libros de code lyoko 3- el regreso del fenix

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Tercer libro de la saga de cuatro libros de la serie animada francesa Code Lyoko

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  • 1. Transcrito y editado por:http://codigolyoko4ever.blogspot.com.es/El mejor blog de Cdigo lyoko que puedas encontrar, y el nico en el que podrs encontrar los libros. Vistanos!

2. Jeremy Belpois Jeremy, Aelita, Ulrich, Odd y Yumi no saben que al llevar a Eva Skinner a la fbrica abandonada le han revelado a su peor enemigo cmo acceder a Lyoko. Y no slo a l, pues el despiadado agente del grupo terrorista conocido como Green Phoenix les estaba siguiendo. As, cuando Jeremy rene los mundos de Lyoko y la Primera Ciudad, X.A.N.A. recupera su antiguo poder y decide aliarse con el Green Phoenix, activando la terrible arma oculta en el corazn del mundo virtual Los cinco amigos tendrn que proteger a toda costa el secreto que guarda la Primera Ciudad. Incluso cuando todo parezca definitivamente perdido.NTRODUCCIN 1985. Francia. Un genio cientfico llamado Waldo Schaeffer y su mujer, Anthea, trabajan en un proyecto internacional de alto secreto conocido como Cartago. Cuando Waldo descubre el verdadero objetivo de Cartado no es el de proteger a los pases del mundo, sino crear una nueva arma mortal, decide abandonar el proyecto. Esa 3. decisin tendr consecuencias irreversibles. Unos misteriosos individuos secuestran a Anthea Schaeffer. Waldo, en cambio, logra ponerse a salvo junto con su hija de tres aos, Aelita. Tras una larga huida, encuentra trabajo como profesor de ciencias en la academia Kadic, en Francia, y bajo el nombre falso de Franz Hopper contina a escondidas con sus experimentos. All, en los subterrneos de una vieja fbrica, no muy lejos del colegio, construye un superordenador e inventa un mundo virtual llamado Lyoko, ideado para servir de antdoto contra Cartago. Pero en tan slo unos pocos aos la organizacin para la que trabajaba consigue localizarlo. En 1994, cuando Aelita tiene doce aos, Waldo Schaeffer se refugia en el mundo virtual de Lyoko junto con su hija, que est gravemente herida, y apaga el superordenador que lo alimenta. Muchos aos despus, Jeremy Belpois estudia en la academia Kadic. Tiene trece aos, pocos amigos y un talento innato para la informtica. Despus de descubrir la existencia de la vieja fbrica, conectada con la escuela mediante unos tneles subterrneos, Jeremy encuentra el superordenador abandonado, y consigue volver a ponerlo en marcha. De esta forma descubre a Aelita, que durante todos esos aos ha permanecido prisionera en Lyoko, sin envejecer ni un solo da ms. Junto con sus amigos Ulrich, Odd, y Yumi, Jeremy logra rematerializar a Aelita en el mundo real. A partir de ese 4. momento, los cinco muchachos se enzarzan en una encarnizada lucha contra X.A.N.A., una despiadada inteligencia artificial que se a apoderado de Lyoko. Con mucho esfuerzo, y despus de una larga serie de increbles aventuras virtuales, finalmente derrotan a X.A.N.A. gracias al sacrificio de Franz Hopper, que haba sobrevivido durante todos esos aos dentro de Lyoko en forma de esfera de energa. Ya no hay ningn peligro. O, al menos, eso es lo que parece. Unos cuantos meses despus de la derrota de X.A.N.A. y la muerte de Hopper, Aelita pierde la memoria de improviso. A causa de ello, sus amigos deciden reunirse nada ms terminar las vacaciones de Navidad en el chal en el que antao viva para ayudarla a recuperar sus recuerdos perdidos. Los cinco muchachos empiezan a investigar acerca de los secretos de La Ermita, y llegan a descubrir una habitacin oculta. En su interior hallan un mensaje grabado por el profesor que cuenta parte de su historia, aunque todava deja sin desentraar muchos e intrincados misterios. En su mensaje Hopper le confa a Aelita la tarea de encontrar a su madre, y le pide que custodie un colgante de oro que forma parte de una pareja, un regalo de Anthea y l se haban intercambiado como prenda de amor. Mientras tanto X.A.N.A., al que los muchachos creen definitivamente derrotado, recupera poco a poco sus energas, volviendo a la vida y poseyendo a una chiquilla americana llamada Eva Skinner. Poco despus, Eva se presenta en la Ciudad de la Torre de Hierro, hacindose pasar por una simple estudiante recin llegada a la academia Kadic. Pero Eva no es la nica forastera que acaba de llegar a la ciudad. Oculto entre las sombras de una noche de invierno, se instala en un siniestro chal Grigory Nictapolus, un solitario y silencioso individuo que trabaja para una organizacin criminal conocida como Green Phoenix, liderada por un terrorista llamado Hannibal Mago. En compaa de sus dos fieles rottweilers, Grigory comienza a espiar a Aelita y sus amigos, y ataca al padre de Odd y al matrimonio Ishiyama empleando un extrao aparato. Poco tiempo despus, los muchachos se topan en La Ermita con Richard, un viejo amigo de Aelita que ha vuelto a la ciudad tras darse cuenta de que unos incomprensibles cdigos han empezado a inundar su PDA. Siguiendo una serie de pistas que haba dejado el profesor Hopper, descubren en Bruselas una rplica de Lyoko, es decir, una copia del mundo virtual, y dentro de la rplica hay un fantasma clnico del profesor! Adems, Aelita logra abrir una nueva habitacin secreta, oculta tras una falsa pared de la primera, y descubre dentro de ella otra rplica que contiene el diario de su padre, tras lo cual avisa de inmediato a Jeremy, que la ayuda a explorar los recuerdos del profesor Hopper, aunque el agotamiento les hace abandonar antes de haber completado el diario. 5. Entre tanto, X.A.N.A. se ha apoderado tambin de la mente de Odd, y los usa Eva y a l como tteres para llevar a cabo un misterioso plan. Jeremy, que no sospechaba nada, acompaa a Eva a visitar la antigua fbrica donde se encuentra el superordenador de Lyoko, que lleva apagado desde su batalla final con X.A.N.A. Y de ese modo le revela tambin a Grigory, que no ha dejado de espiarlos ni un segundo, dnde se encuentra el valioso equipo que permite entrar en el mundo virtual. 6. 1 EL TEMOR DE X.A.N.A. La lluvia de los ltimos das haba disuelto la nieve, y los senderos trazados entre los los rboles estaban recubiertos de un barro tan pegajoso como el engrudo. El cielo gris oscuro prometa an ms precipitaciones. El parque de la academia Kadic se extenda alrededor de los tres muchachos, delimitado por la impotente tapia de piedra y la verja de hierro coronada por el escudo del instituto. A su derecha se erguan los edificios de la escuela: la residencia de estudiantes, la administracin, los laboratorios de ciencias, el aulario, el comedor y el gimnasio. Estaban distribuidos como los dientes de un descomunal tenedor entre los que se abran hueco tres pequeos patios. Aelita Hopper caminaba en silencio al lado de sus dos amigos, Jeremy Belpois y Eva Skinner. Juntos formaban un grupo realmente variopinto. Aelita, menuda y con el pelo rojo fuego cortado a la garon, llevaba un grueso anorak de plumas de ese color encendido. Eva, en cambio, era ms alta y de una belleza ms llamativa. Tena el pelo rubio y corto, con los ojos claros como el cristal y unos labios de lneas perfectas. Y luego estaba Jeremy, con su tpico jersey bien gordo y sus sempiternas gafas redondas de cerebrn ligeramente torcidas sobre la nariz. -Brrrr -se estremeci el muchacho-. Tena que haberme puesto el chaquetn. -Yo no tengo fro -observ Eva. -Pues yo tampoco -confirm Aelita sin prestar demasiada atencin. Estaba pensando que tambin su padre haba estado en aquel lugar antes de encerrarse con ella en el mundo virtual. Despus, Aelita se haba quedado atrapada en Lyoko durante diez largos aos, aunque sin envejecer ni un solo da. Tena veintitrs aos, y sin embargo tan slo aparentaba unos trece. Cuanto ms lo pensaba, ms le pareca cosa de locos. Su padre, en cambio... Jeremy la estaba observando fijamente, con los ojos llenos de preocupacin. -Tenas algo que contare, Aelita? -le pregunt. La muchacha asinti con la cabeza. Lo que poda llegar a descubrir la asustaba, pero senta que era el momento de poner las cosas en claro. -Ya ha pasado un da desde que encontr la segunda habitacin secreta de La Ermita y di con la rplica -record-. Y hasta ahora slo he podido explorar el primer nivel del diario de pap. Jeremy asinti en silencio, pensativo. -Bueno, y no va siendo hora ya de volver a ponernos con nuestra exploracin? concluy la muchacha. Aelita haba entrado en el diario como una especie de fantasma, y haba podido observar con sus propios ojos algunos fragmentos de la historia de su padre y su madre, Anthea. Y precisamente ahora, cuando le pareca que estaba a un paso de la 7. solucin, Jeremy se echaba atrs por algn motivo que ella no lograba entender. -An no es el momento -replic el muchacho-. Primero quiero estar seguro de... -Se trata de MI PADRE, Jeremy! -estall la muchacha-. Y est MUERTO! Y no tengo ni idea de dnde est mi madre! -Vale, vale -se rindi Jeremy, escudndose con las manos-. Tienes razn -continu acto seguido mientras le sonrea con dulzura-. Djame solo que haga las ltimas comprobaciones. Nos veos esta noche en mi cuarto, con todos los dems. Y te prometo que despus entraremos en el segundo nivel de la rplica y descubriremos qu hay en esa ltima parte del diario de tu padre. Es que no es tan sencillo. Debes tener un poco ms de paciencia... Su amiga trat de contradecirlo, pero Jeremy ya haba empezado a alejarse por el sendero para volver a la residencia, con las manos en los bolsillos y el cuello encajado entre los hombros para resguardarse del fro. Aelita suspir. Jeremy era su mejor amigo, y tal vez algo ms, pero cuando se pona, era un autntico cabezota. -Te hace seguir paseando conmigo? -le pregunt entonces a Eva. -Claro. Eva Skinner pareca una chica como muchas otras, que en aquel momento, en lugar de estudiar, estaba echando la tarde con una amiga en el parque de la escuela. Tras aquel rostro angelical, sin embargo, escondan un secreto del que sus amigos no sospechaban ni siquiera la existencia. Era un secreto peligroso que haba anidado en Eva desde haca ya tiempo y la obligaba a actuar y hablar en nombre de otra persona. O mejor, de otra cosa. De hecho, X.AN.A. se haba apoderado de la muchacha, doblegndola a su voluntad. Pero en aquel preciso instante la inteligencia artificial que haba dentro de ella estaba gritando. Por qu haba aceptado pasear con Aelita? Y por qu no la haba atacado todava, dndole tambin a ella el negro beso que le habra permitido aduearse de su cuerpo? Con Odd Della Robbia le haba resultado de lo ms sencillo... La verdad era que X.AN.A. no quera hacerlo. No con Aelita. Y esa reticencia, que no era en absoluto racional, lo pona furioso. Pero tampoco la rabia encajaba con la inteligencia de una inteligencia artificial. X.A.N.A. no tena sentimientos. No estaba programada para tenerlos. Y, entonces, por qu haba sentido aquella extraa calidez cuando Aelita le haba pedido a Eva, y por lo tanto l, que continuasen con el paseo? . Bien. Por lo menos su capacidad de clculo funcionaba correctamente. . X.A.N.A. reflexion durante una fraccin de segundo, como paralizado. , se repiti despus. El resultado era correcto, claro, pero el problema era otro: no haba calculado la multiplicacin, sino que se haba basado en la memoria. Aunque no en su memoria, sino en los recuerdos de Eva Skinner. Qu poda querer decir aquello? Qu le estaba pasando? 