simbolismo manteño

Author: diana-ortiz-quiroz

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    ARTE Y SlMBOLlSMO ENLOS TORTEROS MANTEOSCarme Fauria

    Universidad de Barcelona

    E l PasLos antiguos manteos ocupaban parte de las actuales provincias de Mana-

    b y Guayas, bordeando la costa del Ecuador desde Baha de Carquez por e lnorte hasta e l golfo de Guayaquil y la isla de Pun por e l sur. Sus dominios sedetenan por el este en la cadena de pequeas colinas que con una altura m-xima de 600m. sobre e l nivel del mar, corre paralela al Pacfico. Entre el oca-no, con e l que lindaban por e l oeste, y los cerros se encuentra una franja de100 a 150 km. de ancho, dentro de la cual se desarroll esta cultura.Tres islas situadas cerca de la costa tuvieron gran importancia en pocasprehispnicas. En pleno golfo de Guayaquil, la isla de Piin, situada frente ala desembocadura del Guayas. Fue sede de un cacicazgo importante, compa-rable al huancavilca o al manteo, con quienes despus de mltiples enfren-tamiento~habra llegado a un acuerdo pacfico o, posiblemente a una inte-gracin de los isleos con el grupo sur.De dimensiones ms reducidas, al medioda de Manab se halla la isla deSalango, situada frente a l a poblacin del mismo nombre. Esta isla fue usa-da tradicionalmente como centro ceremonial, a lo largo de diferentes ocupa-ciones culturales.

    Finalmente, a unos 45 km. de Puerto Lpez y un ploco ms al norte dela anterior, se encuentra la isla de La Plata, bsicamente utilizada en el pero-do manteo como lugar de pesca y manufactura de la concha Spondylus,aunque en pocas anteriores haba sido sede de un adoratorio.

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    El clima de esta zona se halla sometido a la corriente fra de Humboldtque se bifurca ms all de cabo Blanco, dirigindose la rama principal hacia e lnoroeste y pasando en su recorrido por las islas Galpagos, mientras que la se-cundaria, de unas cien millas de ancho, sigue en direccin sur-norte haciacabo Pasado. Su temperatura se halla alrededor de los 230 centgrados e influ-ye en e l clima y la vegetacin de la costa de Manab (Wolf, 1892: 18).Las precipitaciones pluviales de esta zona son variables, entre 250 y 500mm. anuales. La corriente de Humboldt provoca constantes vientos hacia elinterior, a consecuencia de los cuales hay un nivel medio de altura de las nu-bes superior al normal que dificulta la lluvia. La poca hmeda va de diciem-bre a mayo. Mientras dura, la atmsfera permanece caliente y, por lo general,es clara. En la temporada seca es frecuente una constante capa de nubes. Du-rante la noche refrescael ambiente, producindose una inversin de la corrien-te de aire fro, resultando de ello una llovizna llamada gara, que moja leve-mente la superficie del suelo y pocas veces se convierte en cantidad medible.Ya en 1960 Emilio Estrada hablaba con gran preocupacin de los efectosperjudiciales de la deforestacin en la zona, que precipita la desertificacinprogresiva hacia el norte de toda la costa. En los ltimos aos han disminudoprogresivamente las precipitaciones lluviosas, sobre todo en los lugares bosco-sos cercanos al mar (Estrada, 1962: 14). En la actualidad una poderosa indus-tria maderera contribuye en gran manera a acentuar estos problemas.Debido a las escasas lluvias y a las altas temperaturas ambientales, los rosde Manab y Guayas estn bastante secos, a veces totalmente, durante unabuena parte del ao.

    Los manteos tuvieron un clima semejante, ta l vez ligeramente ms h-medo, por lo que se vieron obligados a grandes esfuerzos para superar las difi-cultades de t ipo ambiental que limitaban enormemente sus posibilidades agr-colas. Encontraron soluciones escalonando terrazasen las laderas de los cerrrospara aprovechar al mximo la humedad que se acumula en ellas durante las l-timas horas de la noche, excavando pozos de gran profundidad y reteniendola escasa cantidad de agua transportada por los ros mediante el sistema depresas. Y recurrieron a sus dioses para completar e l efecto de sus trabajos di-rigidos a asegurar las cosechas.

