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Jasper, Griffin - Homero (Alianza)

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  • L a biografa de H O M E R O se ha perdido en el esplendor de su fama hasta el punto de que ese nombre es ya slo una referencia mtica y un sinnimo de la creacin pica. Aunque los griegos atribuyeran a una misma persona la gloria de la lliada v la Odisea, los especialistas contemporneos afirman que los dos poemas, separados al menos por una generacin, tienen autores diferentes y ofrecen cambios apreciables en sus concepciones sobre la moralidad y el herosmo. La lengua, la arqueologa y la historia permiten conjeturar que un poeta genial compuso la Miada en torno al 725 a. de C. en algn lugar de la costa del Asia Menor o de las Islas del Egeo, mientras que la Odisea, profundamente influida por la obra precedente, tuvo un origen ms tardo. En cualquier caso, el propsito fundamental de JA S P E R G R IFFIN no ha sido realizar un anlisis comparativo entre ambos poemas, sino aflorar el pensamiento y los valores que subyacen a estos dos prodigiosos textos. La pica homrica, que versa sobre acontecimientos relacionados con la Guerra de Troya, cuyo recuerdo fue conservado por la tradicin oral tras la destruccin de la refinada cultura micnica, sigue transmitiendo todava a los hombres de nuestro tiempo ideas y sentimientos imperecederos.

    El libro de bolsillo Alianza Editorial

    Cubierta: D

    aniel Gil

  • Jasper Griffin Homero

    El Libro de Bobillo Alianza Editorial

    Madrid

  • Ttulo original: Esta obra ha sido publicada en ingls por Oxford Unit ersirv Press Imo el ttulo Unmtr.

    Traductor Antonio Guzmn Guerra.

    S Jasper Griffin 1980Ed. cast.: Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1984 Calle Miln, 38; 2000Q45 ISBN: 84-2064)049-0 Depsito legal: M. 25.977-1984 Papel fabricado por Sniace, S. A.Impreso en Lave!. Los Llanos, nave 6. Humanes (Madrid) Printcd in Spain

  • Prefacio

    Este libro no pretende ser primordialmcnte un estudio sobre el fondo histrico de los poemas homricos, ni sobre su autenticidad, ni tampoco sobre sus cualidades poticas, aunque en l se diga algo sobre estos temas. Su intencin ms bien es la de explicar el pensamiento que bajo estos poemas subyace, y que a travs de ellos nos llega, sin dejar de mencionar su importancia para la posteridad hasta nuestros dias.

    Soy consciente al escribirlo de la deuda contrada con el trabajo de muchos eruditos y estudiosos desde los tiempos antiguos hasta nuestra poca. Como el reconocimiento pormenorizado de la misma es imposible, espero que el que ahora hago con carcter general no parezca un mero formalismo. Me han ayudado a mejorar mi libro el editor de esta serie, Sr. Keith Thomas, as como el Dr. Henry Hardy, de la Oxford University Press. Tambin mi esposa tuvo la gentileza de leer las pruebas.

    He intentado dar la referencia de aquellos pasajes de los poemas que resultan importantes para mi argumentacin. Al

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  • 8 Jasper GrifTin

    hacerlo, he utilizado nmeros arbigos para los libros de la /liada, y nmeros romanos para los libros de la O disea; as, 7.64 significa: verso 64 del libro sptimo de la liada, mientras que VI 1.64 designa su correspondiente lnea en la O disea.

  • I. La pica homrica

    Ningn esfuerzo invenido en cualquiera de los graneles cUsicos universales, si realmente va acompaado de un cieno resultado, puede considerarse en realidad vano. Es preferible escribir una palabra en la roca a cien sobre el agua o en la arena. (W . E. Gladstonc, Shidics

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    bro como ste es que debera, por supuesto, leer los poemas, ya que ningn libro escrito sobre ellos puede competir en inters o deleite con los propios poemas picos. Hay muchas tradcelo- nes donde leerlos, aunque ninguna es completamente satisfactoria. Dado que en la literatura inglesa no existe nada de la misma naturaleza que Homero, tal vez por eso no hay nada que pueda tomarse como modelo, al modo como, sin embargo, un traductor suficientemente dotado podra, en principio, traducir Sfocles a un estilo semejante al de Shakespeare, o traducir Virgilio a un estilo semejante al de Milton. I.as traducciones que aparecen en este libro son una actualizacin de las ltimas versiones hechas en poca victoriana por Lang, Leaf y Mycrs (Macmillan, 1882) para la liad a, y por Butchcr y Lang (Macmillan, 1879) para la O disea, los cuales se propusieron verter a Homero en una prosa que fuera sencilla a la par que levemente arcaizante. Sin embargo, el enorme xito de las traducciones de E. V. Rieu en la Coleccin Penguin testimonian el poder de fascinacin que Homero tiene incluso en un tono ms coloquial*.

    Ambos poemas versan sobre acontecimientos conexos con la leyenda de la guerra de Troya. Cuando, varios cientos de aos despus de la poca de Homero, los griegos llegaron a ser fillogos e historiadores, entraron a discutir la fecha de la cada de Troya. La datacin ms generalmente aceptada fue la del ao 1184 antes de Cristo. Para el poeta, los acontecimientos que narra se sitan en un pasado bello y lejano, cuando los hombres eran ms altos y ms fuertes de lo que ahora son, y los dioses iban y venan entre aqullos. No se nos dice cunto tiempo hace de esto, ni por qu no haba hroes nacidos de dioses en los das del poeta. Por lo tanto, que Homero no lo haga es una opcin deliberada y coherente con la tendencia de su obra, ms interesada en la descripcin de los acontecimien

    Las traducciones entrecomilladas reproducen, con muy leves retoques por nuestra parte, el texto de D. Ruiz Bueno para la liada, y el de J. M. Paljdn para la Odista. (N . de! T./

  • t lomera

    tos en s mismos, con toda su grandeza y su fuerza, que en un intento de racionalizarlos y justificarlos.

    La guerra de Troya comenz porque Pars, prncipe troya- no, sedujo y rapt a la hermosa Helena, esposa del aqueo Me- nelao, rey de Espaa. Es un rasgo poco romntico que robara tambin mil tesoros con ella (13.626). Tras este relato, aunque suprimido por Homero, subyacc la leyenda del Juicio de Pars: convocado ste a decidir cul de las tres era la ms hermosa, llera la reina de los dioses, Atenea la virgen guerrera, o Afrodita diosa del amor, eligi a Afrodita, que le premi con la ms hermosa mujer del mundo. En su primitivo origen se trataba de una alegora de carcter moral: cul es la mejor y ms apetecible vida para un hombre ser un gran rey, ser un poderoso guerrero, o vivir en medio de placeres? Lo importante del relato fue que la desastrosa eleccin de Pars arruin a su pueblo. Pero algp tan moral y tan palmariamente explcito resultaba extrao a las costumbres de Homero, por lo que, segn hemos dicho, lo suprimi, haciendo del odio de Hera y Atenea a la ciudad de Troya algo siniestro y poco explicado.