8. Cuando se apoder de la mente y el cuerpo de Eva, X.A.N.A. no era mucho ms que un fragmento digital navegando a la desesperada entre el desenfrenado oleaje de internet en busca de los pedazos que le faltaban, dispersos por el ter. Hopper y los muchachos le haban asestado un duro golpe, y aunque no lo hubiesen eliminado por completo, de todas formas haba logrado destruir su ncleo. Pero y luego? Qu haba sucedido despus, exactamente? Tal vez no haba sido solo l el que se haba adueado de Eva, sino que Eva tambin estaba dominndolo a l. Y eso era un problema. -?Va todo bien? -le pregunt Aelita. X.A.N.A. mir sorprendido a la muchacha pelirroja que caminaba a su vera. Probablemente se haba distrado durante demasiado rato, y ella se haba dado cuenta. -S, s... -falfull Eva-. Estaba pensando en lo que ha dicho Jeremy. -S, a veces a m tambin me pone furiosa -suspir Aelita, tomando de la mano a su amiga. X.A.N.A. se percat de que los dedos de Eva estaban sudados y se sobresalt. Malditas emociones humanas! Haca un tiempo que tena dificultades para controlarlas. Y no tena ni idea del porqu. Lo nico que poda hacer era mantenerse alerta y encontrar la forma de entrar en la rplica de La Ermita con aquellos estpidos chiquillos. A lo mejor desde all podra conseguir volver a Lyoko. Y entonces s que iba a cambiarlo todo. Dejara de ser un ridculo cruce entre un humano y una computadora, se librara de aquella insignificante mocosa y volvera a ser X.A.N.A. y slo X.A.N.A., seor indiscutible del mundo virtual y futuro amo real. Ms o menos a las seis de aquella misma tarde, la biblioteca de Kadic se haba quedado vaca. Tan solo quedaban Ulrich y Yumi, sentados uno frente a la otra y con las cabezas inclinadas sobre los libros. Yumi estaba concentrada en el estudio. Era un ao mayor que sus amigos, as que iba a otro curso, y al da siguiente tena un examen de Historia de lo ms complicado. En cuanto a Ulrich... bueno, l no tena ningn examen en el horizonte, pero no poda perderse la ocasin de estar un poco de tiempo a solas con ella. Yumi viva con sus padres no muy lejos del instituto, y por las tardes se dejaba ver en muy pocas ocasiones por el Kadic. Haba que aprovechar aquella oportunidad. Ulrich levant la cabeza de los libros y la mir. Yumi era alta y delgada, y tena una larga cabellera corvina y dos ojos rasgados que parecan llenos de cosas intrigantes. Iba vestida de negro, como de costumbre, y tena la frente fruncida. Era preciosa. -Ey! Se puede saber qu pasa, que me miras tan fijamente? -pegunt ella de pronto. -Nada, nada -se sobresalt Ulrich, empezando a toser-. Estaba pensando... o sea, pensaba en Odd. No te parece que est un peln raro ltimamente? 9. Yumi apart por un momento el libro de Historia. -Lo nico que le pasa es que est enamorado -sentenci-. Parece ser que Eva y l van en serio. Ulrich no estaba para nada convencido, y sacudi la cabeza. No se trataba solo de la repentina pasin por la hermosa chica norteamericana que iba a su instituto desde haca unas pocas semanas... -Se puede saber qu pasa? -lo apremi Yumi-. Deberas alegrarte de que tu mejor amigo por fin haya dejado de hacerse el donjun con la primera que pasaba y se haya echado novia. -Pero te has dado cuenta de cmo se miran? -insisti Ulrich-. Siempre parece como si compartiesen una especie de secreto misterioso. Y a veces Eva empieza una frase y la termina Odd, como si estuviesen pensando exactamente lo mismo. -Bueno, debe de ser que estn hechos el uno para el otro. Ulrich solt un resoplido. Yumi y l tambin estaban hechos el uno para el otro. No le caba la menor duda. Y, sin embargo, rl no consegua entender muchas nunca qu era lo que ella quera realmente. Muy al contrario, a pesar de que la conoca desde hacia mucho tiempo, esa muchacha era indescifrable para l. -Ey, chicos! -los llam una voz desde el fondo de la biblioteca. Y ah estaba Odd, con la sonrisa y la ropa de vivos colores de costumbre. Llevaba el pelo, tieso por encima de la coronilla, como una cresta peinada a golpe de dinamita. -Y hablando del ruin de Roma... -mascull Ulrich mientras se apoyaba contra el respaldo de su silla. -Qu ruin de qu Roma? -pregunt con curiosidad Odd, al tiempo que se sentaba a horcajadas en una silla y se pona a observar con atencin el libro de Yumi. Qu raro: Historia no haba sido nunca su asignatura favorita... aunque, para ser sinceros, tampoco era que tuviese ninguna en especial-. Os habis enterado de la noticia? exclam acto seguido-. Jeremy quiere que vayamos todos a su habitacin esta noche. Zafarrancho de combate! -En serio? -buf Ulrich-. Pues a m no e ha dicho nada. -Ni a m tampoco -dijo Odd al tiempo que le daba una palmada en el hombro-. Pero se lo ha comentado a Eva y a Aelita. Ulrich le lanz una mirada a Yumi, pero la muchacha ya estaba giarada hacia Odd. -Pues me parece una idea realmente buena. La cosa se est poniendo cada vez ms complicada... -Ya! -solt Odd mientras volva a ponerse en pie, como si tuviese mucha prisa. -Y se puede saber adnde vas ahora tan corriendo? -le pregunt Ulrich. -Menuda pregunta! Pues a ver a Eva, por supuesto. Ulrich alz la vista al cielo mientras Yumi trataba de contener una risita. La habitacin de Jeremy en la residencia de estudiantes era una de las pocas individuales que estaban reservadas para los alumnos varones. Se trataba de un dormitorio de aspecto ordenado, con un pster de Einstein colgando sobre la 10. cabecera de la cama y el pijama doblado bajo la almohada. Sin embargo, el escritorio, al contrario que todo lo dems, era la apoteosis del caos y el desorden, y pareca a punto de partirse bajo el peso de numerosos teclados, pantallas y aparatos informticos de lo ms variopinto. Jeremy termin de escribir algo y se volvi hacia sus amigos. Los mir uno por uno: Aelita, obviamente; Ulrich y Yumi; y luego, Odd y Eva. Tambin estaba Richard Dupuis, el muchacho que diez aos antes haba sido compaero de clase de Aelita all mismo, en Kadic. Solo que Aelita, encerrada dentro de Lyoko, no haba seguido creciendo, y Richard, por el contrario, s que lo haba hecho, por lo que ahora tena ms de veinte aos. Era el nico adulto entre ellos, aunque miraba a su alrededor con el mismo aire perdido de un nio pequeo. -Bueno, jefe -arranc Ulrich-, listo para empezar la funcin? Jeremy abri el armario empotrado que ocupaba toda una pared del cuarto y sac de l el pster que haba preparado por la tarde. Despus le pidi a Aelita que lo ayudase a pegarlo con celo en la pared. Mmm... parece ms bien complicado -coment Richard. Jeremy lo mir con el gesto torcido. En realidad, el pster era ms bien sencillito: haba marcado cuatro puntos clave y los haba conectado unos a otros con un algoritmo secuencial. Se haba esforzado tanto para que resultase claro! -Vale, de acuerdo, paso a las explicaciones... -se apresur a exclamar el muchacho cuando se percat de la mirada perpleja de Ulrich. -Excelente idea -sonri Yumi. En el pster podan leerse varios textos: 1. EXPEDIENTE 2. PRIMERA CIUDAD 3. MIRROR 4. RICHARD DUPUIS Jeremy agarr un rotulador y seal el primer punto que haba en el papel. -He tratado de poner un poco de orden en todo lo que nos hemos encontrado hasta ahora. Estoy convencido de que estamos ante una serie de pistas dejadas por Hopper, y ahora las deberamos juntar como las piezas de un rompecabezas. En primer lugar, el expediente de la profesora Hertz, que contiene una serie de Cdigos Hoppix. El lenguaje de programacin con el que el profesor Hopper construy Lyoko es muy difcil, tanto que an no he comprendido ni para qu servan esos cdigos. De todas formas, dentro del expediente tambin haba una direccin, que nos llev... Jeremy se detuvo, con el rotulador en el aire, buscando el segundo punto- al punto dos: una rplica que contena un borrador de mundo virtual al que he llamado Primera Ciudad. -Menudo derroche de imaginacin, s seor! -coment Ulrich, provocando una risotada general. Jeremy, sin embargo, se qued de lo ms serio. -En realidad -prosigui- es el nombre que tambin usaba Hopper en su diario. Sea 11. como sea, Ulrich y Yumi entraron en la Primera Ciudad utilizando el escner de virtualizacin que encontraron en Bruselas, pero no consiguieron descubrir nada... -Aparecieron los hombres de negro! -protest Yumi-. Nos estaban persiguiendo! Jeremy levant las manos para pedir silencio. -Si segus interrumpindome, no vamos a terminar nunca. Dejemos los comentarios para despus, de acuerdo? -todos los muchachos asintieron, y Jeremy continu con el discurso que se haba preparado con tanto cuidado-. Bueno, entonces, vayamos por partes. Uno, el expediente. Dos, la Primera Ciudad. Luego viene el punto tres, es decir, la rplica que Aelita ha encontrado en La Ermita. Como se trata de un diario que refleja algunos momentos de la vida del profesor Hopper, lo he bautizado como Mirror. Todos de acuerdo? Sus amigos ni se inmutaron. -Vale, todos de acuerdo. Y por fin llegamos al punto cuatro: los cdigos que apareces en la PDA de Richard. Cada pantalla de datos comienza con la palabra AELITA, pero por lo dems se trata de cdigos escritos en Hoppix. No sabemos para qu sirven... Demonios, a decir verdad ni siquiera he entendido si se trata de un programa completo o solo de un fragmento de algn software ms complejo. Pero estoy dispuesto a jugarme lo que sea a que ese cdigo tiene que ver con Lyoko -Jeremy se detuvo para recuperar el aliento, y despus traz con un rotulador una lnea que iba del punto dos al punto tres, de la Primera Ciudad al Mirror-. Cuando Aelita me mostr la segunda habitacin secreta de La Ermita -explic- enseguida sospech algo. Y se es el motivo por el que ayer le imped que entrase en el nuevo nivel del diario: quera corroborar mi idea. Para decirlo en pocas palabras, en el stano de La Ermita hay un escner que permite entrar en el Mirror, pero no hay ningn superordenador. Aelita se levant de un salto. -Pero qu dices? -protest-. El diario es una realidad virtual generada por ordenador, de modo que tiene que haber un ordenador! -Exacto -confirm Jeremy con toda tranquilidad-. Pero ese ordenador no se encuentra en La Ermita: lo nico que hay all es un mero terminal. Y eso no es todo. Basndome en las descripciones de Yumi y Ulrich, me ha parecido entender que tampoco en el apartamento de Bruselas hay ningn superordenador. En fin, chicos, estamos hablando de un aparato mucho ms complicado... y mucho ms grande. Ocupa todo un piso de la fbrica! No es posible andar escondiendo uno de esos por aqu y otro por all. -Y entonces? -insisti Aelita. -Pues que ah est el gran descubrimiento: la Primera Ciudad y el Mirror no son ms que sandboxes! A veces los programadores introducen en lo ordenadores una especie de ncleo operativo completamente separado del resto. Se trata de un espacio protegido donde se pueden hacer experimentos de tal forma que los daos que stos puedan causar no afecten al resto del sistema. Precisamente igual que una sandbox, uno de esos cajones de arena donde juegan los nios en los parques. Hablando en cristiano, es como construir primero un ordenador y meter luego dentro 12. de l otro ms pequeo... Los dems intercambiaban miradas de perplejidad. Tal vez no hubiesen pillado todos y cada uno de los detalles, pero el concepto principal les haba quedado claro. La teora de las sandboxes explicaba muchas cosas que haban permanecido entre tinieblas durante todo aquel perodo. -Hopper hizo precisamente eso -continu Jeremy-. Dentro del superordenador de la fbrica cre dos sandboxes: la Primera Ciudad y el Mirror. Los escneres de La Ermita y los primitivos equipos de Bruselas no hacen nada ms que conectarse al superordenador de la fbrica mediante una red inalmbrica codificada de alta seguridad para luego acceder a esos dos ncleos... -Frena, frena -suspir Ulrich-, que me ests dando dolor de cabeza. -Ya entiendo... -murmur por el contrario Odd. Los dems lo miraron fijamente, sorprendidos. Por lo general, el muchacho era un autntico paquete en todo lo referente a la tecnologa. -Bueno, dejadle que acabe! -exclam entonces Eva. -S, claro. Esto... -se esforz por retomar el hilo Jeremy-. Nosotros apagamos el superordenador convencidsimos de que lo habamos desactivado para siempre. Pero en realidad no nos dimos cuenta de que haba un sistema de proteccin oculto que segua proporcionndole energa a dos sectores del ordenador, mantenindolos en funcionamiento. Se trata de los ncleos de la Primera Ciudad y el Mirror. Y, en mi opinin, las sandboxes no estaban ah por casualidad: son pistas que dej Franz Hopper a propsito. -Para decirnos... el qu? -pregunt Yumi. -No tengo ni la menor idea. Pero maana por la tarde, despus de clase, podramos descubrir qu es lo que hay dentro del segundo nivel del Mirror. Qu os parece? Los dems sonrieron, y Jeremy se sinti aliviado 13. 