    Contrastando con la sequa general de toda esta zona que alberg al gru-po manteo, sus lmites norte y sur fueron grandes y caudalosos ros: el Cho-ne, que desemboca en Baha de Carquez y e l Daule y el Babahoyo, que seunen formando el Guayas poco antes de llegar al mar en e l golfo de Guayaquil.Durante la poca hme-da la tierra se cubre de arbustos, cactus y gram-neas. En cuanto termina, la vegetacin se reseca con rapidez, tomando unacola~acin ris ceniza a lo largo de amplias extensiones, con los grandes cei-bos de formas humanoides dominando e l paisaje.En las bajas colinas interiores, e l suelo negro y arcilloso llamado "regur"es muy adecuado para e l cultivo del algodn, plantas oleaginosas y fibrasaptas para e l tejido, siempre que se pueda disponer de agua suficiente. En los

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    valles del Chone y del Charapot, sus suelos de origen aluvial son muy favo-rables para el cultivo del algodn, bananos, maz, frutas ctricas, caa de az-car y pastos (Estrada, 1962: 14).Muy caractersticos de la regin costera son los manglares, oasis verdes enmedio de la gris vegetacin circundante, que crecen en zonas pantanosas muycerca del mar y cuya nica utilidad prctica para el hornbre, debido a las fil-traciones salinas, es la explotacin comercial de la maderia de mangle.Los manteas. Ubicacin temporal

    La ltima poca en la que se desarrollaron las culturas au tctonas en e lrea andina se conoce como perodo de Integracin. Las fases ms recientesentraron ya en contacto con los espaoles y la cultura maiiteaes una de ellas.Hay un progreso notable respecto a la s culturas precedentes de la mismazona. Tras unos comienzos difciles, aument la poblacin y los hombresaprendieron cada vez ms a utilizar la naturaleza a su faivor, modificando e lmedio ambiente para mejorarlo.A causa de problemas o intereses comunes, durante esta poca algunospueblos se unieron entre s, formando confederaciones para empresas talescomo la guerra o la mejor explotacin de los recursos econmicos. Los man-teos se unieron a sus vecinos del sur, los huancavilcas, y a los isleos de Pu-n a fin de rechazar e l empuje del imperio incaico por i in lado y de obtenermejores beneficios comerciales por otro, formando lo que Jijn bautiz co-mo "Confederacin de Mercaderes" (Jijn, 1952: 87) ,Tambin surgieron centros urbanos y de culto, potencindose todas lasartes suntuarias. La religin era politesta y dominaba la vida de los hombresde manera absoluta. La mxima autoridad religiosa debic ser al mismo tiem-po la mxima autoridad civil y el sacerdocio la clase dominante, estratificadaen mult itud de rangos.En la costa ecuatoriana hay tres tradiciones de gran importancia durantetoda l a poca prehispnica: la alfarera, e l comercio y l a navegacin.Ya en e l primer Formativo, hace unos cinco mil aos, los hombres de Val-divia alcanzaron los conocimientos necesarios para la elalboracin de una ce-rmica tcnicamente buena, con una adecuada mezcla de la pasta, coccincorrecta y decoracin de tipo geomtrico-abstracto que !supone una agilidady precisin considerables.' Lo reciente de sus conocimientos se hace eviden-

    1. ~acermicae Valdivia presenta una notable diferencia tticnica respecto a otrosintentos ubicados ms o menos en la misma poca La de Puerto Hormiga (Colombia),fechada por C14 en 2925 aos a. J. evidencia notables dificultades para encontrar unbuen desengrasante y los resultados son vasijas de paredes porosas y pasta dbil. En Acha1121y San Pedro (Pennsula de Santa Elena), en el mismo Ecuador, encontramos cermi-ca mterior a Valdivia y de fabricacin ms tosca. Seguimos ignorando el foco de origenpara la cermica americana.

