la burbuja azul

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  • Un cerdo con una cofia de monja y un hombre desnudo estnsentados y se acarician mutuamente ante el asombro de otrohombre vestido, que sostiene un libro blanco sobre la cabeza. Enun alto trono de madera una gran figura azul de grueso torso, peropiernas y brazos muy delgados, est de perfJ mostrando unenorme ojo negro en su cabeza de pjaro coronada por una olla.Su mano izquierda va empujando dentro de su achatado y agresivopico el cuerpo desnudo de un hombre al que le salen golondrinaspor el ano. Debajo del trono, en una burbuja azul en forma deglobo, asoman una cara y unos brazos que luchan desesperadamen-te para no caer a un hoyo que est exactamente abajo de laburbuja, y en el cual unas nalgas grises defecan monedas y unamujer gorda y gris ayuda a un cuerpo opaco a vomitar un lquidonegro. Un manto tenuemente enrojecido le pasa entre las piernas ala gran figura azul, para caer en los lomos de una pequea figuraverde con escafandra y manos enramadas que trata de quitarle uncuerpo desnudo de mujer a un animal que la est poseyendo. Dosanimales que parecen perros con armadura devoran impunemente aun ser humano de actitudes expresivamente dolorosas. Un largopico asoma entre las rendijas de otra armadura de la que cuelga unpenacho con espinas al que est amarrado un pie sangrando, y dela armadura slo sobresale un muslo atravesado por una flecha.Dos mujeres sin ropas, ambas con flautas entre las nalgas, carganuna gran flauta dorada a la que una cara redonda y roja soplafuertemente salindole humo y una mano desesperada por el otroextremo, rodeados de figuras humanas que se tapan los odos,lloran, se desmayan o enloquecen rodeando un raro artefacto demadera. Desde el fondo de un tambor aparece un rostro gris,adolorido.

    Movi la cara ligeramente hacia la izquierda.Las cuerdas de un arpa atraviesan y sostienen por la piel a un

    cuerpo .abierto, crucificado de espaldas en el arpa. Otro serhumano est amarrado a un lad del que tratan de libertarlo unasmanos negras y misteriosas. Abajo del lad hay un libro de notasmusicales y medio cuerpo que tambin tiene notas musicalesescritas en las nalgas hacia las que seala una mujer con el ndice.Unas garras se apoyan en los hombros de esta mujer y sobre sucabeza resalta la cara negra de una fiera que lleva un libro rojosobre el crneo, ante el regocijo de una figura amorfa y desdenta-da. Animales de todos colores, de formas y ropajes extraosflagelan indefensos cuerpos de hombres y mujeres. Algunos deestos cuerpos tienen cuchillos clavados en la espalda y en la palmade las manos. Otras figuras amorfas tienen flechas o lanzas clavadasen el ano. Una espada decapita a un hombre vendado con un trapotransparente que se sostiene la cabeza con una mano. El torsodesnudo de una mujer balancea un dado que trae en la frente. Unhombre encorvado espa entre los dedos de su mano que le tapanla cara slo parcialmente. Dos cuerpos fornican parados de manos.

    Jaime Turrent

    LABURBUJAAZUL

    Innumerables cuerpos brotan del agua y penetran apresurados a ungran huevo. Un negro hace el amor con una rubia. Un enormeconejo sostiene una lanza a la que va amarrada una mujer desnuda.Todas las figuras humanas se metamorfosean en frutas, en pescadoso en monstruos.

    Dobl las reproducciones volvindolas a colocar entre los librosmientras retiraba la silla y se estiraba perezosamente. Apag elcigarro en el cenicero lleno de colillas y se acerc a la cama. Sucuarto, bastante reducido, no le permita caminar libremente y conganas de desperezarse se agach y levant repetidas veces. Poco apoco se fue quitando la ropa hasta quedar completamente desnu-do. Levant las sbanas y sin echrselas encima se tendi deespaldas sobre la cama, sin moverse, con la mirada fija en el techo.Unos minutos despus sus manos empezaron a tocar su piel por loscostados. Se sinti desnudo como pocas veces se puede estar,conociendo o reconociendo partes de ese cuerpo que por momen-tos pareca no pertenecerle. La luz de la lmpara sobre la mesallegaba tenuemente hasta l que se reconoca rosado y gris. Cesde acariciarse, se puso las manos bajo la cabeza y nuevamente sumirada qued fija en un punto indeterminado del techo. Sbita-mente salt de la cama. Apresurado y nervioso busc los cigarrosen la camisa y encendiendo uno se acerc a la mesa. Volvi a sacarlas reproducciones, las apoy en los libros y puso junto la lmparapara observarlas detenidamente. Con toda su desnudez se sent ala mesa paseando la vista por ese mundo inquietante y abigarrado.Las figuras le parecan ahora mucho ms vivas e imponentes. Sevolvi hacia la oscuridad y revis todos los rincones de lahabitacin. Un leve temor lo hizo estremecerse cuando su atencinvolvi a centrarse en las lminas. Revis lnea por lnea al cerdocon la cofia de monja, lo extrajo del papel y mirando hacia lacama lo deposit ah. Al hombre vestido que sostiene un librosobre la cabeza lo sent en una silla muy cerca de la cama, con ellibro en blanco abierto sobre las piernas, esperando el momentopreciso para escribir algo. Separ la figuras que hacen el amorparados de cabeza y las us para sostener los libros. Los perroscon armadura se situaron cerca de la puerta para no permitirle laentrada a nadie. Todos los cuerpos humanos, desnudos y azorados,empezaron a lamentarse por las heridas de los cuchillos y lasflechas y a luchar contra sus extraos atormentadores alrededordel cuarto. El pjaro azul devorador del hombre al que le salengolondrinas del ano ocup el centro de la habitacin junto con eltrono, la burbuja, el hoyo negro y los hombres que defecan en l.Las golondrinas empezaron a revolotear por la pequea habitacinmientras que el cuerpo que apenas asomaba en la burbuja, se fuehaciendo notorio poco a poco, cayendo lentamente hacia el hueconegro. La multitud asombrada que rodeaba el extrao artefacto demadera, se agolp ahora alrededor de la cama esperando ensilencio. Todos los cuerpos que tienen flautas clavadas en el ano, el