2AGENTE SECRETO W. La limusina corra a toa velocidad por las calles de Washington. Las farolas se reflejaban en la carrocera, dibujando fugaces sombras brillantes y amarillentas. Dentro del automvil, Dido observaba a travs de las ventanillas las tranquilas riberas del ro Potomac, separadas de la calzada por una larga franja de rboles. Ver aquella enorme cantidad de agua que pasaba por en medio de la ciudad, abrindose camino entre las casas, las calles y los parques, consegua transmitirle siempre una sensacin de serenidad. La mujer puls el botn que bajaba la ventanilla que la separaba del chfer. -Mark -le dijo en cuanto se abri una ranura lo bastante ancha como para dejar pasar su voz con claridad-, ve ms despacio, por favor. -Vamos a llegar tarde, seora. Dido ech un vistazo a su reloj: pasaban ya treinta minutos de la medianoche. Mark tena razn en que llegaban con retraso a la reunin. Pero no importaba. Volvi a levantar el cristal que aislaba el habitculo y se dej caer sobre la tapicera. En Francia eran las seis y media de la maana. Era el momento de hacer esa famosa llamada. Descolg el telfono va satlite incrustado en el reposabrazos de su asiento, apret un botn que activaba el dispositivo antiescuchas y marc el nmero. El telfono son una y otra vez, durante un buen rato. -Diga...? -respondi finalmente una voz pastosa a causa del sueo. -Soy Dido. Silencio. -S...? -respondi luego lentamente la voz, que ahora sonaba mucho ms despierta... seora? -Tengo instrucciones para ti. Dentro de poco ir a recogerte a tu casa un coche. Estate preparado. -Qu? Pero yo... ahora no puedo! -Una fuente de confianza -prosigui Dido, ignorando la protesta- nos ha rebelado que Hannibal Mago est yendo para all. Seguramente eso tiene algo que ver con Hopper. Quiero que ests en el aeropuerto cuando llegue Mago, y que a partir de ese momento no lo pierdas de vista. Al otro lado del telfono empez a orse trasiego, ruido de sbanas y pies desnudos corriendo por el suelo. -No puedo hacerlo, seora -lleg un susurro al odo de Dido-. Ya no estoy cualificado. No me acuerdo de nada! -Te acuerdas de todo lo que hace falta. Sabes que hiciste cosas muy malas, y no quieres que tu mujer ni tu hijo lleguen a saberlo. Por eso, Walter, vas a hacer lo que yo te diga. Hace diez aos fuiste uno de los protagonistas de esta historia, y ahora 14. sers t quien le ponga el cartelito de . Los hombres que estn yendo a recogerte son agentes mos. Ellos te dirn cmo ponerte en contacto conmigo. Dido colg el telfono sin despedirse, esper un segundo y marc un nuevo nmero. En esta ocasin respondieron al instante. -Agente Lobo Solitario a sus rdenes. -Ve a recoger a Walter. Tengo una misin para vosotros. Ulrich entr en clase y se sent solo en uno de los pupitres de la ltima fila. Se qued mirando a Jeremy y Aelita, que se estaban sentando juntos, y luego a Odd al lado de Eva. No era justo. Odd y l siempre haban sido ua y carne: el mismo pupitre, el mismo cuarto en la residencia. Era verdad que a veces Odd resultaba insoportable, por no mencionar a Kiwi, esa especie de bicho cascarrabias al que l llamaba perro, y que viva en su habitacin. Pero, con el paso del tiempo, Ulrich se haba acostumbrado a l. Se haban convertido en amigos. Y ahora se vea sustituido por una chica! -Buenos das a todos -dijo la profesora Hertz mientras entraba por la puerta, vestida con su habitual bata de laboratorio. Era una mujer delgada y de baja estatura con una algodonosa nube de pelo gris sobre la cabeza y unas gafas redondas. Llevaba en la mano un largo cilindro de cristal lleno hasta arriba de extraos discos negros y blancos alternados. -Una pila de volta! -exclam de inmediato Jeremy desde su puesto de primera fila. La profesora sonri. -En efecto. Hoy vamos a estudiar la pila de Volta, el primer generador esttico de energa elctrica... Ulrich dej inmediatamente de prestar atencin. Era mucho ms interesante pensar en lo que Jeremy haba dicho la noche anterior... Por la tarde iban a ir a La Ermita, el chal en el que Aelita haba vivido con su padre muchos aos antes, y por fin iban a usar el escner para hacer una exploracin. Aunque a l no le iba a tocar entrar en el Mirror. Despus de mucho discutir haban decidido cul iba ser el equipo: Aelita, por supuesto, junto con Yumi y Odd. Ulrich haba intentado protestar, pero Odd haba sido inflexible, y l haba terminado por ceder. Una pena, porque a Ulrich le encantaba entrar en los mundos virtuales creados por Hopper. En ellos dejaba de ser un simple muchacho de Kadic y se transformaba en un samurai con la catana en la cintura, listo para enfrentarse a cualquier peligro. Con Yumi, adems, formaba un do invencible. El mvil empez a vibrarle en el bolsillo de los pantalones. Ulrich lo sac y ley en la pantalla. Le fastidi un poco. Ulrich no congeniaba demasiado con sus padres. Qu quera su madre a esas horas? Luego tuvo una sensacin de vrtigo: la semana anterior, un misterioso hombre con dos perros haba intentado hacerle dao al padre de Odd y a los de Yumi. Tal vez... -Puedo salir un momento, profesora? -dijo mientras se levantaba de golpe de su 15. pupitre-. Tengo que ir al bao! Sus palabras fueron recibidas con una carcajada general. -Date prisa -fue la nica respuesta de Hertz. Ulrich sali corriendo de la clase y, en cuanto cerr la puerta tras de s, respondi el telfono. -Mam, ha pasado algo? -Eh? hola, Ulrich. Perdona que te moleste... No, no ha pasado nada... Ulrich buf. Estaba empezando a ponerse nervioso. -Y entonces? Por qu me llamas? -protest-. Ya sabes que estoy en clase. Me habas dejado preocupado! su madre sigui balbuceando, como si tuviese que decirle algo pero no supiese bien por dnde empezar. - Vers... -se decidi finalmente-. Tu padre debera llegar a la ciudad ms o menos a la hora de comer. Un asunto urgente del trabajo o algo as, no me enterado del todo. Pero ya que va a estar por ah, al mejor podras llamarlo. Os podis ver y charlar un ratito... Los padres de Ulrich vivan muy lejos de la ciudad del Kadic, y normalmente nunca iban a visitarlo. El muchacho suspir. Aquella tarde quera ir a La Ermita con los dems,y no tena tiempo para quedar con su padre. Y, adems, seguro que acab pelendose, como siempre. -No s si voy a poder -minti, dando gracias porque su madre no pudiese ver su cara a travs del telfono-. Tengo mucho que estudiar. -Ulrich -la voz de la mujer baj de volumen, volvindose ms dulce-, s que las cosas no han ido demasiado bien ltimamente, pero deberas darle una oportunidad a tu padre. Promteme que vas a llamarlo. Ulrich despach a su madre tan rpido como pudo. Despus reflexion un segundo y marc el nmero de su padre. Una voz electrnica le comunic que el telfono al que llamaba estaba apagado o fuera de cobertura en ese momento. El cielo de la primera hora de la tarde an estaba gris, pero haca un poco ms de calor, y al final no haba llovido. Ulrich volva meterse el mvil en el bolsillo (como siempre, no haba manera de localizar a su padre) y observ a Odd con una mirada crtica. -Pareces contento de verdad: te quedas sonriendo y mirando al vaco como un bobo. Y cmo es que Jim ha aceptado levantar el castigo? Ulrich esboz una sonrisa sarcstica. Unos das antes el profesor de gimnasia, Jim morales, haba estado a punto de descubrir todo el asunto de Kiwi, y haba decidido prohibirle a Odd salir de la residencia. -A quin estabas llamando? -le pregunt su amigo, sealando el mvil que Ulrich acababa de guardar. -A mi padre. Pero no contesta -en muchacho se encogido de hombros-. En fin, los padres no nos dan ms que preocupaciones. T sabes muy bien de lo que te estoy 16. hablando, no? Qu tal esta tu viejo? Ya se ha recuperado? Odd titubeo, como si estuviese recopilando la informacin de algn remoto rincn de su cerebro. -Est mejor -dijo despus con voz montona-, y ya vuelve a comer. Pero su memoria todava no anda demasiado bien. -A los padres de Yumi y les pasa lo mismo -dijo Ulrich asintiendo con la cabeza-. Estn desorientados, y repiten continuamente en las mismas frases. -Ya -confirm Odd-. Pap sigue hablando de un tal Walter. Dice que lo ha despedido, y farfulla una historia absurda. -Walter? -se sorprendi Ulrich-. Mi padre tambin se llama as. En ese momento Odd seal hacia el otro lado de la calle. Richard dupuis se diriga hacia la ermita con las manos en los bolsillos y arrastrando los pies. -Ey, Richard! -lo llamo Ulrich-. Vayamos juntos hasta all. -Debeguias buscagte un nombgue en clave -le dijo el tipo que estaba sentado junto a l. -Pues s -confirm el que ocupaba el asiento de adelante-. Igual que nosotros. Yo soy Comadreja, l es Hurn y nuestro jefe es Lobo Solitario. -Yo soy Walter -contest el, encogindose de hombros-. Y punto. Tal y como Dido le haba anunciado, aquellos hombres haban venido a recogerlo en coche. Hasta le haban trado ropa nueva: un traje negro, una corbata negra y una gabardina negra que le llegaba casi hasta los pies. Y unas gafas de sol. Negras, por supuesto:vestidos de esa manera se los poda reconocer a 1 km de distancia. Pero l no haba dicho nada, y se haba cambiado de ropa. Aunque no iba a aceptar que lindos hacen ninguna de sus estpidos motes, como Lince o Perro de la Pradera. El arma le pesaba, y la pistolera haca que se muriese de ganas de rascarse la axila. , pens. La verdadera que no lo saba. Su memoria era un agujero negro: recordaba todo lo que haba pasado desde 1994 en adelante... pero nada en absoluto de lo que haba hecho antes. Lo nico que saba era que haban sido cosas deplorables, y que aquellos hombres vestidos de negro y el profesor Franz Hopper tenan algo que ver. Lobo Solitario, el jefe de aquel pequeo grupo, haba conducido a la berlina oscura hasta la Ciudad de la Torre de Hierroy se haba encaminado de inmediato hacia