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    te en los cuencos y ollas de gruesas paredes, algunos de los cuales presentanperforaciones que debieron servir para sujetar la s partes ro tas de la vasija conpequeas sogas, tal como se vena hac iendo con los mates hasta aquel m ism omomento (Arte Precolombino del Ecuador, 1976, pp. 68-69). En cambio,eran ms hbiles e imaginativos en la fabricacin de la s Venus, pequeas figu-ras femeninas orientadas claramente hacia ritos relacionados con la fertil idad.Eritre el 1800 y el 1500 a. de JC, en la misma zona geogrfica, la cu ltu raMachalilla dise el asa estribo, que con el tiempo se convertira en uno delos elem entos ms caractersticos de las form as cermicas andinas, gracias a sudifus in po r ru tas comerciales de la sierra hacia grupos evolucionados del sur.Ya desde la cultura Chorrera, de datacin imprecisa entre el 1500 y el500 a. de JC, tenemos pruebas de con tactos martimos con mesoamrica, quede manera ms o menos intensa se repe tirn durante toda la poca prehisp-nica.

    Los manteos fue ron sabios receptores de este legado ancestral. Sus p rin-cipales actividades se centraron en la navegacin, que potenci enorm ementeel comercio extraterritorial y a largas distancias y, po r ltimo, en la produc-cin de cermica, testimonio a su vez de mltiples facetas de la vida cotidia-na de este pueblo.Se afianzaron en la costa de Manab ms o menos alrededor del siglo X.Gente comerciantey marinera, m antuvo constantes con actos con el rea cen-tral andina y con mesoamrica. Perfeccionaron la construccin de grandesbalsas, consiguiendo elevadas garantas de seguridad y en este cam po cimen-taron una tradicin que perdurara en la costa ecuato riana hasta bien entradobalsas, consiguiendo elevadas garantas de seguridad y cimentaron una tradi-cin que perdurara en la costa ecuatoriana hasta bien entrado el siglo X IX .De las condiciones marineras de sus balsas tenemos referencias directas atravhs de Bartolom Ruiz, piloto de Pizarro, y de sus compaeros de expedi-cin, quienes en su avance hacia el sur en 1527 quedaron impresionados anteel encuentro en aguas del Pacfico de una embarcacin de grandes proporcio-nes y vela cuadrada de algodn. Transportaba unos 20 hombres y una granvariedad de mercancas, entre las que destacaban los tejidos. Es as como in-directamente, a travs de los cronistas o de la cermica, conocemos de la pro-duccin te xt il de los manteos:"... este navo que digo que tomo tenya al parecer dt! cavida de asta treynta tonelesera hecho por el plan e quilla de unas caas tan gruesas como postes ligados consoga de una que dizen henequen que es como camo .. trayan muchas piezas deplata y oro para el adorno de sus personas para hacer rescate con aquellas conquyen yban a contratar en que yntervenian coronas y diademas y cintos y puetesy armaduras como de piernas y petos y tenacuelas y cascabeles y sartas y mwos dequentas y rosecleres y espejos goarnecidos de la dicha plata y tacas y otras vasijaspara veber trayan muchas mantas de lana y de algodn y camisas y aljulas y alcace-res y otras muchas ropas, todo lo ms dello labrado de labores muy ricas, de colo-

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    res de graa y carmesy y hazul y hamarillo y de todas otras colores de diversas ma-neras de labores e figuras de aves y animales y pescados y arboledas .."2

    Los Torteros y sus smbolosArqueolgicamente la importancia del arte textil se manifiesta por la in-finita cantidad de torteros encontrados, sobre todo en una zona muy defini-

    da cerca del actual Puerto Viejo. A estos objetos se les llama de muchas ma-neras: pepas de huso, pesos para hilar, fusayolas... Se utilizan habitualmentecolocados en el extremo de la aguja de hilar, a fin de fi~jar l hilo que se vaformando. Para cumplir esta funcin precisan tener un peso determinado y laperforacin central de un dimetro adecuado.

    Seguramente la importancia que tuvo e l tejido en esta sociedad hizo queen algn momento de su historia los torteros pasaran a ser elementos ligadosal culto y de caracter sagrado. A partir de aqu la produccin se dividi. Si-guieron elaborando torteros de uso cotidiano, pero apareci otro tipo de ta-mao sensiblemente inferior y excelentemente trabajados. Es evidente quenunca fueron utilizados, tanto por su poco peso como por la limpieza de superforacin central, que no presenta desgaste alguno.

    En ellos se representa una gran variedad de fauna, estilizaciones de tipogeomtrico de elementos naturales y personajes antropomorfos, siempre dediseo muy cuidado y cuyo estilo oscila entre e l naturalismo y la abstraccinms absoluta.