    El hermano de Menelao, Agamenn, rey de la rica en oro M icenas, era el rey ms importante de Grecia. Prepar una gran expedicin para cruzar el Egeo, castigar a los t royanos, y recuperar a Helena. El ejrcito estaba formado por contingentes diversos, cada uno de los cuales traa al frente a su propio caudillo. El ms importante guerrero era Aquilcs, hijo de la nereida Tetis, y su padre era un mortal. Peleo; Ayante, Uli- ses, Diomedes y Nstor se encontraban entre los hroes aqueos. Cuando comienza la liada, los aqueos (a los que tambin se denomina argivos y daos) estn en Troya, y en seguida se nos informa de que ya llevan all nueve aos.

    La accin de la liad a comienza con una querella entre Agamenn y Aquiles a propsito de un reparto del botn. Tras una violenta discusin Aquiles se retira de la lucha a su campamento, y solicita de su madre que utilice toda su influencia ante Zeus para causar la derrota de los aqueos, a fin de que stos se vean forzados a suplicarle que regrese al campo de bata-

    I I

  • 12 Jasper Griffin

    lia para salvarlos. Este plan se va cumpliendo gradualmente, y ya en el libro noveno Agamenn, desesperado, enva una embajada con regalos a Aquiles por si ste quiere reincorporarse. Est claro que de acuerdo con el cdigo normal entre hroes Aquiles debera ceder, pero se siente tan agraviado por el trato recibido que su apasionada clera no le va a permitir hacerlo. As la guerra contina sin l, llegando los aqueos a estar ms y ms apurados, y resultar heridos sus campeones, hasta que finalmente I lector, con la ayuda de Zeus, se abre camino hasta las naves c intenta prenderles fuego (libro dcimoquin- to). En este momento, el ms querido compaero de Aquiles, Patroclo, se compadece y no puede soportar por ms tiempo los desastres de sus compaeros, y Aquiles le autoriza a ir al campo de batalla a ayudarles, para lo cual le presta su propia armadura. Despus de varios xitos importantes muere a manos de Hctor, quien le despoja de la armadura de Aquiles. Abrasado por la clera y el dolor, Aquiles decide dar muerte a Hctor, a pesar de que su madre le ha hecho saber que tras la muerte de I lctor l mismo al punto le seguir; Aquiles mata a buen nmero de troyanos hasta encontrarse finalmente cara a cara con su enemigo, que se da la vuelta para escapar, aunque termina por quedarse y luchar, encontrando all la muerte. Aislado an en medio de su pena y su odio, Aquiles no accede a devolver el cuerpo de Hctor para ser enterrado, sino que lo arrastra de su carro. En el ltimo libro intervienen los dioses para hacer que Aquiles lo entregue. Pramo aparece durante la noche y recupera el cadver de su hijo. El anciano rey y el asesino de su hijo lloran juntos, reconocindose su recproca grandeza, as como la comn desdicha del ser humano, y el poema concluye con el funeral de I lctor y las lamentaciones sobre su cadver.

    I.a O disea comienza diez aos ms tarde, y trata de las aventuras del ltimo hroe que regresa desde Troya a su casa. Entre ambos poemas ha acaecido finalmente la cada de la ciudad, al dcimo ao de comenzada la guerra. Una mirada retrospectiva nos proporciona una visin rpida del caballo de

  • I lomera 13

    madera, en cuyo interior los aqueos se introdujeron en la ciudad, del incendio de Troya, de la catica situacin en que partieron los vencedores, borrachos e insolentes, y de los desastres que la mayora de ellos iban a sufrir durante su regreso a casa. Aquiles muri antes del saqueo de la ciudad, y Ayante se suicid poco despus; y por encima de todo, el rey Agamenn, que regresaba triunfante, fue asesinado por su infiel esposa y el desleal amante de sta. Los episodios que enlazan ambos poemas han sido cuidadosamente organizados y puestos en boca de algunos personajes, especialmente de Nstor en el libro tres, y de Menelao en el libro cuarto.

    El poema en s trata del regreso de Ulises (el hroe ms astuto y paciente) a su casa en Itaca. Al comienzo l est apartado del mundo, alejado por completo en una isla que pertenece a la ninfa Calipso, quien, enamorada de l, no le permite marchar a pesar de que l siente nostalgia por su patria. Mientras tanto, su esposa Penlope es objeto del molesto cortejo de los prncipes locales, quienes se banquetean en su palacio al tiempo que consumen sus provisiones y su vino, con el propsito de forzarle a que se case con uno de ellos. Su hijo Telmaco, que era un nio cuando su padre parti, ha sido hasta este momento un espectador impotente. El poema tiene una trama doble, en contraste con la trama nica de la liad a ; en los cuatro primeros libros la diosa Atenea anima a Telmaco a retar a los pretendientes y a salir en busca de noticias sobre su padre. Nstor y Menelao le acogen hospitalariamente, y contemplamos cmo crece en el curso de sus viajes. En los cuatro libros siguientes Calipso, por orden de Zeus, deja en libertad a Ulises; construye ste una balsa en la que se aleja, y naufraga frente al pas de los feacios, un pueblo mtico. En los libros noveno al dcimosegundo Ulises les cuenta el largo relato de sus vagabundeos y sus peligrosos encuentros con las sirenas y los cclopes, as como su estancia en el Mundo de los Muertos. Luego los feacios le acompaan hasta su patria y lo dejan en Itaca. Las dos tramas se unen cuando Telmaco tambin vuelve de regreso a casa, y evitando una emboscada de los

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    pretendientes, se rene con su padre. Disfrazado de mendigo, el hroe sufre los abusos de los pretendientes en su propia casa. Finalmente Penlope parece rendirse. Entre lgrimas acercan el gran arco de Ulises: obtendr la mano de Penlope aquel pretendiente que sea capaz de enhebrar el arco y atravesar con su disparo una fila de hachas. Ninguno de tos pretendientes puede ensartar el fuerte arco; el hroe por fin lo toma en sus manos, ejecuta la tarea asignada y a continuacin, con la ayuda de su hijo y dos leales servidores, da muerte a los pretendientes. Tras reunirse con Penlope concluye el poema, con el vano intento de los familiares de vengar a los pretendientes; finalmente Atenea impone la paz en la isla.