el aeropuerto. Una vez all, haba intercambiado algunas palabras con unos cuantos policas, ensendoles carnes y autorizaciones, y en seguida les haban abierto la valla para que pudiesen meter el coche en la zona reservada a los aviones. Haban aparcado detrs de un hangar y se haban apostado all con los prismticos listos y las pistolas cargadas. A eso de la una, Comadreja y Huron haban ido comprar unos bocadillos. A Walter el suyo todava le estaba dando vueltas en estmago, pesado como un ladrillo. -Cunto tiempo ms vamos a tener que estar aqu? -pregunto. -Silencio -le dijo Lobo Solitario, volvindose hacia l con el ceo fruncido tras las 17. gafas oscuras. Siguieron esperando. La radio de la berlina era en realidad un escner de frecuencias, un dispositivo para escuchar las transmisiones por radio de la polica y la torre de control del aeropuerto. A travs de las puertas abiertas del coche se oa de fondo el continuo ajetreo de frases cortas, zumbidos y chasquidos de los operadores hablando con los pilotos que estaba listos para el aterrizaje. Despus, un mensaje en concreto capt la atencin de Walter. -Aqu torre a Fnix- 1. Estn autorizados a aterrizar. Pista 2-F. -Aqu Fnix-1. Recibido, torre. Nos disponemos a aterrizar. Aquel nombre,, hizo que Walter se estremecese. -Vamos -le dijo Lobo Solitario mientras lo miraba fijamente. Se montaron los cuatro en un coche portaequipajes que alguien del personal de pista se haba dejado olvidado delante de la puerta del hangar, y Lobo Solitario se puso al volante. Las pistas del sector F estaban destinadas a los bonos privados, los jets de los ricachones y cosas por el estilo. Una larga hilera de naves les ofreca cierta cobertura antes de llegar a la amplia explanada de asfalto y hierba reseca, interrumpida por lneas de pintura amarilla y focos luminosos que les indicaban el camino a los aviones. Los hombres de negro se escondieron dentro del ltimo hangar de la fila. Walter cogi los prismticos y se asom a echar un vistazo.le llam la atencin una camioneta roja de aspecto desvencijado que estaba entrando en la pista. A bordo iba un hombre de rostro delgado que llevaba en el asiento trasero a dos perros grandes como caballos. -Gregory Nictapolus -mascullo Comadreja. -Dido tena razn. La cosa se est poniendo seguia -coment Hurn. Walter apunt los prismticos hacia arriba, en direccin al cielo. Se haba esperado que el Fnix-1 fuese un elegante jet privado un helicptero de lujo, pero se haba equivocado de parte a parte. Lo que se dispona a aterrizar en aquella pista era un enorme avin militar de transporte de tropas con pintura de camuflaje. -Mirad -murmur. -Un C-17 Globemaster -dijo Lobo Solitario, levantando la cabeza-. Ese bicharraco puede llevar hasta ciento y pico pasajeros y setenta y siete toneladas de carga. Magos se ha venido con todo su ejrcito.. 18. 3 ACCESO AL MIRROR La Ermita era un chal de tres plantas, alto y estrecho, con un pequeo prtico que resguardaba la entrada principal y un garaje abajo a la izquierda. El chal tena a su alrededor un jardn vallado. La alambrada de la parte de atrs lo separaba del parque, mucho mayor, de la academia Kadic. Ulrich, Odd y Richard llegaron juntos ante la verja de la entrada. Los otros chicos que estaban all, esperandolos mientras se balanceaban sentados sobre el ancho columpio de madera que haca las veces de sof. Haban ido todos: Jeremy, Aelita, Eva y Yumi, que llevaba a Kiwi en brazos. Odd vo su perro, aunque no dio seales de reconocerlo, y el cuzco le gruo, receloso. Pero no fue ms que un instante. El muchacho ech correr hacia l, y Kiwi se puso atrs, completamente emocionado, lamiendole la cara como haca siempre con todo el mundo. Kiwi an segua herido, y tena el cuerpo cubierto de vendas. Segn Jeremy lo haban atacado dos perros de gran tamao. Los mismos que acompaaban a todas partes al hombre de la camioneta roja, que haba agredido tanto al padre de Odd como los padres de Yumi. Ulrich se acerc a Yumi y de paso un brazo por los hombros. -Ha sido todo un detalle que lo trajeses. -En realidad -le contest, ponindose colorada- he tenido que hacerlo. Hiroki hoy est fuera, con mi madre, y Kiwi no paraba de quejarse... -Bueno, t, en vez de eso, diles que queras darle una sorpresa a Odd. -Qu os parece -exclam Jeremy, que hasta ese momento haba estado hablando con Aelita a cierta distancia del grupo- si nos dejamos de chcharas y nos ponemos manos a la obra. Tenemos todo un mundo virtual que explorar! Mientras tanto, Richard no haba dejado de mirar a su alrededor ni un slo instante, preocupado como un nio que est robando caramelos y tienen miedo de que mam y pap puedan y pillarlo. A Ulrich casi le causaba ternura: era 10 aos mayor que ellos, bien alto y con el cabello pelirrojo totalmente despeinado, pero pareca siempre tan tmido... -Va todo bien? -le pregunt. Richard asinti, aunque despus sacudi la cabeza. -Yo creo que uno de nosotros debera quedarse aqu, en el jardn, para montar guardia, por si caso viene alguien. -Pero quin va a venir, hombre?! -le tom el pelo Jeremy. -Pues a m me parece una buena idea -replic Aelita, acercndose a Richard y apoyndole una mano sobre el hombro-. El hombre de los perros an podran andar por ah, y yo me quedara ms tranquila sabiendo que aqu fuera hay alguien con los ojos bien abiertos. 19. El rostro de Richard Dupuis se abri en una amplia sonrisa. Lobo Solitario tena razn: Hannbal Mago haba trado consigo un ejrcito al completo. Walter y sus compaeros se quedaron mirando las largas filas de hombres y vehculos que bajaban del avin: soldados con uniformes de camuflaje y fusiles semiautomticos, que llevaban la cara oculta por cascos y mscaras antigas, y cinco camiones, dos abiertos que transportaban la tropa y tres a rebosar de cajas y maquinaria. -Esto es de locos -dijo Walter-. Cmo va a desplazarse por la ciudad con todas esas armas y los vehculos pintados de camuflaje? Pero si parece como si quisiese conquistar Francia! -Ha conseguido que un avin militar aterrice en el aeropuerto civil -buf Lobo Solitario. Te das cuenta de lo que tiene que haberle costado? Ese hombre tiene dinero de sobra para moverse como le d la gana. -Y ah tenemos a Mag en persona -anunci Comadreja. Walter volvi a coger los prismticos. En aquel momento estaba bajando del avin un jee abierto de color blanco, conducido por una mujer de unos 40 aos con el pelo de un llamativo color rojo. Junto a ella lleg un hombre de edad indefinible con el rostro oculto en parte por su sombrero morado de ala ancha. Iba vestido con chaqueta y corbata, ambos morados, y en las manos, apoyadas sobre salpicadero, brillaban docenas de anillos. -Parece un ganster con un sastre daltnico -coment Walter. -Has odo, jefe? -dijo Hurn tras estallar en una carcajada-. Un gansteg daltnico! La camioneta de Grigory Nictapolus se acerc al jeep, y el hombre se baj de ella sigui de cerca por dos rottweilers con el pelaje negro como la pez. Mago y el intercambiaron una leve inclinacin de cabeza. -Volvamos al coche -sise Lobo Solitario-. Estn a punto de ponerse en marcha. La comitiva atraves como una rgida serpiente la valla del aeropuerto, y tras unos segundos la berlina de los hombres de negro sali tras ella. Walter iba sentado delante, junto al lobo solitario, estrujando nerviosamente con las manos el cinturn de seguridad. Llevaba una pistola bajo la chaqueta. Y por delante de ellos iba un pequeo ejrcito. l no estaba hecho para esas cosas! Los soldados de mago haban escondido los fusiles en un doble fondo de los camiones, y ahora miraban a su alrededor, bromeaban entre ellos y les silbaban y hacan gestos a las chicas guapas que vean pasar por la calle. Walter no haba visto en toda su vida unas muecas tan espantosas. -Adnde estn yendo? - pregunt. - No tengo ni la menor idea -le contest lobo solitario-. El nico que lo saba todo de este asunto eras t... y perdiste la memoria hace 10 aos. -A lo mejor se dirigen a la ermita -murmur Walter. Aquel nombre despert en l una extraa angustia. Recordaba aquel cheque, un tanto 20. lgubre. Haba pasado mucho tiempo en l, pero cuando? y por qu? El jeep de mago, que encabezaba la extraa procesin de vehculos, se meti por una calle estrecha entre dos hileras de edificios para acabar por detenerse al final del todo, donde haba una alta tapia de ladrillos. A una orden de mago, del primer camin bajaron 10 hombres armados con picos que comenzaron a echar abajo la tapia. -Yo conozco esta zona! -grit Walter de repente-. La academia Kadic est muy cerca de aqu... y la ermita... y... -Sabes que hay al otro lado de esa tapia? Walter asinti mientras la cabeza empezaba a darle vueltas. Era como si hubiese andado y desandado aquel recorrido 1 milln de veces a lo largo de su vida, pero todo estaba envuelto en una nube densa y blanca como la leche agria. -Hay una carretera -balbuceo-. Lleva cerrada muchsimo tiempo. Y ms all de la carretera hay una verja. Y despus, un puente. Y una fbrica en una isla justo en medio del ro. Lobo solitario se rasca la cabeza, pensativo. -Una fbrica abandonada y escondida... y la academia Kadic aqu al lado. Es como un crculo que se va estrechando. Y seguro que en el centro de todo nos vamos a encontrar con Hopper. -El colegio, la fbrica y el chal forman una especie de tringulo! -prorrumpi Walter al tiempo que empezaba a revolverse en su asiento-. Y me huelo que en la ermita hay algo importante. El jefe de los hombres de negro sonro. -Dido estaba segura de que nos ibas a resultar de ayuda. Ahora te cuento lo que vamos a hacer: mis hombres y yo nos bajamos aqu y nos quedamos vigilando a mago, mientras que t vas a coger el coche y te vas a ir a la ermita, a asegurar todo el permetro. Y eso significa que debes cortar los cables de la corriente elctrica y los del telfono, y comprobar que no haya nadie en 13. Si hay intrusos, los neutralizadas. Y luego me llamas. Si no contesto al mvil, ponte inmediatamente en contacto con Dido y dile que tenemos un problema. Recibido? Walter sinti una gota de sudor que le bajaba por la frente hasta quedarse colgando justo de la punta de su nariz. -Recibido -susurr. El semistano de la ermita abarcaba toda la superficie del chal y el garaje. En la parte ms alta de las paredes se abra una hilera de ventanucos bajos y anchos desde la que se filtraba muy poca luz a causa del polvo que cubra sus cristales. Al fondo del pasillo principal haba una puerta cerrada que conduca al pasadizo subterrneo que permita acceder al alcantarillado, y desde all hasta el Kadic y la fbrica del superordenador. Jeremy gui la marcha por la maraa de trasteros y pasajes ms o menos hmedos hasta llegar a la cmara frigorfica, una amplia habitacin de cemento cerrada por un 21. espeso portn metlico. Gracias a una hilera de respiraderos abiertos en los muros, la cmara poda refrigerarse para conservar carnes, verduras y otros alimentos perecederos. Pero eso no era lo ms destacable de aquella habitacin, y a los muchachos les haba costado mucho tiempo descubrirlo. -Venga -exclam Jeremy-, vamos a abrir la compuerta. Ulrich y Yumi se pusieron inmediatamente manos a la obra. Primero el se encaram sobre una hilera de baldas para llegar hasta un gancho de colgar jamones y tiro de l. La muchacha se estir para alcanzar otra balda y la levant. Mientras tanto, Jeremy cerr, abri y volvi a cerrar la