    Suelen encontrarse como ofrendas funerarias, pero al mismo tiempo sonmaterializaciones del principio vital que permite la procreacin de los seresy la permanencia del mundo. Joannes Wilbert relacionacaisi todos los diseoscon la fertilidad y cree que estos objetos encierran en s el eterno dualismoentre la vida y la muerte, de gran importancia y variadas manifestaciones ene l desarrollo de muchos pueblos de la Amrica prehispnica (Wilbert, 1974:33).Los dibujos se efectuaban mediante incisiones en el barro fresco con unpunzn. En el caso de los motivos geomtricos o zoomorfos suelen ser ele-mentos que se suceden en forma de cenefa alrededor del tortero. Las zonasvaciadas se rellenaban a veces con arcilla blanca, lo que da al conjunto unefecto esttico muy especial. El color varia entre e l marrn claro y el negro,aunque son ms abundantes los de tonalidades oscuras.La representacin de la figura humana en los torteros manteos esreducida. Cuando se da, reproduce escenas de la vida cotidliana o escenas er-ticas, stas ltimas muy raras. Pero, sobre todo, muestra imgenes de sacer-

    2. Relacin de Smano-Xerez. 1527. B iblioteca Peruana, Lima, 1 96 8. pp. 10 -11.31

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    dotes-guerreros ataviados de forma ritual, con mscaras diversas y bastonesde mando.

    En el complejo mundo religioso de los manteos, la simbologa estuvopresente como medio de comunicacin, especie de lenguaje comn que eraconocido a la vez por el pueblo y por la lite. Recordemos la importancia quetuvieron para la comunicacin y la difusin de determinados principios vitales yreligiosos la pintura y la escultura de las iglesias y claustros medievales. Estelenguaje de smbolos se encuentra extendido por toda la Amrica prehispni-ca y algunos parecen ser universales, ya que con frecuencia se hallan repetidosen culturas de distante geografa.

    Los animales ms representados son el pelcano, la zarigeya y el bho,aunque se encuentran tambin ranas, peces, culebras, lagartos, murcilagos ..en alguna ocasin se encuentra tambin la llama (Fig. 1 , animal cuyo habitatnatural est en la sierra, por lo que en el rea mantea slo debi verse porcircunstancias un tanto especiales. Tal vez fue el resultado de algn viaje delceamista a las tierras altas, o algn comerciante la llevara consigo hasta supueblo costero. En cualquier caso los torteros ofrecen una completsimamuestra de la fauna conocida en esta zona.

    Los torteros con dibujos geomtricos generalmente son de tamao supe-rior a los figurados y su uso habra sido el normal para estos objetos. Sin em-bargo, algunos tienen connotaciones simblicas evidentes y son tambin depequeas proporciones. En este caso se situaran las estilizaciones de las olas(Fig. 2) y la lnea quebrada, abstraccin de la serpiente, que a su vez es elsmbolo lunar terrestre y est relacionada con los ritos propiciatorios de lafert i Iidad.

    La representacin del bho es muy abundante y muestra gran variedadde formas. En la costa se le considera smbolo de la muerte y en numerosasocasiones lo encontramoscomo ofrenda funeraria. Es frecuenteun diseo fron-tal, con las alas extendidas, ligeramente separadas del cuerpo y decoradas conincisiones circulares alineadas a lo largo de las mismas (Fig. 3). Otras vecestiene la cabeza de frente y el cuerpo de perfil, con grandes ojos redondos ypico solamente sealado, de un tamao minsculo (Fig. 4 ) . Algn diseo pre-senta las plumas alborotadas alrededor de la cabeza, lo que le confiere un as-pecto entre pcaro y terrible (Fig. 5).Hay otro diseo que se viene identificando habitualmente con la cabezade un bho. Se trata de una cabeza representada frontalmente, de contornoelipsoidal, una ligera hendidura en la parte central superior y un aire ausente,vaco (Fig. 6). Creo que se trata de cabezas-trofeo, elemento ritual que se en-cuentra repetidamente en el rea andina ya desde el primer Formativo. Algu-nas de ellas tienen una gran boca zigzagueante, como cosida, que salvandolas diferencias espacio-temporales podramos asimilar a las tsantsas shuaras.Las especiales caractersticas mticas y religiosas que las rodean nos son bienconocidas gracias a la etnologa contempornea. Wilbert hace notar la posi-bilidad de que se trate de cabezas-trofeo, a pesar de que "en algunos casos

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    son incuestionablemente bhos, pero en otros parecen calaveras humanas"(Wilbert, 1974: 37).