    Hay que decir desde un principio que, excepcin hecha de los poemas que bajo su nombre nos han llegado, no sabemos nada de Homero como hombre. Cuando los griegos llegaron a interesarse por la biografa no se conservaba nada sobre este hombre al que consideraban autor de sus mejores joyas literarias. Es una mera leyenda romntica el suponerle un aedo ciego. Los griegos atribuyeron los dos poemas a un solo hombre, y tan slo algunos excntricos los asignaban a dos poetas distintos; en la actualidad, la mayor parte de los especialistas creen que la liad a fue compuesta en primer lugar, y que la O disea tuvo un origen aparte y algo ms tardo, y que el segundo poeta estaba influido por sus conocimientos de la lia da. Estas afirmaciones basan en parte sus conclusiones en argumentos tcnicos, relacionados con rasgos de la lengua, aunque algunos otros son ms generales; sobre ellos volveremos en el apartado que este libro dedica a la Odisea. Los dieses observan en la O disea un comportamiento distinto, donde se encarna tambin otra concepcin tanto del herosmo como de la moralidad, mientras que la liad a brinda una descripcin del mundo altamente selecta, que a su vez da lugar a una gama de intereses mucho ms abierta y variada en la Odisea. No es norma del gnero pico el que un poeta hable de s mismo; es la Musa quien le inspira y quien habla a travs de l, y as en los veintisiete mil versos de los poemas homricos no se nos rea-

  • Homero 15

    ta un solo hecho del poeta. El individuo Homero se ha perdido en el esplendor de la creacin homrica, y su nombre, en efecto, no es otra cosa que un sinnimo de la propia pica. Algunas caractersticas de la lengua, la arqueologa y la historia sugieren que fuera en tom o al 725 antes de Cristo, y en algn lugar de la costa de Asia Menor o en alguna de las islas del Egeo, cuando un poeta genial concibi el plan de la liada, y que aproximadamente una generacin despus un segundo poeta compuso la O disea, con la intencin de crear un poema que en proporcin y en plenitud rivalizara con la Hada.

    Una vez compuestos, nunca pasaron estos dos poemas de moda, y nunca se les perdi de vista. El destino corriente de este tipo de primitivos poemas picos, como son el ingls Beo- w ulf o el islands E dda, es el quedar desfasados y marginados, y si tienen suerte ser finalmente redescubiertos. A veces, como ocurri en la antigua Roma, llega un momento en que se les considera dignos de estudio, pero para entonces ya estn perdidos definitivamente. lx>s poemas de Homero nunca corrieron esta suerte, sino que han sido ledos ininterrumpidamente desde su creacin, primero en Grecia y ms tarde tambin en Europa occidental. Es esta una diferencia que les distingue del resto de la literatura antigua, excepcin hecha del Viejo Testamento; los escritos de los egipcios, los sumerios, los babilonios, y todos los dems quedaron olvidados por el mundo durante muchos siglos, y slo recientemente han sido descifrados por el trabajo de fillogos occidentales. Razones distintas, de tipo histrico y geogrfico, mantuvieron a nuestros antepasados en el desconocimiento de literaturas como las de la India y la de China. De ah que tampoco ellas pudieran influir directamente en la cultura y la historia europeas.

    Aunque nosotros no podemos leer los poemas que precedieron a los de Homero, es importante para la comprensin de la hazaa homrica tener una idea del fondo del que emergi. Esto presenta diversos aspeaos. Primero, los pueblos indoeuropeos, de quienes los griegos descienden, tenan una tradicin de poesa pica. Encontramos una supervivencia repre

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    sentativa, por ejemplo, en la antigua literatura de la India, en las primitivas sagas germnicas, en el poema anglo-sajn Beo- wulf, y en antiguo irlands. Temas tales como la retirada de un hroe, las luchas a muerte entre parientes o amigos, la lealtad feudal y la desobediencia, y sobre todo la venganza, son argumentos recurrentes en todos ellos; as, el concepto de gloria acta como mvil y recompensa del guerrero. Podemos ver cmo Homero deriva en ltima instancia de esa tradicin, y merced a su comparacin con otras ramas de la misma, reconocemos a veces la individualidad de los poemas homricos. La venganza, por ejemplo, es un motivo central en ambas epopeyas, pero cuando observamos la tradicin germnica, con su violento arrebato de autodestruccin a la que sus hroes y heronas, por igual, se ven abocados con frecuencia por su ansia de venganza, comprobamos el gran contraste que existe con el calculador racionalismo de Ulises, contraste que se hace tal vez an mayor al compararlo con el profundo au- toconocimiento y comprensin humana que aparece en la escena en que Pramo se encuentra con su enemigo Aquiies en el ltimo libro de la liad a.

    A ms de esta tradicin heredada, los antiguos griegos entraron en contacto con las civilizaciones del Este, ya antiguas e impresionantes. Las hazaas de los poemas de Homero se sitan, tmidamente, en la Edad del Bronce, cuando Miccnas era rica en oro; es decir, en el perodo que nosotros llamamos micnico, en tom o a 1400-1200 antes de Cristo. Los poemas adquirieron su forma definitiva mucho ms tarde, aunque encarnaban recuerdos reales de esa poca ms antigua. Fue sta una poca de contacto cultural e incluso de un cieno grado de uniformidad cultural sobre una extensa rea, desde Grecia y a travs del mar Egeo hasta los hetitas de Anatolia, los reinos cananitas como Ugarit, en lo que actualmente es Siria, Chipre, Egipto, e incluso Mesopotamia. Estos reinos comerciaban, mantenan relaciones entre s, y estaban unidos por matrimonios dinsticos. Ms imponante an, tuvieron una produccin literaria que, como sabemos, influy en Grecia.

    Jasper Griffin

  • Homero 17

    Por ejemplo, Homero est familiarizado con la leyenda de que Zeus tuvo como padre a Crono, y que su abuelo se llamaba Urano, cada uno de los cuales haba sido sucesivamente desalojado de la cspide divina por su propio hijo. Esta sucesin de dioses celestes no se explica segn la primitiva concepcin indoeuropea, sino que la han debido conocer y tomar en prstamo de fuentes orientales con anterioridad al ao mil antes de Cristo. Adems, en Homero encontramos con frecuencia escenas en que todos los dioses se renen y discuten los actos y el destino humano. Tambin es ello un rasgo importante que deriva del Este, pues encontramos este tipo de reuniones divinas en la literatura de Mesopotamia y Siria. Especficamente son ajenos a la religin griega.