puerta de la cmara. El expectante silencio posterior se vio truncado por un ruido metlico y un chirrido. A continuacin una parte de la pared se levant, revelando una pequea puerta. Un pasadizo secreto. Jeremy fue el primero en cruzar el umbral de la puerta, que era tan baja y estrecha que para atravesar haca falta ir a gatas, y esper a que los dems llegasen al otro lado. El mobiliario de aquella habitacin era espartano: tan slo un sof y un televisor de unos 10 aos de antigedad. Una de las paredes haba sido derruida a aporte de pico, y dejaba ver otro espacio ms, que estaba ocupado por un cilindro metlico vagamente parecido a una cabina de ducha. Gruesos haces de cables conectaban la columna-escner a un terminal de control. -Uau! -dijo Ulrich. Jeremy sonri. Haba sido Aelita, sin ayuda de nadie, la que haba entendido que tras aquella habitacin se ocultaba otra ms. -Aelita -dijo Ulrich, estampando ruidosamente una mano en el hombro de la muchacha-, tal y como has echado abajo esa pared con el pico, tendras mucho futuro de albail! -En realidad -se sonroj ella- fue bastante fcil: bast un golpecito, y todo se vino abajo. -Ya -admiti Jeremy-. El profesor Hopper quera que encontraremos el escner. Se acerc a la columna y roz con los dedos la puerta lisa. En un panel parpadeaba la advertencia: Atencin, peligro! Se desaconseja el uso a mayores de 18 aos. Primer! -grit Odd, disparando una mano hacia el techo. Richard Dupuis se arrebuj en el abrigo y se sent bajo un rbol. Se dio cuenta demasiado tarde de que el terreno estaba blando y fangoso y estaba perdido de barro el bajo de los pantalones. Buf mientras se pona cmodo. Total, mucho ms no se podan ensuciar, as que... de perdidos al ro. , dijo para s. Y era cierto, pero no haba tenido estmago. Los chicos no entendan. Eran demasiado jvenes y entusiastas para hacerlo, pero el... simplemente, todo aquello lo superaba. Richard tena 23 aos, iba a la universidad y le faltaba poco para licenciarse en 22. ingeniera civil. La suya era una vida tranquila y cuadriculado, hecha de ecuaciones que resolver y proyectos que completar. Y luego todo haba cambiado: su PDA haba empezado a llenarse de cdigos desconocidos, y l haba tenido que volver a su antigua ciudad, a su antiguo colegio. Haba vuelto a encontrarse con una de sus mejores amigas de cuando estudiaba all, haca una dcada, y haba descubierto que Aelita todava aparentaba 13 aos. Se haba enterado de la existencia de un mundo virtual en el que se poda entrar de verdad, y de monstruos artificiales decididos a conquistar el mundo. Y luego estaban los hombres con rottweilers. Y los agentes secretos de gobierno. Y otro montn de cosas ms. De locos. Y ahora queran que el bajase a los stanos de un chal en ruinas para ver cmo su ex mejor amiga se desmaterializaba dentro de un ordenador de ciencia-ficcin? No, gracias. Slo le faltaba eso para volverse completamente chalado. Richard se sac la PDA del bolsillo y empez a revisar las diversas pginas de cdigos por ensima vez. Jeremy deca que era un lenguaje de programacin inventado por el profesor Hopper. Richard decidi que el chiquillo tena razn: era un lenguaje mquina, y de lo ms difcil de descifrar, pero... El chirrido de los neumticos hizo que se sobresaltase. Se puso en pie y se escondi instintivamente tras el tronco del rbol. La berlina oscura haba recorrido la calle a toda velocidad para despus pegar un frenazo justo delante de la verja de la ermita, dejando dos franjas oscuras sobre el asfalto. Un hombre de unos 50 aos con el pelo cortsimo se baj de ella. Iba vestido con una chaqueta y una corbata negros, llevaba gafas de sol y tena un gesto de despreocupacin en el rostro. Richard vio que se acercaba a la verja, as que se le ocurri que lo mejor sera adelantarse, y corri hacia el garaje, mantenindose al amparo de los rboles para que no lo viese. Tena que dar la alarma de inmediato. Jeremy abri la puerta de la columna-escner y dej a la vista un espacio estrecho y circular completamente vaco. Odd haba desaparecido. El muchacho volvi a sentarse ante la terminal. -Transferencia perfecta! -anunci-. Odd est dentro del mundo virtual del Mirror. La pantalla del ordenador mostraba la cara de Odd, que ahora era muy distinta: tena unas franjas simtricas de color morado sobre las mejillas y la frente, y un par de orejas de felino que asomaban por entre el pelo. Haba tomado el aspecto de chicogato que siempre tena en Lyoko. -Me recibes? -le pregunt Jeremy, agarrando el micrfono del terminal. -Alto y claro -grazn la voz de su amigo desde los altavoces-. Pero... Aelita me haba dicho que me iba a encontrar en una explanada con tres rboles, y sin embargo aqu no hay nada por el estilo. Estoy en una calle de alguna ciudad... 23. Jeremy asinti con la cabeza. -Los tres rboles eran un simple men de acceso a los distintos niveles del Mirror, as que les he hecho un baips y te he mandado directamente a vuestro destino. Tendrs que explorar un poco por ah y entender cmo funciona este nivel del diario. -Recibido -sonri Odd-. Manda aqu tambin a Aelita y Yumi, y nos metemos en harina! Jeremy se alej del teclado del ordenador y se pas una mano por el pelo. -Yumi, ahora te toca a ti. Mtete en la columna. Eres la nmero dos. La muchacha le estrech la mano a Ulrich con dulzura para despedirse de l. -Dmonos prisa -sonri despus-, que no quiero dejar a Odd solo mucho tiempo. A saber en qu lo podra meterse si no. Despus de haber cerrado la puerta del coche con un golpe seco, Walter haba tratado de aflojarse la corbata que le atenazaba el cuello, pero no lo haba conseguido: los dedos le temblaban demasiado. All estaba, delante de aquel chal. Le pareca una visin sacada de una de sus pesadillas. Y por un instante estuvo contento de llevar una pistola. Sin pensrselo dos veces tir ligeramente de la verja hacia s, haciendo fuerza para levantarla un poco. La vieja cerradura protest, y se abri con un clic, sin necesidad de forzarla. Puede que su cerebro hubiese perdido la memoria, pero su cuerpo conoca aquel lugar. Y saba como moverse. El hombre se encamin a grandes zancadas hacia uno de los lados de la casa. Enseguida le salt a la vista el herrumbroso cajetn de hierro de la pare del garaje, y sonri: se era el cuadro elctrico general. Lo abri a toda prisa, se sac unos alicates del bolsillo interior de la chaqueta y empez a cortar cables a diestro y siniestro. Aelita abri la puerta del escner, dejando a la vista un espacio vaco. -Yumi tambin ha sido transferida -exclam Jeremy, con la mirada fija en la pantalla de su ordenador -. Venga, Aelita, eres la ltima del equipo. La muchacha asinti, dud por un instante y acab por meterse dentro. La puerta corredera se cerr a sus espaldas, y la potente luz que provena del techo del escner llovi sobre ella. -Preprate! -dijo Jeremy. Su voz le llegaba desde los altavoces del interior de la columna, y sonaba algo distorsionada y metlica. Aelita cerr los ojos. Estaba a punto de entrar en el segundo nivel del diario de su padre. Y tal vez all encontrara las respuestas que estaba buscando. Cuando acceda a un mundo virtual, el escner se llenaba de chorros de aire que le hacan levitar, levantando sus pies del suelo, su pelo sala disparado hacia arriba y todo su cuerpo hormigueaba dulcemente... Pero ahora no estaba pasando nada de 24. eso. Aelita volvi a abrir los ojos. Estaba oscuro, pero segua encontrndose dentro de la columna. -Qu est pasando? -grit al tiempo que empezaba a aporrear las paredes del escner. All dentro apestaba a quemado, y un humo denso se le estaba colando en los pulmones, haciendo que tosiera sin parar. Jeremy comenz a hurgarse afanosamente en los bolsillos, sac su telfono y apret una de sus teclas. La pantalla se ilumin, llenando de una dbil penumbra la habitacin, que se haba sumido de improvisto en una oscuridad total. -Venga! -dijo-, usad todos los mviles para darnos un poco de luz! -Qu ha pasado? -pregunt Ulrich-Se ha cortado la electricidad! Los procesadores del escner se han fundido, y la columna est echando humo! -grit Jeremy con un eco de angustia en la voz-. Tenemos que sacar de ah a Aelita inmediatamente! Ulrich hizo un gesto a Eva, y ambos muchachos salieron a la carreras de la habitacin, usando sus mviles como linternas. Unos pocos minutos despus, volva trayendo una gran pala del jardn. Ulrich encaj la parte de hierro de la pala en la ranura del escaner y empez a hacer fuerza con el mando de madera. -Esto est lleno de humo! -les lleg desde dentro de la columna el grito de su amiga-. Socorro! La puerta de metal cedi de golpe, y Aelita cay afuera con las manos apretadas contra la boca y la nariz. Jeremy se le acerc a todo correr y la abraz. -Qu ha pasado? -murmur la muchacha, confusa. -No lo sabemos. Se ha ido la luz, y el sistema se ha cortocircuitado. Jeremy senta cmo le palpitaban las sienes. Tena miedo. Si la electricidad se hubiese cortado tan solo un instante ms tarde, con la transferencia de Aelita al Mirror en pleno proceso... ella podra haber desaparecido en la nada, perdida en un flujo digital interrumpido. Ulrich agarr a su amigo por los hombros. Sus pupilas se haba dilatado completamente para adaptarse a la tenue luz de los mviles. -Yumi y Odd! -grit con desesperacin-. Qu les ha pasado? Qu...? -No te preocupes: ellos dos estn bien. El Mirror es una sandbox, dentro del superordenador de la fbrica. Te acuerdas? -lo tranquiliz Jeremy-. De modo que se encuentran a salvo en el interior del mundo virtual -reflexion un instante y se recoloc las gafas sobre la nariz antes de continuar: El nico problema es que ahora no podemos sacarlos de ah. El escaner est fuera de servicio. -Y si llegase a pasarles algo mientras estn dentro? -pregunt Aelita-. Y si se encuentran con algn monstruo? Jeremy no respondi. Era mejor no pensar en esa posibilidad. De todas formas, por el momento no podan hacer nada. 25. Inmediatamente despus los muchachos se sobresaltaron: ruidos, pasos a lo largo del pasillo de los stanos, alguien que tropezaba y se caa, quejndose en voz baja. Richard. Jeremy y Ulrich salieron de la habitacin secreta e iluminaron al muchacho. Traa una expresin aterrorizada. -Ha venido alguien -les advirti Richard-, un hombre vestido totalmente de negro. Ha cortado los cables de la luz y est haciendo cosas raras ah fuera. Ahora viene hacia aqu. Jeremy mir a Ulrich, y por los ojos de los dos chicos se cruz el mismo pensamiento: los hombres de negro haban encontrado La Ermita. 26. 