    Tambin es posible que la representacin de grandes ojos redondos conlas cuencas vacas tenga alguna relacin con las mscaras funerarias. Sabemospor evidencias arqueolgicas que los manteos las utilizaban y unos siglosantes, en La Tol ta, se representaban en cermica bajo urios cnones muy pa-recidos. En este caso hay trabajos que diferencian perfectamente las mscarasde las cabezas-trofeo (Capua: pp. 74-93).Seguramente a causa de su gran abundancia en la zonai, el pelcano se con-virti en un ente protector de los quehaceres domsticos. Se le encuentraprfusamente representado en utensilios cermicos de todo tipo. Bushnell creeque fue el animal totmico ms comn en la costa septentrional durante lapoca mantea (Bushnell, 1951 136) y Estrada que represent conceptos re-ligiosos bsicos entre los huancavilasy los manteos (Estrada, 1957: pg. 43).Por su parte, Wilbert dice del pelicano que es una criatura intermedia, firmeen la tierra, duea de un soberbio vuelo y excelente buce,ador. Domina sobretodo el espacio y el agua. Por la abundancia de sus representaciones lo asociatambin al culto a la ferti lidad (Wilbert, 1974: 47).

    En los torteros se le concibe desde una manera absolutamente naturalistahasta diseos sumamente estilizados, que en ocasiones lo convierten casi enuna abstraccin (Fig. 7). Se le reconoce como un po l lue!~e formas redon-deadas y aspecto desvalido (Fig. 8), como animal adulto, de cuello orgullo-samente ladeado y alas poderosas. En otras ocasiones aparece como mscarao disfraz de personajes humanos, encontrndose as de manera evidente enel mundo ritual.La zarigeya (opossum) destac por sus peculiares cairacte rsticas que ladiferencian enormemente de los otros animales que pueblan esta geografa.Se trata 'de un pequeo marsupial americano que se ha adaptado y sobrevi-vido a numerosos cambios. Su representacin en torteros es muy abundantey se le identifica fcilmente por sus orejas triangulares, hocico levantado ycola prensil (Fig. 9).

    La persona o grupo que adoptara la zarigeya como erite protector lo ha-ra movido por su condicin de ser nico e inconfundiblc!. Por otro lado, lamanera de proteger y alimentar a las cras desde su nacimiento hasta que pue-dan valerse por s i mismas, sera un modelo ejemplar de la rnadre naturaleza yde sus infinitas formas de proporcionar y mantener la vida.Entre los manteos tambin encontramos la representacin del jaguar,animal mtico por excelencia en toda la Amrica prehispnica. En los torterosse relaciona con sacerdotes o guerreros que se cubren con su piel (Fig. 10). Elrostro del felino, de colmillos evidentes y aspecto agresivo, cubre el rostrodel hombre comouna mscara, le transforma y le comunica fuerza y agilidad.Le transmite en definitiva, el poder que le permitir dominar a sus semejan-tes. La piel del cuerpo cuelga suelta por la espalda del personaje y recuerda dealguna manera la representacin del segundo-yo, repetidamente unida al feli-