    Estos dos conjuntos de tradiciones convergen en la pica de Homero. Debemos ahora considerar tambin la realidad histrica. Los poetas guardaban un recuerdo heredado de que haba habido un tiempo en que el rey de M icenas fue un gran soberano, cabeza de una hueste con armas de bronce, en una Grecia en la que las tribus dorias, tan poderosas en su propia poca, an no haban llegado, al ser la ltima migracin de invasores del Norte. Nosotros sabemos ahora que la realidad histrica fundamenta estas ideas. M icenas, que en poca clsica era un lugar sin importancia, haba sido realmente una poderosa fortaleza en aquellos lejanos das. Pero los propios ae- dos, que vivan en las comunidades menores de Grecia y en las peores circunstancias tras la destruccin de los palacios mi- cnicos, ya no comprendan realmente cmo fue aquel perodo anterior ni cmo funcionaba. Los hroes y su mundo aparecen tom o analfabetos, a pesar de que sabemos que los mic- nicos histricos tenan complicados registros burocrticos. La posipin del rey Agamenn es oscura; es el comandante supremo y en cierto sentido ms regio que los dems, aunque generalmente se considera a los dems como sus iguales, libres para acompaarle o para abandonar la expedicin, y cuando Aquiles amenaza con embarcarse de regreso a casa desde Troya, Agamenn slo puede decirle: Huye all, enho

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    rabuena, si es que tu corazn te empuja a la fuga, que no pienso suplicarte que por mi amor te quedes; a mi lado otros hay que sabrn sin duda honrarme, y el consejero Zeus antes que nadie (1.173). En algn momento observamos una descripcin realista de las circunstancias de los reyes homricos, ms prxima a la de los granjeros de la Edad Oscura que a la de los poderosos soberanos que construyeron las potentes fortalezas de Micenas y Tirinto, unos siglos antes. As, los hijos de Pramo aparejan personalmente su coche, mientras l los increpa por vagos y golfos (24.247-280); personalmente Pramo alimenta sus propios caballos (5.271). En la O disea, la llegada inesperada de dos. huspedes provoca la extraeza en los sirvientes de si la casa de Menelao ser capaz de acogerlos (iv. 26-36). Pero en otros momentos los palacios homricos aparecen en trminos impresionantes, aun cuando de manera vaga.

    Por encima de todo, la poca de Agamenn se nos presenta como una edad heroica. No se trata simplemente de un perodo de la historia del pasado que resulta ser interesante. Ix>s hombres de estos das eran mayores y ms robustos de lo que somos nosotros, y estaban ms prximos a los dioses, que intervenan directamente en sus actos y se unan a ellos sobre la tierra. Debido a esta conducta de los dioses, esta poca fue una poca especial, y las acciones tenan consiguientemente el carcter de ser representativas de la vida humana como un todo. Nosotros podemos ver y comprender la naturaleza y lmites de la vida humana mientras los dioses intervienen en ella; slo as se hace el mundo transparente y podemos ver las fuerzas divinas actuar veladamcnte, mientras que estn ocultas en la vida corriente. Muchos pueblos han creado poesa sobre una poca heroica, e implcitamente tenan la idea de que aquello a lo que se aspira no era una representacin puramente naturalista o sinceramente histrica de una etapa del pasado, sino que debido a que este perodo se senta como algo especial, y a la trascendencia que tuvo, es por lo que las leyendas en torno a l eran mitos; la edad mtica fue bastante bre-

  • Homero

    ve, tan slo dos o tres generaciones en tom o a la poca de las guerras de Tebas y de Troya, y sin embargo, durante el perodo de mil aos que dur la Antigedad se ha considerado a aquella poca como algo separado y que continuaba siendo tema para la poesa, la tragedia, la pintura y la escultura. De Grecia y Roma pas al arte de la Europa renacentista y se dio por cosa natural que las primeras peras que se produjeran en Italia fueran sobre temas de la mitologa griega, como lo fuera para Shakespeare escribir Venus y A donis, a Hndel componer A cisy C alatea, y a Leonardo, Ticiano y Poussin representar temas de mitologa.

    Uno de los rasgos ms caractersticos de la mitologa griega es que est dominada por hroes y relatos heroicos, fisto es lo que la hace nica entre las dems mitologas del mundo. Normalmente encontramos en ella mucho ms acerca de los dioses, acerca de la creacin del mundo y acerca de la fertilidad de plantas, animales y hombres; e incluso acerca de la actividad de animales que pueden hablar y poseen cualidades humanas o sobrehumanas. En la mayor parte de las mitologas los hroes apenas se dejan ver o estn por completo ausentes. La posicin preeminente de los poemas homricos en la literatura griega va unido a esto, aunque no estemos en condiciones de establecer la simple relacin de causa a efecto. El volver a poner juntos lo que es colosal, lo vago, y lo bestial, con la imagen humana y la escala humana es tal vez el logro ms vital y ms duradero de Grecia, tanto en literatura como en arte. En la liad a este logrtf parece absolutamente conseguido.

    Esto no se logr sin una cautelosa meditacin y un refinamiento, ni sin la cuidadosa combinacin de elementos diferentes. Vemos que en la H ada y la O disea se combina rasgos del pasado mundo micnico con otros de los das del propio poeta. Por ejemplo, lo hroes aparecen representados de forma consciente como guerreros que luchan con armas de bronce, aunque incidentalmente algunos detalles revelan que los poetas estaban perfectamente familiarizados con armas de hierro. Cara a cara enfrentan caracteres humanos e histricos con

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  • 20 Jaspcr Griffin

    otros que tienen un origen completamente distinto, como Helena, que era originariamente una diosa de la vegetacin, que fue robada y devuelta como Persfonc diosa de los cereales, hija de Demtcr, y como Aquiles, que es el caudillo de un pueblo por completo mtico, los mirmidones, y que es el hijo de una diosa del mar, y que en la ms primitiva poesa griega (aunque no en Homero) era, como Sigfrido, invulnerable salvo en un punto de su cuerpo. Se incluye entre los guerreros que luchan en Troya a los (icios, que viven al extremo opuesto del Asia Menor, y tambin a Diomedes, que no pertenece al mito del ciclo troyano sino al del ciclo tebano; mientras que en la O disea encontramos pueblos mgicos como los feacios, y fantsticos monstruos como los Cclopes. En todo ello, estos poemas no difieren del poema germano de los Nibtlunpps, que combina figuras histricas con hroes mticos, y desplaza a su antojo a sus personajes de un siglo a otro. Estas diferencias de origen no se le hacen evidentes al lector a causa del enrgico estilo de Homero y la consistencia de la descripcin que del mundo hace Homero. Cuando los crticos las ponen en evidencia, nos pueden ayudar a apreciar estas cualidades con mayor intensidad.

    Los poemas estn compuestos en una mtrica compleja. Al igual que los dems versos griegos, se basa en unos esquemas de slabas largas y slabas breves; el acento de intensidad que caracteriza la poesa inglesa no exista en la lengua griega antigua*. La unidad base es un verso largo, que permanece constante en su esquema bsico, aunque admite variaciones sometidas a un cierto control, de tal suerte que el verso puede contar de doce a diecisiete slabas. Tanto la extensin como la complejidad de este verso resultaban infrecuentes en el verso heroico. La lengua posee un tono potico conscientemente buscado, y contiene palabras cuyo significado era ya oscuro

    * Kn espaol tambin existe el acento intensivo, del que careca la lengua griega antigua. Por contra, la alternancia brcve/larga es irrclcvanic en nuestra lengua.