4 FRAGMENTOS DEL PASADO Yumi mir a su alrededor, un tanto perpleja. La muchacha estaba convencida de ser una autntica experta en mundos virtuales. Despus de todo, haba vivido muchsimas aventuras en Lyoko, y haba estado haca poco en La Primera Ciudad gracias a los extraos aparatos de Bruselas. Pero aquel sitio era raro de verdad. O, mejor dicho, era normal. No tena los colores vivos tpicos de un dibujo animado, ni el cielo era una ptina azul y un poco irreal. La muchacha se encontraba en una calle de una ciudad de lo ms normal. Su ciudad. Yumi haba reconocido rpidamente aquel callejn estrecho rodeado de edificios altos. No quedaba muy lejos de la academia Kadic. -Bienvenida -la salud Odd. Su amigo tena el aspecto de chico.gato que adoptaba habitualmente en Lyoko. Iba vestido con un mono morado, llevaba las manos cubiertas por unos guantes dotados de garras y tras l ondeaba una larga cola. Yumi tambin haba experimentado una transformacin. Llevaba el pelo recogido y sujeto con unos palillos, su rostro estaba cubierto de maquillaje blanco e iba vestida con un quimono corto. Tena los pies enfundados en los calcetines japoneses tradicionales, lostabi, y calzaba un par de sandalias geta de madera. De la falda obi que le rodeaban la cintura asomaban los vrtices de sus abanicos, afilados como navajas de barbero. -T te has enterado de dnde estamos? -le pregunt Odd mientras saltaba de un lado a otro con la agilidad de un felino. Yumi frunci el ceo. Puede que Ulrich tuviese razn: haca ya algn tiempo que Odd se comportaba de una forma un tanto rara. Cmo era posible que no hubiese reconocido aquella calle? La muchacha le hizo un gesto para que la siguiese y se encamin afuera del callejn, desembocando en una amplia avenida. El cielo estaba casi a oscuras, como si el sol hubiese salido poco antes. El amanecer. Yumi se acerc a un peatn con los ojos hinchados de sueo que estaba abriendo un peridico recin comprado. -Disculpe... Por un instante se mordi la lengua. Qu iba a decir aquel hombre al verla vestida degeisha? Pero l la ignor por completo, como si no existiese. Insegura, Yumi fue a tocarle el codo para llamar su atencin, pero sus dedos pasaron a travs de l sin rozarlo siquiera. Se haba convertido en un fantasma? -No puede verme ni orme -mumur. Odd se acuclill ante aquel hombre para poder echarle un vistazo a la primera pgina del diario. -Ahora ya sabemos en qu da estamos: el 1 de junio de 1994. Te dice algo? Yumi se tap la boca con las manos. 27. -Hasta tu tendras que entenderlo, botarate! Dentro de cinco das, Hopper va a llevarse a Aelita a Lyoko para refugiarse con ella ah dentro. O sea, el origen de todas nuestras aventuras! -Me ests diciendo que esto es una reconstruccin de ese momento? -Eso parece -asinti Yumi-. A lo mejor Hopper quera ensearle a Aelita algo importante. Por cierto, y ella, dnde est? Por qu no ha llegado todava aqu? -La comunicacin con los dems se ha bloqueado -dijo Odd, sacudiendo la cabeza-. En La Ermita se les ha ido la electricidad, y la transferencia de Aelita se ha visto interrumpida. Yumi se qued mirndolo a la cara fijamente, desconcertada. Cmo poda saber l esas cosas? Odd pareci darse cuenta de que se haba ido de la lengua. -Me lo ha comunicado Jeremy justo despus de que llegases aqu... -se apresur a aadir-. Y luego se ha cortado la comunicacin. Pero sa... -el muchacho estir un dedo-garra, apuntando al otro lado de la calle-. Ves a aquella seora que camina a paso ligero? No te parece igualita que la profesora Hertz? Se trataba de ella, sin duda alguna, aunque pareca ms joven, con el pelo castao ligeramente entreverado de gris. Iba vestida con una camiseta y unos vaqueros, y tena el fsico esbelto y nervudo de una deportista. No pareca la tranquila profesora que los muchachos conocan. Yumi y Odd cruzaron la avenida, pero la mujer sigui caminado sin percatarse de su presencia. Avanzaba con la cabeza gacha y una expresin de preocupacin en la cara. -Esto no es ms que una grabacin -observ Yumi-. Es lo mismo que le pas a Aelita cuando visit el primer nivel del diario. No podemos hacer ni decir nada, slo ver lo que pas hace ms de diez aos. La profesora Hertz lleg a un pequeo bar que haba en una esquina. El propietario estaba limpiando la barra, y el olor de los cruasanes recin horneados empezaba a propagarse en el aire. Yumi estaba conmocionada, en el bar haba otra persona: una mujer con el pelo rubio cortado la garon y un par de enormes gafas de sol oscursimas que le tapaban la mayor parte de la cara. Estaba sentada a una mesa, sola. -Mayor Steibark -salud la mujer mientras se pona en pie. -Agente Dido -respondi la profesora con un tono neutro y cara de pquer-. Cuanto tiempo. Hertz no pareca estar nada contenta de aquel encuentro. Le pidi un caf al camarero y ocup la silla que haba al otro lado de la mesa, frente a la desconocida. Odd y Yumi se sentaron en el suelo, cerca de las dos mujeres, para escucharlas. -La ha llamado Steinbark... -murmur la muchacha-. Te acuerdas de lo que vio Aelita en el primer nivel? La profesora Hertz es la misma mujer que ayud a Hopper a escaparse de Cartago! Yumi no daba crdito: la profesora Hertz era una oficial del ejrcito! El camarero llev el caf, y al hacerlo pis a Yumi, pasando a travs de ella. La 28. muchacha se estremeci: todo aquello era una locura... Tena la esperanza de que Jeremy diese seales de vida lo antes posible. Quera salir de ella! Dido le dio un par de sorbos a su caf en medio de un silencio sepulcral. -Has estado bastante ocupada a lo largo de estos aos -dijo luego mientras se inclinaba hacia delante y clavaba sus ojos en los de Hertz. -Qu ests tratando de decir? -Lo s todo. S que ahora Hopper y t vivs aqu, y que habis seguido trabajando en el proyecto Cartago. S que habis reconstruido la Primera Ciudad. Y no solo eso: tambin s cmo entrar en ella. Dispongo de los cdigos de acceso, y utilizando los viejos proyectos hemos construido en Bruselas los aparatos necesarios para conectarnos a ella. Cuando salisteis huyendo os dejasteis detrs un buen puado de apuntes... Hertz estaba temblando. Volc su taza sobre la mesa, y el lquido oscuro gote hasta el suelo. Yumi se puso de pie de un salto para evitar mancharse, pero las gotas la atravesaron sin dejar ni rastro . Haba sido aquella mujer, Dido, la que haba creado los escneres del apartamento de Bruselas. No haba sido cosa de Hopper, sino de Dido y sus hombres de negro. -De todas formas -exclam la profesora-, no os servir de nada. Los adultos no pueden usar los escneres. Dido asinti y corri un tupido velo sobre aquel asunto, como si no le interesase. -Te he pedido que nos visemos -murmur- para dejar bien clara una cosa: no quiero declararos la guerra ni a ti ni a Hopper. -En serio? -contest su interlocutora tras estudiarla, insegura, durante unos instantes. -Las cosas han cambiado -dijo Dido-. Tras la cada del muro de Berln, la guerra fra ha terminado. El proyecto Cartago nos ha costado un potos, y hasta ahora que ha creado a sido un milln de problemas. Creo que los peces gordos estn empezando a cogerle miedo: la Primera Ciudad ha demostrado ser incontrolable, y si comienza a ser operativa podra salirnos el tiro por la culata. En realidad, el preoyecto entero es demasiado arriesgado. -Y entonces? -Cuando os escapasteis de nuestra base, Hopper destruy el prototipo de la Primera Ciudad. A continuacin yo misma les borr la memoria a los cientficos que haba colaborado con vostros. -Querrs decir la gente que transform el proyecto Cartago en un arma. -Ya no queda nada de aquellos recuerdos -respondi Dido, haciendo un vago gesto con la mano en el aire, como si el asunto no tuviese importancia-, y yo quiero que el mundo se olvide para siempre de la existencia de Cartago y la Primera Ciudad. -Qu es lo que quieres de mi, Dido? -dijo Hertz, ponindose en pie. -Habla con Hopper. Decidme dnde se encuentra el superordenador que habis construido y dejadme que lo destruya. Borrar de vuestras mentes cierta informacin confidencial, slo los datos ms peligrosos, y os dejar vivir en paz. A vosotros dos y a Aelita. Os estoy la salvacin. 29. -Ni hablar! -estall Hertz. -Pinsatelo bien -insisti Dido-. Ya sabes lo peligrosa que puedo llegar a ser. Algo cay sobre la cabeza de Yumi. La muchacha se volvi hacia Odd echando chispas por los ojos. -Pero bueno! Te parece el momento de ponerte a tirarme cosas encima? -Yo no he hecho nada... -protesto el muchacho. Yumi mir a sus pies, donde haba aterrizado el objeto que acababa de golpearla. Se trataba de una cajita de plstico azul celeste que se pareca mucho a un mando a distancia. Bajo una minscula pantalla haba tres botones rojos. Dos de ellos tenan forma de doble flecha, y apuntaban uno a la derecha y otro a la izquierda, como las teclas de rebobinado y avance rpido de un DVD. El tercero, por su parte, tena un pequeo texto: EXPLORACIN LIBRE. De pronto Yumi not que el caf derramado por el suelo haba impregnado la tela de su quimono, empapndoselo. Molesta, se levant y le pas el mando a Odd para tratar de limpiarse, pero la mancha empez a secarse a toda velocidad y se desvaneci en unos segundos. -Ey! -grit Yumi, sorprendida. Odd ni siquiera se volvi para echarle un vistazo. Pareca ensimismado en sus pensamientos. -Este mando a distancia -dijo al final- es una interfaz de grabacin. Hopper program su diario para que resaltase los acontecimientos ms importantes. Nosotros podemos desplazarnos por toda la ciudad y a lo largo de todos los das que estn grabados. Eso es la . O bien podemos saltar directamente a las cosas interesantes, o volver hacia atrs si nos hemos perdido algo. La muchacha no daba crdito a sus odos. Su amigo nunca haba entendido ni papa de tecnologa. Por qu pareca ahora tan seguro de s mismo, tan sabelotodo? -stas siguen de chchara, y no dicen nada interesante... Yo propongo que le demos al avance rpido, a ver qu pasa. Antes de que Yumi tuviese tiempo de protestar, Odd puls el botn, y el mundo comenz a deshacerse a su alrededor. Dido y la profesora Hertz empezaron a transparentarse para despus desaparecer por completo. Las paredes y el techo, por el contrario, se volvieron ms oscuros, y al final les llovieron encima como una cascada de colores. Yumi empez a sentir vrtigo, y se concentr en Odd, y su ropa morada y su cola de gato, que eran lo nico que segua siendo slido y real. -Odd... -murmur, cayendo de rodillas. -Solo ser un momento -dijo Odd, tendindole una mano-. No es ms que una actualizacin del sistema. -Ein?! Desde cundo hablas como Jeremy? Despus las imgenes recuperaron la nitidez, y Yumi vio que en torno a ellos todo haba cambiado. Se encontraban en la vieja fbrica del islote. Para ser ms exactos, estaban en el tercer piso subterrneo, el que quedaba ms bajo, el ms secreto. 