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    no desde los ms remotos orgenes de su culto, t a l vez iniciado en Chavn. Suimportancia se hace evidente a travs de los siglos: Paracas, Nasca, La Tolita ...s i salimos del rea andina encontramos la representacin del felino desde elFo rmativ o o pre-clsico, entre los olmecas, hasta la poca de contac to con losespaiioles entre los mismos aztecas y, com o en el co no sur, asociado frecuen-temente a la serpiente: la un in del poder con la fertilidad.Adems de las divinidades reconocidas por toda la poblacin, cada aylltena su ente p rotecto r, u n totem ancestral que daba al grupo que se reunaa su alrededor caractersticas peculiares que lo diferenciaban de sus vecinos(Reyes, 1950 : 36). El tote m era generalmente un an imal de la zona y en cier-tos casos poda tambin ma terializarse en piedras y rboles. Las diferen tesprofesiones tenan asimismo determinados protectores. Los pescadores, porejem plo, estaban bajo el amparo de genios marinos especficos, entre los quesobresala el tibu rn. Pero tambin encontramos con frecuencia peces sincaractersticas concretas, reflejo simplemente de una riqueza ictiolgica declara importanc ia para la alimentacin y la economa del grupo (Fig. 11).En cada caso el artista domin perfectamente tod o cua nto se refiere a laexpresividad y a la abstraccin. Con un m nim o de trazos consigu i manifes-tar claramente la s caractersticas de un ser determinado y comunicar el efectodeseado a quien lo contemplara. Los torteros reflejan la vida y la s creenciasreligiosas de u n pueblo y sus figuras consiguen a menudo una belleza plsticaque los eleva a la categora de arte en miniatura.Los museos acostum bran a ensartarlos com o cuentas de collar y e l visitan-te pasa sin ver estas boli as abundantes y opacas, atrado por la belleza de unincensario de color negro brillante, sostenido por un hombre de ojos vivos,nariz aguilea y cuerpo tatuado ... o tal vez por la magnfica silla de piedra degrandes proporciones, cuya base escu lt rica representa un fe lin o agazapado.Sin embargo, sucede que estas pequefias piezas de cermica tienen una vidainesperada, son testimonio de las creencias religiosas de un grupo humano, desu quehacer co tidiano, de la fauna de su rea geogrfica...].. Su prob lema es com n. Todava se relaciona muchas veces la calidad deuna obra con el efecto visual inm ed iato que es capaz de produc ir, sobre to docuando es algo asim ilable al concepto de "prim itivo"; en este caso se exigecomo compensacin a la supuesta falta de evolucin o perfeccin formal, lagrandios idad fsica. Este enfoque es m uy acentuado en relacin con los gru-pos prehispnicos, que desde el mismo momento en que entraron en contac-t o con los europeos han sido ob jeto de toda clase de especulaciones acerca desu riqueza: ciudades perdidas que brilla n com o plata, lugares remotos e inac-cesibles donde escondieron sus tesoros de la codicia de los espaoles, piedraspreciosas de tamao gigantesco en las que se mate rializaban sus dioses... Tan-tas esperanzas de gloria y poder como llevaron consigo los conquistadorespusieron los cim ientos de innum erables leyendas, en ocasiones avaladas porcircunstancias extraordinarias (Corts, Pizarro...), pero que en su mayorafueron delirios que imp idieron conectar con la autntica riqueza de estos pue-blos. Com o entonces, h oy l o co tid iano se nos sigue escapando de las manos.34

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    Fig. 1. Color: marrn. Forma cnica.Alto: 10.6 mm. Ancho: 10.2 rnm.

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    Fig. 2 . Forma cnica-cncava. Color negro.Alto. 13.5 mm . Ancho: 18.6 mm . (Wilbert, 1974: 3 4 )

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    Fig. 3 . Color negro. Forma cnicaAlto: 13 mm . Ancho: 13.7 m m. (Wilbert, 197 4: 41 )

    Fig. 4. C olor gris. Forma barril.Alto: 12 mm . Ancho: 13 mm .

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    Fig. 5. Color gris. Form a cnica.Alto: 12.1 mm. Ancho: 13.4 mm . (Wilbert, 1974,: 40)

    Fig. 6 . Color, negro. Forma cnica.Alto : 13.2 m m. Ancho: 16.1 mm . (Wilbert, 1 974: 3 8)

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    Fig. 7. Color: negro. Forma semiesfrica.Alto: 8.8 mm . Ancho: 1 1.7 mm. (Wilbert, 1974 : 53)

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    Fig. 8. Color negro. Forma cnica.Alto: 12.8 mm. Ancho: 13 mm.

    Fig. 9. Color marrn claro. Forma cnica.Alto: 14.8 mm. Ancho: 14.5 mm.

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    Fig. 10.Color negro. Forma cnica.Alto: 16.3 mm . Ancho: 14.2 mm.

    Fig. 1 1 . Color negro. Forma cnica.Alto: 11.7 mm . Ancho: 1 1 mm.

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    BIBLIOGRAFIA

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