  • I tornero

    para los propios aedos, aunque todo el mundo entenda que pertenecan al estilo de la pica. Al propio tiempo, puede ser muy directa y simple, y en modo alguno posee esa ampulosidad exenta de humor que es, tal vez, el defecto caracterstico del estilo de poetas como Virgilio, Milton y Racine. Matthew Arnold, en su provechoso librito On Tram lating Hom er, da como caractersticas principales del estilo homrico: Es eminentemente rpido; eminentemente llano y directo., y eminentemente noble.

    I lay un rasgo notable en los poemas que requiere especial com entario, dado que aunque es un asunto relativo al estilo tiene tambin consecuencias de tipo ms general, l^os poemas homricos se distinguen de toda la restante tradicin pica, excepcin hecha de aquellos que derivan de los propios poemas homricos, por la gran extensin de sus smiles, comparaciones que a veces ocupan hasta una docena de versos. En ocasiones, un hroe se comporta simplemente como un len, lo cual puede ser ampliado hasta casos como en los que leemos, por ejemplo:

    l*cro del otro lado. Aquilea frente a frente levantndose, como fiero Icn que gentes muchas, todo un pueblo para ello reunido, a todo trance matar quieren; y l, primero, desdeoso camina de la chusma; pero un mozo, de los que Ares con su mpetu enfurece, con la lanza le dio, y la fiera entonces, parece recogerse boquiabierta, la espuma entre los dientes le rebosa; dentro del corazn el aliento potente se le estrecha; con la cola, a ambos lados, las ancas y costados se sacude, y a s mismo se incita a la batalla, y ya, ya, con mirada centelleante, derecho por su ardor se precipita, a matar de los hombres al que pueda, o a morir all l mismo, en la lnea primero combatiendo; tal entonces su ardor, tal su nimo arrogante incit a Aquiles a enfrentarse con el gran corazn del noble Eneas (20.164-175).

    Este tipo de comparaciones es un fin en s mismo, un fragmento de decoracin y variedad impresionante, y a menudo se despliega de tal manera que el smil se aparta del objeto que describe. Aqu, por ejemplo Aquiles no resulta herido, ni apa

    ; i

  • Jaspcr GritTm

    rece atacando a todo un grupo de hombres. Sin duda se ha evitado la exacta correspondencia de un modo deliberado; en vez de una misma descripcin dos veces repetida, lo que vemos son dos descripciones diferentes.

    La mayora de los smiles son, obviamente, heroicos, y en ellos intervienen leones, jabales, serpientes, tormentas, inundaciones, y fuegos en el bosque; otros se derivan de los rboles, nulxs, estrellas, o el mar en calma. Aparecen la mayor parte de las actividades Rumanas, algunas de las cuales son eminentemente prcticas. As, la tarca-agrcola del regado, arar la tierra, segar, trillar y pisar, el grano; tambin algunos oficios especficos como el herrero que enfra el hierro al rojo vivo, leadores manos a la obra, la rueda del alfarero, curtidores estirando la piel de un buey, un carpintero taladrando una viga, un escultor sobredorando una estatua, o una mujer pesando lana. Vemos una nia que llorando tira de la falda de su madre, mujeres enzarzadas en una ria callejera, una viuda que se lamenta sobre el cadver de su marido, un padre que se repone de una enfermedad. Hay tambin smiles poco nobles. Cuando se produjo la lenta retirada de A yante, asediado por una hueste de troyanos, se le compara con la lenta salida de un asno de un campo de trigo bajo los dbiles golpes de unos nios pequeos; o Atenea protegiendo de una flecha a Mcne- lao es comparada a una madre que espanta una mosca de su nio dormido; o cuando se compara a Ulises, que se revuelve y se agita por su impaciente clera, con una morcilla que se asa sobre el fuego ( 1 1.558, 4 .130, X X .25).

    Estos smiles aaden un mayor nfasis, y pueden controlar la reaccin emocional del auditorio presentndoles objetos y escenas de una manera determinada, en trminos a menudo de cosas excitantes y peligrosas. Pero tambin permiten al poeta incluir aquellos aspectos del mundo que no tendran cabida en el poema de otra manera: la naturaleza salvaje, las pacficas actividades agrcolas, o los diversos oficios y destrezas. Homero est seguro de que el cmulo de material que puede ser descrito en estilo elevado, sin riesgo de caer en trivializa-

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  • I lomero 23

    ciones ni anti-clmax, es enorme; el mundo entero puede ser tratado por el poeta pico, y no slo las guerras y la muerte contina. Esta capacidad de incluirlo todo contribuye a crear en el lector la conviccin de que la justicia se est haciendo realidad, y no slo en reas especialmente elegidas de sta, y ello es algo importante. Se ha dicho que en E l P araso Perdido no tiene cabida un nio, debido a que la naturalidad de un nio supondra un contraste en exceso chocante con el formalismo de estilo del poema; este tipo de crtica no puede hacerse a Homero. En la historia posterior de la influencia de los poemas homricos un estudio fascinante que aqu no se puede tratar no es sta la fiarte de su legado menos importante. Alexander Pope escribi que la naturaleza y Homero eran una misma cosa (Essay on CrUtrsm, 124), y la existencia de los poemas de Homero ense a los poetas ingleses que resultaba posible ser natural y ser tambin potico en el ms excelso grado.

    En nuestro siglo han surgido una buena cantidad d trabajos a propsito de la teora, que se hizo famosa gracias al estudioso americano Milman Parry (1902-1935), de que los poemas de Homero eran poesa oral. Algunos rasgos de los poemas se compaginan mal con la poesa escrita; esto es obviamente cierto en los adjetivos, repetidos en lugares fijos, que acompaan al nombre de cada hroe importante, o en la mencin de objetos recurrentes como son la espada o las naves. Ulises rico en ardides, Aquiles de pies ligero, Agamenn pastor de hombres, cncavas naves, el mar que brama sonoro; stos y otros parecidos plantean una dificultad notable para el traductor, dado que omitirlos supone una falsificacin de la poesa, y expresarlos en cada ocasin equivale a darles en una lengua moderna un nfasis que en la original no poseen. Con estas frases aparecen repetidas constantemente lneas enteras como extendieron sus manos sobre los manjares que presto estaban, o as le pareci a l, mientras daba vueltas en su mente sobre la solucin ms acenada. Y an en mayor escala, escenas completas como las de un guerrero armndose

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    para la batalla, o una multitud bogando y remando en un barco, o el sacrificio de un animal, se repiten sin alteracin; y cuando se enva a un mensajero con un comunicado, ste lo reproduce con las mismas palabras con que hemos odo se le comunicaba.