30. La sala era grande y resplandeca con una plida luz azul. Casi todo el espacio disponible lo ocupaba un cilindro de metal oscuro cuya superficie se hallaba cubierta de extraos jeroglficos dorados. Aquello era el superordenador del que dependa la existencia del mundo virtual de Lyoko. Yumi se haba acostumbrado hasta tal punto a ver el ordenador apagado y a oscuras que ahora sinti un escalofro de emocin que le recorri todo el cuerpo como un latigazo. Se gir hacia Odd con una sonrisa en los labios y vio que el muchacho tena los ojos como platos y temblaba como un flan. -Ests bien? -le pregunt. -Mira -le respondi l-. Hopper. Oculto tras la columna de metal del ordenador, el padre de Aelita estaba acuclillado, trabajando con un gran destornillador en la mano y un porttil a su lado, apoyado en el suelo. Vesta una bata de laboratorio y llevaba barba larga y un par de gafas redondas. Tena la cara muy seria, y pareca demacrado por el cansancio. Se oy un ruido, y Hopper alz la cabeza. Alguien ms acababa de entrar en la habitacin usando el ascensor que pona en contacto los pisos subterrneos con la planta baja de la fbrica. Era la profesora Hertz, e iba vestida con la misma ropa que tena durante el encuentro con Dido. Yumi mir el mando a distancia que Odd tena bien sujeto entre las manos: en la pantalla haba aparecido el texto 01/06/1994 - 16:30 h. De modo que an se encontraban en el msmo da, y solo haban dado un salto adelante de unas pocas horas. Dentro del cuerpo de Odd, X.A.N.A. se estremeci. Se haba esforzado tanto, actuando y ocultndose... Y ahora estaba tan solo a un paso del triunfo. Por fin se encontraba ante el superordenador, el puente hacia Lyoko. Era un Lyoko distinto, un Lyoko de 1994, pero tal vez desde all fuese posible superar las barreras de la sandbox y acceder al verdadero mundo virtual, en el que podra recobrar sus fuerzas. Desde la realidad, la parte de X.A.N.A. que habitaba en el cuerpo de Eva Skinner le aconsej que esperase un poco ms y estuviese bien atento. Yumi haba estado a punto de descubrirlo cuando se haba dejado llevar por las emociones y haba comprendido demasiado deprisa cmo funcionaba la interfaz de navegacin del Mirror. Deba tener en mente que Odd era un cabeza de chorlito. Pero faltaba tan poco... Lyoko! Y si sus clculos eran correctos, Hannibal Mago estaba a punto de llegar a la fbrica real, al superordenador real. X.A.N.A. se haba dado cuenta inmediatamente de que el Kadic estaba bajo vigilancia de sofisticadsimas microcmaras espa, y haba llevado a cabo un par de averiguaciones. Sus capacidades dentro de internet eran casi ilimitadas, por lo que no haba tardado mucho en descubrir hasta el mnimo pormenor de Mago y su Green Phoenix. Obviamente X.A.N.A. haba preferido no decirles nada a los muchachos, ya que en un futuro Green Phoenix podra llegar a convertirse en un valioso aliado. 31. Aquella estpida chiquilla, Yumi, lo agarr del brazo, obligndolo a concentrarse en Hopper y Hertz. El profesor haba escuchado un par de frases, y despus se haba puesto de pie, agitando el destornillador en el aire como si se tratase de un arma. -No es posible! -grit-. No hay forma de que Dido sepa que hemos reconstruido la Primera Ciudad. Hemos mantenido el ms absoluto secreto... sta era nuestra nica esperanza de transforma el proyecto en un instrumento de paz! -Debemos pensarnos muy bien nuestros prximos pasos -dijo Hertz mientras rozaba el hombro del profesor-. A Dido se le ha escapado un indicio muy importante: ha dicho que les borr la memoria a sus hombres. No te resulta levemente familiar? -Nuestra mquina extirparrecuerdos -susurr Hopper-. Alguien le ha vendido los planos de nuestra mquina. -Ya -confirm Hertz-. Nosotros la construimos para llenar el mundo virtual de informacin real... Pero si se usase con la polaridad invertida, su efecto sera precisamente el de borrar la memoria de la gente. No puede ser una mera coincidencia que Dido tenga un aparato similar. Solo haba una persona ms que supiese de la existencia de la sandbox de la Primera Ciudad y la mquina extirparrecuerdos... -Y esa persona es... -Walter. Walter Stern. Yumi se levant de un salto, llevndose las manos a la boca, horrorizada. -El padre de Ulrich? -gimi-. Pero eso no es posible! Tiene que haber un error. No me lo creo. NO PUEDE SER! Odd tambin se puso en pie. -Mira, Hopper est flipando. El profesor haba empezado a recorrer la sala del superordenador dando zancadas y con el rostro ensombrecido por una expresin grave y siniestra. -Entonces, solo hay una cosa que pueda hacer -declar al final-. Preparar un plan de huida. -De qu ests hablando? -le pregunt Hertz, clavndole intensamente la mirada. -Aelita y yo tenemos que irnos de aqu. Coger el Cdigo Down y lo dividir en varias partes para impedir que alguien consiga recomponerlo. Y luego huir junto con mi hija. -El Cdigo Down? -susurr Yumi-. Y eso, qu ser? X.A.N.A. no tena ni la ms mnima idea. Sigui escuchando atentamente a Hertz. -No puedes hacer eso! Todo lo que hemos conseguido hasta ahora... la creacin de Lyoko y el Cdigo Down... se perdera por completo. -Dejar algunas pistas. Esconder informacin que solo Aelita y yo seamos capaces de rastrear. -Por qu Aelita? -pregunt Hertz al tiempo que sacuda la cabeza-. Todava es muy pequea! -Pinsalo bien -sonri Hopper-. Los hombres de negro quieren encontrarme, y no s de cunto tiempo ms dispondremos. Podran capturarme, pero estoy seguro de que ser capaz de salvar a Aelita de una manera u otra. As, cuando sea algo ms mayor, 32. podr entender lo que ha pasado. Tengo la intencin de construir un diario vitual. Usar mis recuerdos, los tuyos... cualquier informacin que pueda necesitar para trazar un que Aelita sea capaz de interpretar. Hertz asinti con la cabeza, preocupada. -Y yo? -pregunt-. Yo qu tengo que hacer? -Llama a los amigos que trabajan con nosotros y convoca una reunin -dijo Hopper tras reflexionar un instante-. Invntate cualquier excusa... Por ejemplo, que Walter quiere despedirnos a todos. Cuando estis reunidos, usa con ellos la mquina extirparrecuerdos. Se olvidarn de todo: Lyoko, la fbrica, el ordenador... Estarn a salvo. Una vez hecho esto, t y yo hablaremos cara a cara con Walter... y, para terminar, yo huir bien lejos de aqu. -Y qu vamos a hacer con Lyoko? -le pregunt Hertz. -Lo apagar. No me queda otra opcin: X.A.N.A. se est volviendo demasiado peligroso. El virus que introdujeron en la Primera Ciudad podra hacer que enloqueciera de repente. Es un bug, un error de programacin, y es posible que X.A.N.A. no se haya visto afectado... pero todo el adiestramiento al que lo hemos sometido durante estos meses podra tambin terminar en agua de borrajas. Y entonces... no s lo que podra pasar. X.A.N.A. se haba quedado escuchando con la boca abierta, oculto dentro de la versin virtual del cuerpo de Odd. Virus? Error de programacin? Adiestramiento? De qu estaba hablando Hopper? Despus, sin previo aviso, una imagen de muchos aos atrs retorn a su mente. Por lo general mantena aquellos recuerdos bien lejos y a buen recaudo, escondidos en un remoto rincn de su memoria digital. Pero de golpe volvi a ver ante sus ojos una imagen de Aelita, aunque no la chiquilla a la que haba conocido en la realidad, la amiga de Eva Skinner, sino la Aelita con la que se haba encontrado mucho tiempo antes, la que jugaba con l en la gran ciudad desierta. X.A.N.A. tena por aquel entonces un aspecto muy distinto, y jugaba con Aelita en los parques, se transformaba en multitud de animales divertidos y la esperaba en las puertas de la muralla. Todas las tardes. Hasta que Aelita haba dejado de ir a jugar con l. Por eso aquel da de haca tantos aos su amiga no haba acudido a su cita de siempre: Hopper se lo haba impedido. X.A.N.A. se enfureci. Yumi sinti un violento empelln que la lanz hacia un lado. Ante ella, Hopper y Hertz seguan diciendo las mismas frases que haba pronunciado ms de diez aos antes. Pero la muchacha ya no estaba en condiciones de escucharlos. Se gir. Su amigo Odd haba cado de rodillas, y se sujetaba la garganta con ambas manos. Pareca como si se estuviese ahogando. De su boca sala humo negro tan denso que haba embestido a Yumi, tirndola al suelo. -X.A.N.A... -murmur sin terminar de crerselo. La muchacha conoca demasiado bien aquel humo: era el mismo que haba visto 33. saliendo de la boca de William Dunbar, uno de sus compaeros de clase, cuando X.A.N.A. se haba hecho con el control de su cuerpo. Odd se desplom. La humareda comenz a condensarse en un vertiginoso remolino que fue tomando forma, hasta volverse slido. La muchacha se puso en pie de un salto. El mando haba cado al suelo. Deba recuperarlo y hacer avanzar la grabacin para desplazarse hasta otro momento, lejos de all. Tena que huir. Pero... -Ni siquiera se te ocurra moverte -la hel una voz inhumana. El humo se haba desvanecido, y en su lugar haba aparecido un chico. Era clavado a William Dunbar: con el pelo oscuro y algo largo, la nariz recta y una expresin autosuficiente. Era algo ms alto que Yumi, y tena un fsico atltico.-Qui... quin eres? -Ya has dicho mi nombre antes. T me conoces. Soy X.A.N.A., y he vuelto. 34. 5 REUNIN FAMILIAR Waltern Stern haba visto cmo el chaval hua dentro del garaje. Al principio, mientras cortaba los cables de la luz de La Ermita, haba pensado que no eran ms que imaginaciones suyas, pero despus se haba percatado de las huellas de zapatillas deportivas que recorran el barro desordenadamente. Y de otras pisadas de pies ms pequeos. Chiquillos. Suspir. Por lo menos no se trataba de hombres de Hannibal Mago. Por un instante Walter pens en dejar su arma en la pistolera. Llevar una pistola lo pona nervioso. Luego se lo pens mejor y la empu, aunque sin quitarle el seguro. Si haba nios all, se habran llevado un buen susto, y seguramente pondran pies en polvorosa. As que el tendra suficiente tiempo como para asegurar La Ermita. Walter lleg al garaje y comprob la manija de la puerta basculante. Estaba abierta. Se prepar para el asalto. Ulrich le hizo una seal a Eva y observ como la muchacha se esconda detrs de la hoja de la puerta que comunicaba el garaje con la casa. l, por su parte, se qued agazapado tras el pequeo sof que ocupaba la pared del fondo. A sus pies tena alineados varios globos de goma que Jeremy haba llenado con asquerosidades qumicas que haban encontrado en los stanos de La Ermita. Ulrich suspir. Eva y l iban a ser la primera lnea de defensa contra los hombres de negro, mientras que Jeremy, Richard y e maltrecho Kiwi vigilaran la entrada principal, listos para dar la seal de alarma en caso de necesidad. El muchacho cogi el walkie-talkie que formaba parte del equipo especial de Jeremy y lo encendi. -La puerta del garaje acaba de moverse -murmur-. Est a punto de entrar. Cambio y corto. Despus agarr el primer proyectil y contuvo la respiracin. Deba tener mucho cuidado. Aquellos hombres podan ir armados. El plan era bien sencillo: atacar al intruso con los globos y aprovechar el factor sorpresa para saltarle encima e inmovilizarlo con unas cuerdas. Era peligroso, pero Ulrich era un experto en artes marciales y, sobre todo, no tenan ms remedio. Con Yumi y Odd atrapados en el Mirror no podan dejar La Ermita en manos enemigas. Era una cuestin de vida o muerte. La puerta del garaje se estaba levantando muy lentamente. Ulrich ya poda ver los pies del enemigo. Llevaba unos zapatos de caballero negros y brillantes, de una cierta elegancia. Despus vislumbr los pantalones, tambin de color negro. Le indic a Eva que estuviese preparada. Tenam que esperar a ver el rostro del hombre, para poder alcanzarle directamente en la cara. Volvi a concentrarse en la puerta, que segua levantndose, dejando entrar en el 35. garaje la luz lechosa de aquella tarde de invierno. Ulrich hizo rodar el arma arrojadiza en el hueco de su mano. Era un pequeo globo de goma de color verde claro, y su volumen ceda y se adaptaba blandamente al chocar con los dedos del muchacho. Ah estaban los hombros del enemigo, su barbilla. Un segundo ms... Fuego! Se puso en pie como accionado por un resorte, y ech hacia atrs el brazo como si fuese una catapulta, listo para lanzar su proyectil. Con el rabillo del ojo vio cmo Eva sala, perfectamente sincronizada con l, de su escondite. El hombre de negro estaba erguido ante ellos. Contra la luz que provena del exterior, no era ms que una silueta oscura en la que se recortaban los perfiles de las hombreras de la americana, las gafas de sol... -Pap... -susurr. El proyectil de Eva, por el contrario, vol rpidamente por los aires y alcanz a su objetivo en plena cara. -Quemaaaah! -grit Walter Stern mientras retroceda trastabillando. -PAP! -chill Ulrich, corriendo hacia l. No daba crdito a sus ojos Qu estaba haciendo all su padre, vestido de aquella manera y con una pistola en la mano? Ulrich observ a su padre, que se estaba secando la ropa y la cara con un pauelo. El el saln de La Ermita solo quedaban ellos dos. Una vez digerido el estupor inicial, Jeremy y Aelita haban ido a empalmar los cables de la luz que Walter haba cortado, mientras que Richard y Eva haban decidido dejarles un poco de privacidad a padre e hijo. Los amigos de Ulrich se haban quedado todos de lo ms sorprendidos, aunque mucho menos que l mismo. Su padre siempre haba sido un hombre fro y distante, grave y severo. Pero la mera idea de que estuviese implicado en aquel absurdo asunto... y que encima fuese nada menos que un hombre de negro! Ulrich reconoci a los tres siniestros canallas que los haban perseguido a Yumi y a l por las calles de Bruselas: Lobo Solitario y sus dos esbirros, Comadreja y Hurn. Los conoca su padre? -Demonios -dijo Walter Stern mientras volva a doblar el pauelo y lo dejaba sobre la mesa-. Menos mal que llevaba gafas de sol, que si no, ese potingue me poda haber dejado ciego. -Es una mezcla que ha preparado Jeremy -dijo Ulrich, encogindose de hombros-. Nos asegur que el efecto sera pasajero. Ya te has lavado la cara, as que no deberas tener ms problemas. Por primera vez, padre e hijo se miraron a los ojos. El chico se dio cuenta de que su padre era un hombre cansado. Su rostro mostraba los implacables zarpazos de las arrugas, y entre sus cabellos de abra paso un ejrcito de canas. -Se puede saber qu andas haciendo por aqu? -dijo el muchacho tras volver a suspirar. 