de todos estos textos es el agua. El agua nos une a todos, en este caso, a travs de un ro de letras que nos obliga a bucear en un problema vital.

    Jess Maza Burgos

    Consejero Delegado de EMASESA

  • Solo cuatro gotas de agua Amalia Ca Abascal

    Primer premio cuento infantil

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    Doa Aurorita mir al cielo con la mano extendida y dijo:

    Qu fastidio! Ahora se pone a llover . Era mircoles y como todos los mircoles acababa de salir de la peluquera con el pelo recin moldeado. Doa Au-rorita no estaba dispuesta a que la lluvia le estropeara el peinado. Se meti en el portal y esper a que llegara el taxi que acababa de pedir.

    El vecino del tercero izquierda, que en ese momen-to sala con un paraguas colgado del brazo y gabardina, le contest:

    Son solo cuatro gotas. Cuatro gotitas de nada.Y lo dijo con cierto tono de desprecio, como si cua-

    tro gotas de agua fueran cualquier cosa. Las gotas de agua, que adems de incoloras, ino-

    doras e inspidas son muy poco rencorosas, no hicieron

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    caso al comentario: cayeron alegremente sobre el cristal de la puerta, justo al lado de un caracol que suba dibu-jando un surco hmedo y zigzagueante.

    El caracol se puso muy contento (le encantaba salir a comer hierba jugosa despus de haber llovido) y para demostrarlo extendi y encogi varias veces sus cuerne-cillos curiosos.

    Los cuernecillos curiosos llamaron la atencin del gato de la portera que, como nunca haba visto un cara-col, buf asustado, se encorv y eriz todos los pelos de la espalda. No es que el gato de la portera fuera muy asusta-dizo, es que hay que ponerse en su lugar: ver por primera vez un individuo viscoso que va dejando un reguero de moco y lleva una joroba a cuestas, intimida bastante.

    El bufido llam la atencin de un perro pequins que paseaba con una chica rubia. Tena un abrigo rojo y muy malas pulgas (el pequins, no la chica rubia). El perrito se abalanz hacia el portal pero cay de morros a dos milmetro de los bigotes del gato: la correa con la que le sujetaba la chica rubia era demasiado corta. Ladr dos veces, levant la pata e hizo un pis en la esquina (el pequi-ns, no la chica rubia). Ella se enfad mucho y le ri:

    Si sigues portndote as te voy a castigar sin ver la televisin . Al perrito lo que ms le gustaba en el mundo era sentarse junto a su duea en el sof. Todas las noches elega una buena pelcula y cocinaba palomi-tas de maz para los dos (la chica rubia, no el pequins).

    Al ver la acera sucia, el barrendero que la limpia-ba refunfu y sac una manguera de su carrito de la

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    limpieza. Despus de dejar la pared de la esquina como los chorros del oro, aprovech para regar un poco unas florecillas silvestres que crecan entre dos baldosas.

    Las florecillas silvestres brillaron con un lila ms lila, porque el agua les animaba mucho. Extendieron los ptalos y enderezaron los tallos.

    El lila se puso tan lila que un chico con gafas que sala de trabajar se fij en ellas y con mucho cuidado las cogi e hizo un ramillete. Luego lo coloc en un bote de refresco de limn con burbujas (que afortunadamente para las florecillas estaba vaco) y lo rellen con agua fresca en una fuente.

    El chico con gafas se mir en un escaparate y se pein de cuatro formas distintas antes de entrar en el restaurante donde sola comer de men.

    En el restaurante donde sola comer de men, la camarera se ruboriz cuando el chico con gafas le regal las florecillas silvestres con maceta de refresco de limn (eso fue justo despus de que la invitara a dar un paseo por la orilla del ro). La camarera se puso tan nerviosa que prepar mal todos los pedidos. En lugar de huevos fritos con tocino, se equivoc y sirvi huevos pasados por agua. En vez de tarta al whisky, volvi a equivocar-se y reparti jugosos trozos de sanda (pero despus de tanto equivocarse, aquella noche acert dando un paseo inolvidable junto al ro).

    Un seor gordsimo que ocupaba la mesa tres, se enfad tanto con el error de la camarera que pidi el li-bro de reclamaciones. l quera tarta al whisky con nata

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    montada, no dos rodajas de sanda, por muy dulce y fresca que estuviera. Porque haba que reconocerlo, la sanda estaba ms dulce que un beso de buenas noches y ms fresca que una sardinilla en lata recin sacada de la nevera. Pero eso no era razn suficiente para que l se quedara sin su postre.

    Yo he pedido tarta al whisky y todava no ha na-cido quin me prohba comer tarta al whisky grit el seor gordo, con las mejillas de un rojo intenso, a juego con la sanda.

    Si no le dio un patats, fue porque el cocinero le ofreci un vaso de agua y avis rpidamente a una am-bulancia (y a los bomberos, pero eso lo explicaremos ms adelante).

    En el hospital, varios mdicos muy serios lo exami-naron y uno de ellos, con bata blanca y un fonendosco-pio colgado del cuello ley el diagnstico:

    Su corazn est enfermo. Una cucharadita ms de comida con grasa y habra hecho plof!

    Plof? pregunt el seor gordo, con los ojos muy abiertos.

    Plof corrobor el mdico. Le prohbo comer tarta al whisky.

    Volvamos al cocinero: se haba dejado olvidada al fuego una sartn con calamares a la romana. En poco rato se form tal humareda, que hubo que llamar a los bomberos.

    La prxima vez escoja cocer en lugar de frer le recomend el jefe de bomberos, cuando el fuego estuvo

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    controlado, el agua es menos peligrosa que el aceite.Y ms barata aadi otro que acarreaba una

    manguera.Y no mancha dijo un tercero con uniforme y

    casco.Y es ms sana dijeron a coro todos los dems.Por eso no hay que malgastarla dijo el jefe de

    bomberos. Y aadi, sealando a la fregadera: Este grifo no cierra bien.

    El cocinero, que haba optado por poner agua a calentar para cocer unos macarro