    Despus de cincuenta aos de labor filolgica, parece cosa admitida que los poemas son el producto final de una tradicin oral, en la que los recitadores usaban estos recursos formularios en lugares fijos para ayudarse a crear, sin recurrir a la escritura, largos poemas que eran elaborados en la mente antes de su recitacin, y que eran recreados fiara cada ocasin mediante una combinacin de memoria, improvisacin y un hbil empleo de bloques de palabras preexistentes. No puede demostrarse que nuestra lliad a y nuestra O disea fueran creadas realmente de esta manera, y algunos filsofos no lo creen, y arguyen que su excepcional extensin y elegancia deben ponerse en conexin con la reintroduccin de la escritura en Grecia, en torno al 730 antes de Cristo, tras unos siglos de analfabetismo. No carece de importancia el hecho de que se trate de una poesa de origen oral, ya que ello proporciona una explicacin de algunos rasgos que chocan al lector como poco familiares; adems, ello debera servir para precavemos contra las elucubraciones a propsito de la repeticin de una palabra o una ligera discrepancia entre una escena y otra. Esto no equivale a decir que los poemas necesiten una defensa, y lo correcto es insistir en que contienen en realidad muy pocas discrepancias significativas, y con toda certeza ninguna como la transferencia, hasta ahora inexplicada, del ttulo Nibelun- gos, cedido por un grupo de pueblos a sus enemigos, segn lo encontramos en el N ibelungenlied, o la muerte de la princesa Finnabair a la que sigue su propia boda con Cchulainn en el ciclo heroico irlands del Tai.

    Tras la destruccin final de los palacios micnicos en el siglo xn antes de Cristo, y de la refinada cultura que les acompa, lo que supone el fin de un proceso largo de decadencia, sigui una poca de disturbios y mayor empobrecimiento, du

  • Homero 25

    rante la cual Grecia qued por algn tiempo desvinculada del I -stc. Los antiguos ncleos de poblacin fueron abandonados y el nivel alcanzado por las artes pareca haberse venido abajo bruscamente. La pica homrica en su forma presente se remonta al final de esta poca, cuando Grecia comenzaba a desarrollarse de nuevo, y el alfabeto fue tomado en prstamo y adaptado del de los fenicios. En algn lugar, y en torno al 725, segn parece, vino a la luz la liada, por la misma poca en que lo hacan otros poemas picos de temas mitolgicos.

    A pesar de que estos otros poemas se nos han perdido, conocemos un cierto nmero de datos sobre algunos de ellos, y est claro que la hada es en aspectos importantes algo diferente. En primer lugar, tiene ms de dos veces la extensin que cualquiera de los que tenemos noticia, y mucho mayor que la mayora. En segundo lugar, est organizada de una manera diferente. Mientras que la Tebaida narra el relato completo de la guerra tebana, y un poema como la Uupersis versaba sobre el evidente clmax final de la leyenda troyana, este enorme poema-troyano no incluye ni el comienzo ni el final de la guerra. Independiza un episodio que en s mismo parece poco decisivo, y lo hace que represente al total; la muerte de Hctor equivale a que Troya ha sido domeada, mientra que Aquiles est sujeto al destino de morir (oven, y as l mismo acepta su propia muerte, aunque contina vivo al final del poema. Luego veremos cmo sucede esto. En tercer lugar, los dems poemas picos antiguos eran mucho ms libres en admitir lo mgico, lo milagroso y lo extrao. En aquellos poemas encontramos a las amazonas y a los etopes, armaduras maravillosas que no pueden ser atravesadas, remedios mgicos que devuelven la juventud a un anciano, y muchachas llamadas del vino, de los cereales y del aceite, capaces de producir sin limitacin las provisiones de las que toman sus nombres. Entre los Argonautas, Orfeo puede dominar con su lad a pjaros y animales, los dos hijos del viento del Norte tienen alas, Linceo posee una vista sobrenatural, y las propias ovejas hablan. Haba tambin objetos mgicos. Troya no caera mien

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    tras en ella estuviera la imagen de Atenea llamada Paladio; un. hroe recibe una herida que slo puede curar la herrumbre de la espada que le hiri; etc. Y an ms, en esos poemas los hroes pueden ser rescatados de la muerte, y as sabemos que no: slo Aquiles, sino tambin Penlope y Telmaco son repre* sentados como inmortales.

    Frente a todos estos antecedentes, la litad a emerge como un esfuerzo consciente de ser algo muy distinto. Ya hemos dicho que no sabemos nada de su autor; ahora podemos aadid que tambin es poco lo que conocemos de su auditorio. La. litada representa un punto de vista altamente aristocrtico dej la vida humana, poniendo decididamente al pueblo llano en su lugar. Esto sugiere tal vez un auditorio originario con plcnaj conciencia de su aristocracia, en un sentido que no se observa en la O disea; sin embargo, tal deduccin es francamente dbil. Fueran quienes fueran su auditorio, el poeta ha conseguido un, dominio tal sobre ellos que le ha resultado posible imponerles un extenso poema, en lugar de ajustarse a su exigencia ms natural de algo que pudiera ser odo ntegramente en una o dos sesiones, como eran las canciones que Demdoco cantal en la O disea. Una vez que el poeta se ha embarcado en algo de la envergadura de la litada, es l y no su auditorio quien con? trola la situacin. Hemos de pensar en un recitador, consienta de sus propios poderes y de la atencin de su pblico, que concibe un poema imponente, referido al asunto en cuestin para el que se inspira en las fuentes de la tradicin oral. Iv poema debe quedar unificado de forma un poco sofisticad^ incluyendo en el tema de la clera de Aquiles toda la guerra de Troya; al final el auditorio debe aceptar simblicamente que Troya ha sucumbido. La concepcin del conjunto, en prol porcin y en originalidad, result tan audaz e individual qud podemos asegurar que fue la obra de un solo hombre. Ix ti das en que unos fillogos romnticos creyeron en una poesa populan que produjera la litad a en una accin colectiva, harj

  • 2. La Ufada

    i.a liad a comienza con el anuncio de io que va a ser su lema, la clera de Aquiles, hijo de Peleo; la clera perniciosa que acarre desastres sin cuento a los aqueos, pues a muchas generosas almas de hroes a I lades precipitlas, mientras eran sus cuerpos desgarrados por los perros, y festn de los grajos; cumplase de Zeus alto designio. Hl poeta no necesita explicar quines son los personajes, ni por qu los aqueos estn sitiando Troya. Su prlogo da por supuesto la totalidad de la leyenda y anuncia al auditorio en qu punto va a comenzar la accin, 'tambin se nos dice en l que va a ser un relato encarnizado. No se trata de un entretenimiento alegre, ni de un recitado gratificante para los odos griegos a propsito de una gran victoria de sus antepasados sobre un enemigo extranjero. Hroes valerosos que yacen por el suelo sin recibir sepultura, sus cuerpos botn de las aves de rapia tal era la voluntad de Zeus; oiremos sucesos terribles, sufrimientos por ambos bandos, y por encima de todo ello los oscuros propsitos de la divinidad.