  • arpa con la figura de un hombre atravesado por las cuerdas, ellad el tambor del que asoma un rostro gris y al que golpea unan~aJ extraflsimo, se acomodaron en un rincn. El medio cuerpoque tiene notas musicales en las nalgas se acomod de manera queaqullos las vieran y la mujer em,Pez a sel'iaJ~ las n?tas con eldedo ndice. El arpa fue la pnmera en dejarse 01r. A cadamovimiento de las cuerdas el cuerpo temblaba intensamente, peroel sonido no era de metales. ran sonidos secos, graves, quevariaban i las vibraci nes se producan en la cabeza o en los pies,obrepasand la e aja mu ical. I dedo ndice segua marcando las

    nota a eguir. A c

  • unas a otras sorprendidas y nerviosas. La panza del cerdo empeza inflarse mientras cantaba cada vez ms fuerte abriendo el hocicoplacenteramente. El Pjaro Azul desde lo alto de su trono soltuna leve sonrisa y todos lo imitaron, aunque un poco temerosos.Expandindose sobre la cama, el cerdo segua inflndose, retirandoal otro cuerpo que inmvil se dejaba empujar. El hombre del libroblanco segua escribiendo excitado y sudoroso. El lad call.Ahora el tambor, apenas tocado, emita un grito apagado ydoloroso, pero interminable. Tambin cesaron los comentarios ylas risas. Ante la presin del cuerpo del cerdo que se ibaengrandeciendo impunemente, l haba llegado hasta el borde de lacama. Uno de sus brazos se separ del cuerpo y qued colgandosin fuerzas hasta el piso. Las flautas entonaron al mismo tiempouna triste meloda. Enorme y voluminoso, implacable en sucrecimiento, el cerdo se apoderaba de la cama y l se ibadeslizando del borde. Sus hombros y la mitad de su cabeza estabanya en el aire. La pierna derecha se fue separando y describi unlento semicrculo hasta tocar el suelo; el cuerpo qued ladeado,sostenido slo por la otra mitad que an poda apoyarse dbilmen-te sobre la cama. Su pierna izquierda tambin empez a ceder anteel empuje de esa mole hinchada y repugnante que adems seestaba apoderando de todo el espacio del cuarto. As comenz acaer, a resbalarse, dando una media vuelta lentsima en el aire, esepequeo espacio se haca infinitamente grande e intemporal, y lgozaba cada momento de la cada. Pero su cada no fue con ruido,sino callada y amable, como si una gran mano invisible y cariosalo depositara cuidadosamente sobre el piso, con la cara hacia latierra. El cerdo lanz un gruido voraz y estruendoso que paraliza las dems figuras y se desintegr sbitamente dejando sobre lacama la cofia de monja. La orquesta irrumpi violentamente consus torbellinos y silencios. El Gran Pjaro Azul se puso de pie enel trono juntando los brazos con ademanes rituales. Todos losespectadores danzaban con alegra y se felicitaban eufricos. Sindescender del trono el Gran Pjaro Azul alarg los brazos y tomel cuerpo desnudo del cado. Con gran solemnidad lo sostuvo porlos muslos con su mano izquierda y sentndose nuevamente en eltrono lo coloc cerca de su pico enormemente abierto. Y comenza deglutido, pausadamente, introducindolo con satisfaccin en supico, pero al nuevo sacrificado le salan cuervos del ano. Unoscuervos grandes y negros que apenas fuera de la vctima devorabanimplacables a las golondrinas ante el regocijo de las figuras quevolvieron a flagelarse, se clavaban ms cuchillos en el cuerpo,fornicaban y se destruan en una orga tumultuosa en la que yanada tena orden ni lugar. Los cuervos se multiplicaban en eseespacio reducido donde todo era movimientos violentos, gritos deplacer y de dolor, todos dentro del cuarto se confundan desorde-nadamente, menos el Gran Pjaro Azul que una vez completamen-te engullida su presa eruct satisfecho el ltimo cuervo cuando

    "A ~ AililIIa~.

    simultneamente el hombre apareca en la burbuja azul con losojos muy abiertos. Con una expresin mezcla de asombro eindiferencia su cuerpo se fue estirando despreocupadamente en laingravidez de la burbuja hasta acomodarse en cuclillas metiendo lacabeza entre las piernas y los brazos. Pronto empezara a deslizarsesuavemente hacia el abyecto hueco negro.