36. -Podra hacerte la misma pregunta. Ulrich apret los dientes. Su padre y l siempre haba mantenido una relacin accidentada, y puede que hubiese llegado la hora de cambiar la situacin y hacerle comprender que ya no era un nio pequeo. -Mira que ya he entendido un montn de cosas -exclam-. Lo de Lobo Solitario, por ejemplo. Wlater no respondi, pero Ulrich not que por un instante sus ojos haban estado a punto de salrsele de las rbitas. -Tengo que hacer una llamada importante -murmur su padre mientras rebuscaba en los bolsillos de su chaqueta. Ulrich se inclin sobre la mesa que los separaba e hizo un esfuerzo por sonrer. -Primero t y yo deberamos aclararnos un par de cositas, no te parece? T me contars tu historia y yo har lo mismo. Y a lo mejor nos viene bien a los dos. Hasta el mismo se qued sorprendido de sus palabras. Aquellas frase contena cierta sabidura, y era ms bien el tipo de enunciado que podra haber hecho Jeremy. O Yumi. Al final iba a ser verdad que se estaba volviendo mayor. Tras unos instantes de silencio, Walter Stern empez a contar su parte de la historia. -Antes de nada tengo que decirte que lo he olvidado todo. Y en especial las cosas importantes. Usaron una mquina... bueno, eso ya te lo contar ms tarde. Era solo para advertirte que no podr explicarte lo que se dice todo. Tengo bastantes lagunas, y no puedo hacer nada al respecto. Ulrich asinti sin decir nada. Una mquina que borraba los recuerdos? Haba demasiados puntos de contacto con lo que le haba pasado al padre de Odd y a los padres de Yumi. -En los aos noventa -continu su padre- trabajaba para una gente muy peligrosa, una organizacin criminal. Por aquella poca yo viva aqu, en la Ciudad de la Torre del Hierro, mientras que tu madre viva contigo en otra ciudad. T an eras muy pequeo. Y no sospechabas nada. No saba que yo... no era un buen padre. Conoc a un profesor que me dijo que se llamaba Hopper. Me dieron dinero, mucho dinero, y a cambio yo iba a esperar a que Hopper completase sus experimentos para pasarles despus los resultados a los criminales. Ulrich sigui en silencio, pero se estruj la frente con las manos. No saba que decir. Quin era su padre, en realidad? -Aunque no result tan sencillo -prosigui Walter-. A cierta altura, una agencia gubernamental que estaba siguindole la pista al profesor se puso en contacto conmigo. Hopper... vers, con el paso del tiempo nos habamos hecho amigos. Y a pesar de eso yo acept venderlo, revelar dnde se ocultaba. Y lo traicion. Walter Stern estaba llorando. Ulrich apart los ojos de l, enfada y sin saber qu decir. Su padre era un traidor. Qu poda ser peor que eso?Tea ganas de irse de all y no volver a verlo jams. -Me dijeron que acabara en la crcel, que pasara all el resto de mi vida, que no os volvera a ver ni a mam ni a ti. Era eso o ayudarlos, cambiar de vida y confiar en que 37. ellos me protegiesen de los criminales con los que trabajaba. De modo que acept. Pero despus alguien me borr la memoria. No s cmo acabaron ni Hopper ni ninguno de los que trabajaban con l. No recuerdo nada ms que mi culpa. De la noche al da me encontr sin nada de lo que tena, ni aun mis propios recuerdos. Ni tan siquiera saba que haba vivido por aqu. Ese recuerdo no haba vuelto a salir a las superficie hasta esta maana, cuando me han ordenado que volviese a la accin. -Y entonces... por qu decidiste apuntarme precisamente a Kadic? -No lo s. A lo mejor se me haba quedado algo de todo eso dentro, en algn nivel de mi subconsciente... No lo se, de verdad. Walter se estaba sujetando la cabeza con las manos, y Ulrich lo miraba sin saber qu decir. Se le estaba pasando la rabia. Quin poda haberle hecho eso? Borrarle fragmento enteros de su vida, dejndole solo la culpa y el remordimiento. Durante ms de diez aos su padre haba cargado con el peso de aquel gran secreto encerrado en su pecho. -De modo que conoces a Aelita -dijo. -Quin? -La hija de Hopper. -No... -le respondi su padre mientras le lanzaba una mirada plagada de dudas-, no saba que tuviera una hija. O, mejor dicho, a lo mejor lo saba, pero... todo es tan confuso... -Vente conmigo -lo exhort Ulrich. El muchacho dej a su padre con sus amigos y sali de la casa. Necesitaba quedarse a solas para reflexionar. En aquel momento le habra gustado tener a Yumi a su lado: ella habra sabido decirle las palabras adecuadas. Pero la muchacha no estaba all, sino atrapada en un mundo virtual del que no poda salir... por culpa de su padre. Una vez en el jardn, Ulrich empez a realizar un Kata, un ejercicio de artes marciales que preestableca una serie de movimientos que haba que concatenar en un orden muy concreto. Eligi su favorito, que se llamaba Heian Sandan, el tercer Kata de la mente en paz. Por lo general aquel ejercicio lo relajaba y le permita ver las cosas con mayor claridad. Su padre trabajaba para los hombres de negro. Su padre era Walter Stern, el traidor. Sin previo aviso, volvi a venirle a la cabeza lo que Yumi le haba dicho tan solo unas horas antes. El hombre de los perros haba atacado al padre de Odd, que ms tarde, en el hospital, no haba dejado de farfullar cosas acerca de un tal Walter que lo haba traicionado, que lo haba despedido. Haba algn otro secreto por detrs de se? Algo que relacionara a su padre con los de Odd, y tal vez incluso con los de Yumi? Ulrich separ los pies y carg su peso sobre las rodillas, tomando la postura de Kibadachi, el jinete de hierro. Y luego se qued helado, sin lograr descargar el siguiente golpe. Tena que volver adentro y hablar con Jeremy. 38. Jeremy se limpi los cristales de las gafas con el jersey, y luego volvi a ponrselas, ajustndoselas sobre el puente de la nariz. Aelita, Richard, Eva, el padre de Ulrich y l se haban encerrado en la cocina de La Ermita, con Kiwi echado en el suelo, totalmente concentrado en un cuenco de leche. Ulrich, por su parte, haba salido al jardn. Despus de haber escuchado la historia de Waltern Stern, Jeremy entenda perfectamente el porqu. Desde el comienzo, Lyoko haba sido su aventura personal. Suya y la de Aelita. Despus, poco a poco, se haba ampliado al grupo formado por el resto de sus amigos. Pero ahora todo era bien distinto: el padre de Ulrich haba conocido a Hopper, y lo haba traicionado. Era como si de golpe aquel asunto hubiese empezado a quedarles grande. Cmo podan enfrentarse a agentes secretos y organizaciones criminales totalmente por su cuenta? Observ a Aelita. La muchacha estaba inmvil como una estatua, con los ojos rebosando de lgrimas. Para ella todo eso deba de haber sido un choque tremendo. Y el padre de Ulrich tambin estaba inmvil, abrumado por la idea de que la hija de Hopper solo aparentase trece aos. Ambos tenan un montn de cosas que decirse, pero habra de ser en otro momento. Lo que ahora haca falta era reflexionar y racionalizar. Y en ese tipo de cosas Jeremy era invencible. -Cmo se llamaba la organizacin criminal para la que trabajabas? Te acuerdas? le pregunt a Walter. -Lo he descubierto hoy al llegar a la ciudad -asinti el hombre-. Su jefe se llama Hannibal Mago, y el grupo terrorista, Green Phoenix. Green Phoenix. Ese nombre misterioso que estaba escrito en las alcantarillas y las puertas de acceso a la fbrica. Todo estaba empezando a cobrar sentido. -Y ellos no saben dnde se encuentran el superordenador, verdad? T eras el nico que lo saba, y lo olvidaste. -No -contest Walter, sacudindose la cabeza-. Yo... Yo no revel a nadie dnde estaba la fbrica: ni a los terroristas ni a los hombres de negro. Es una de las pocas cosas que recuerdo con claridad. Queran saberlo, por supuesto, pero mi memoria fue borrada antes de que pudiese hablar. Jeremy estaba a punto de relajarse sobre su sillas, satisfecho con la respuesta, pero Walter sigui hablando. -Pero, ahora tantos los agentes como los hombres del Fnix conocen la posicin del ordenador. Green Phoenix ha llegado a la fbrica esta maana. He visto a Hannibal Mago, y a un individuo con dos perros que llevaba una camioneta roja. Y a un montn de soldados. -No puede ser -exclam Jeremy-. Si hubiesen sabido dnde se encontraba el ordenador, por qu iban a esperar todo este tiempo para actuar? -No tena ni la menor idea -le respondi Eva- hasta que se lo dijimos nosotros. Te 39. acuerdas de la tecnologa del hombre de los perros, la que consegua desaparecer de los vdeos de nuestras cmaras de circuito cerrado? Me apuesto lo que quieras a que nos tena a todos bajo vigilancia, y debe de habernos seguido sin que nos disemos cuenta mientras bamos all. Jeremy solt un puetazo contra la mesa de la cocina. Qu podan hacer? En ese preciso momento Ulrich entr en la habitacin y se volvi hacia l. -Se me acaba de ocurrir una idea -exclam. Hannibal Mago sonri. Los tres hombres de negros estaban tirados en el suelo, atados de pies y manos con las bocas selladas por unas tiras de cinta americana. -Dnde te los has encontrado? -pregunt Mago. Grigory Nictapolus seal con el dedo ms all del portn de la fbrica, en direccin al puente que conectaba el pequeo islote con la tierra firme. -Los han descubierto mis cachorrillos -dijo mientras se le dibujaba media sonrisa en el rostro-. Estaban espindonos. Mago asinti y se dio media vuelta. Se hallaban justo al otro lado de la entrada, sobre una pasarela colgante de metal. La fbrica era una gigantesca nave de ladrillo rojo que tena una pared repleta de ventanas con los cristales mugrientos. En el piso que haba varios metros por debajo de ellos se cumulaban tuberas, manojos de cables enrollados y una gran variedad de maquinaria cubierta por una gruesa capa de polvo. Y luego estaba el ascensor que llevaba a los niveles subterrneos del superordenador. -Dido ha hecho su jugada, tal y como habamos previsto -sentenci Mago-. Pero n