    Haba muchos relatos sobre la clera y retirada de un hroe. En el libro noveno se nos habla de otra, la de Melcagro, y all

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  • 28 Jaspcr Griffin

    conocemos que de este modo sabemos por las gastas de los hroes de antao, si violento arrebato les vena, que podan a. ddivas rendirse y eran a las razones accesibles (9.524-526).; Ahora veremos qu hace la litad a con este tema tradicional.

    En las escenas iniciales del poema hallamos la disputa de Agamenn, el caudillo de la expedicin y el de mayor rango en ella, con Aquiies, el ms valeroso guerrero. Se les presenta como Agamenn, caudillo de guerreros, y divino Aquiies, y el verso contrapone hbilmente al hombre que depende de su rango y su posicin, con el hombre caracterizado por su naturaleza excepcional. E l rey ha tomado a una chica cautiva comal parte de su botn; su padre es un sacerdote del gran dios Apolo, e intenta rescatar a su hija a cambio de ricos regalos y aludiendo a la posible ira del dios; sin embargo, Agamenn le re-i chaza violentamente. El sacerdote suplica a su dios que lanc, con sus flechas una plaga sobre el campamento aqueo, con loj que fuerza a los jefes, y a sugerencia de Aquiies, a consultar al divino Calcante cul sea la causa. Enojado y humillado, Aga menn pide recibir una compensacin por haber devuelto la chica y por su prdida de imagen; pronuncia una jactanciosa amenaza de que va a tomar algn otro premio de uno de los otros jefes, quiz de Aquiies o de cualquier otro, y una vez que ha pronunciado su amenaza, la respuesta de Aquiies le obliga o a coger y llevarse el premio, o a tener que desdecirse pblica-] mente.

    La disputa parece maravillosamente descrita; siguindose cada paso con una perfecta conviccin psicolgica, y al final vemos cmo Aquiies se ha retirado del combate a sus tiendas con un solemne juramento, un da le echarn a Aquiies dd menos los aqueos, todos sin excepcin, cuando muchos bajo el mpetu de.H ctor, matador de guerreros, caigan muertos! (1.240). Agamenn le arrebata una muchacha cautiva, amant suya; Aquiies apela a su madre, la divina Tetis, para conseguid de Zeus que los aqueos sean derrotados, de suerte que se veari stos obligados a reclamarle. Los libros siguientes muestran el comienzo de la ejecucin del plan. Se nos da el catlogo de lo;

  • Homero 29

    aqueos, ocupan el campo de batalla, el agraviado marido, Me- nelao, mantiene por Helena un duelo sin consecuencias con Pars, y gradualmente los aqueos se ven obligados a retirarse.

    La trama toma un giro nuevo cuando Aquiles, en el libro noveno, descubre que l no puede resignarse a aceptar la propuesta de Agamenn para volver al combate. En una apasionada explosin de clera dice:

    Tan odiosos como l me son sus dones, y no los precio en un ardite, aunque diez y veinte veces ms diera, cuanto ahora posee y de parte cualquiera le viniera: ni cuanto sobre Orcmeno y Tebas confluye... ni aun cuando sus presentes se igualaran con las arenas del mar y el polvo de la tierra, ni an asi Agamenn en adelante persuadir mi alma, si antes no por entero la honda ofensa, que el corazn me roe, satisface (9.378).

    Deja en suspenso su intencin de retirarse por mar a su patria, pero slo para quedarse ociosamente ofendido mientras sus compaeros continan sufriendo. Se precisa la intervencin de Patroclo para resolver esta situacin sin salida, y cuando Aquiles le autoriza a ir al combate en su lugar y muere a menos de Hctor, se combina el tema de la clera del hroe y su retirada, con el de la venganza del compaero de una manera en verdad trgica. Zeus ha garantizado la splica de Aquiles de que sus amigos van a sufrir una derrota, sin embargo, pregunta amargamente ste: qu placer tendr yo en ello, si he perdido a mi caro compaero, Patroclo, a quien por encima de mis otros compaeros, a par que a m mismo, yo preciaba? He perdido a Patroclo...( 18.80). La contundencia de su pesar y su remordimiento hacen que los presentes de Agamenn carezcan ahora de valor, y cuando se los traen puntualmente a su presencia, Aquiles los ignora (19.147). Ya no sigue interesado en la gran disputa con Agamenn, pues vive slo para la venganza. As, se incorpora a la lucha, transformado del oponente razonable que era en los primeros das en un asesino sin escrpulos (21.100); y tan slo al final encontrar que ninguna ven

  • ganza puede ser suficiente ni la muerte de Hctor, ni incluso la deshonra de su cadver.

    Tambin aparece en escena otro motivo: la eleccin entre una vida larga de inactividad o una breve carrera de gloria. Todo hroe, en cualquier relato tradicional, debe hacer esta eleccin. En una forma nada sofisticada, sucede como en la eleccin del gran hroe Cchulainn en el ciclo de Ulster. Cuando nio, supo que aquel que un da tom las armas por primera vez llegarla a ser un fuerte guerrero, que su nombre perdurara en Irlanda, y que por siempre se narraran leyendas sobre sus hazaas. Y el aprovech su oportunidad, Bien, dice Catha- bad, esta ocasin es una oportunidad nica: quien hoy se arma por primera vez alcanzar fama y ser grande. Pero su vida ser efmera. Esto es una buena ocasin, dice Cchulainn. Si obtengo fama me doy por contento, aunque viva un solo da sobre la tierra. Pero Aquilcs, meditando en su tienda, no puede ver razn alguna de por qu deba l hacer una eleccin heroica, dado que no ha recibido trato de hroe. Yo muchas noches pas insomnes y das sangrientos dice guerreando, batindome con hombres que a sus propias esposas defendan (9.325), una descripcin de la guerra que se ha elegido como nada heroica, porque los aqueos com o l mismo advierte tambin estn luchando por una mujer Melena. En el libro decimonoveno nos habla de su padre, que sin duda en la patria vertiendo est tiernas lgrimas por la ausencia de su hijo, mientras ya estoy luchando en suelo extrao contra los troyanos por la honorfica Helena (19.322). Y en el ltimo libro, enfrentado cara a cara con el padre de su enemigo a quien acaba de dar muerte, ve cmo Pramo le recuerda a su padre; ambos fueron un da felices, pero ahora son desgraciados. M padre tuvo un solo hijo, destinado a una prematura muerte, y ahora en su vejez yo no le cuido, pues aqu estoy en el asedio ele Troya, causando pesar a ti y a tus hijos (24.540). El antiguo motivo ha tomado unos derroteros ms complejos. Aquiles no se erige en defensor de la paz; escogi el herosmo y acept su inminente muerte, pero en vez de la sa

    30 Jas per Ciriffin

  • lomera 31

    tisfaccin del hroe, lo que l siente es un sentimiento trgico de inutilidad.

    El relato adquiere una amplitud decisiva en categora y significacin por el hecho de que Aquiles es hijo de una diosa y puede movilizar a los dioses para que intervengan en sus conflictos. La mitologa griega conoci innumerables casos de hroes que descienden de la unin entre una mujer mortal y un dios. En su origen se trata de una parte del orgullo familiar de los clanes de la nobleza, cuya pretensin de que su superioridad es innata les hace remontar a un antepasado divino. Dado que Zeus era el dios de mayor categora, buena parte de estas pretcnsiones eran, como es natural, referidas a l; de ah su posterior reputacin de tenorio. Ms raro en cambio era la unin entre una diosa y un mortal. No sola estar bien visto entre los dioses, y se supona que deba existir alguna razn especial para esta venturosa fortuna en un hombre. En los primitivos relatos Tetis era una sirena que metamorfoseaba su aspecto; Peleo luch con ella en la playa, y la retuvo fuertemente mientras ella tomaba forma de len, de una serpiente, y del fuego. Finalmente la someti, pero tras dar a luz a su hijo, Aquiles, le abandon y se reincorpor al mar. Flomcro no admite los aspectos fantsticos de este relato. Se limita a dejar decir a Tetis que ella se cas con un mortal en contra de sus deseos, aunque no da detalles. Se nos habla a veces como si fuera una madre corriente que aguarda en casa, aunque vemos que Peleo est de hecho slo, y cuando Tetis va al encuentro de Aquiles no lo hace desde su casa de Pta, sino desde las profundidades marinas.

    Tetis aparece en forma humana como una madre que sufre y ama, pero sigue siendo una diosa. Al implicar a Zeus en la disputa de su hijo con Agamenn, ella le confiere una significacin csmica: los dioses estn de parte y parte en la guerra de Troya. Se ven envueltos en la contienda con considerable menor apasionamiento que los hombres, y en sus luchas, discusiones y fraudes vemos que las acciones humanas reciben una significacin adicional en tanto que afectan a los gober-

  • 32 Jasper Grflin

    nantcs del ciclo. Toda la poesa griega de carcter serio est relacionada con la posicin del hombre en el mundo, y consiguientemente con los dioses, que por su existencia y naturaleza definen la vida humana; y esto es verdad tanto referido a la tragedia y la poesa lrica, como a la pica de Homero. El poeta de la liad a idea, en la figura de Tetis, un lazo perfecto entre el mundo de los hombres y el de los dioses. Su funcin no es slo la de poner en marcha la intriga; ella es tambin una intermediaria entre el mundo humano del sufrimiento y la muerte, y el mundo divino de la contemplacin y la inmortalidad.

    Tambin Zeus aparece tratado con gran habilidad. El padre celestial de la creencia popular, seor del tiempo, las nubes, del relmpago, y del ciclo brillante, a quien los hombres suplican la lluvia, aparece tambin personalizado ntegramente con dios en los relatos, con relaciones personales y con todas las dificultades que fueron capaces de crear para un dios supremo. Vemos ambos aspectos fundidos en un momento inolvidable, cuando Tetis acude ante l, que se encuentra sentado solo en su alto trono, a implorarle ayuda para su hijo; apela al recuerdo de importantes servicios que ella le cumpli con anterioridad. Zeus presiente disenciones con su esposa, llera, partidaria vehemente de los aqueos, si llega a agraviarla por causa de Tetis, de ah que l se sentara en silencio. Tetis repite su splica, y finalmente Zeus contesta:

    Cierto, enojoso asunto, pues me vas a enzarzar en mil pendencias con Hcra... Sin embargo, t retrate ahora, no se d cata l lera, que a mi cuenta la cosa queda para darle cabo. Si no. la cabeza te indinare, por que me creas: porque prenda mayor yo no concedo entre los inmortales, y por ende no revocable, no engaosa, no incumplida promesa ser la que mi testa confirmare. Dijo as, y de su oscuro sobrecejo gui el hijo de Crono; los cabellos del seor, inmortales, se agitaron en la testa divina, y el grande Olimpo estremecise todo (1.497-530).

  • I lomera 33

    El dios elemental del cielo y el tiempo, que se sienta slo en la ms alta montaa que con una inclinacin de su cabeza agita, se ha fusionado con el dios mitolgico que tiene favores personales que devolver y una esposa con quien tiene que andar con los pies de plomo. Esta combinacin es inusual y atrevida, y result ser el antecedente de innumerables representaciones de otros dioses en accin: no slo las M etamorfosis de Ovidio y su ms o menos frvola descendencia en la literatura y el arte (miles de techos barrocos con pinturas de dioses derivan en ltima instancia de la litad a) sino tambin algunos de los intrincados aspectos de una obra como E l P araso Perdido, en el que el Dios cristiano y su Hijo deben combinar de alguna manera una supremaca transcendente con una intervencin heroica en acontecimientos histricos concretos. Homero se las ha ingeniado para hacer que su dios, incluso en medio de este desconcierto mitolgico, siga siendo sublime. La descripcin del movimiento de asentir con la cabeza, que posee toda la concisin y todo el peso que suelen tener sus descripciones de dioses, inspir al escultor Fidias para crear su famosa estatua de Zeus en Olimpia, la mxima representacin de una divinidad en poca clsica.

    El retrato que Homero hace de los dioses es muy llamativo, y causaba inquietud y perplejidad en la antigedad ms remota, y an puede desconcertar al lector ms moderno. Se crea creyente o ateo, cualquiera espera que los dioses se le muestren con majestuosidad, y que tengan que ver, ante todo, con la moralidad. Ninguno de estos requisitos parecen cumplirse por parte de los dioses de la !liada. Zeus no va a participar, como Ares y Afrodita, en las batallas de los hombres y resultar herido; no hace el ridculo, como Hefesto, ni recibe un cachete, como Artcmis. En ocasiones, como hemos visto, puede ser sublime. Pero hemos de aceptar, por duro que se nos parezca, que este terrible Zeus, slo en la cima del monte, cuyo movimiento de cabeza sacude el Olimpo, es el mismo dios que encabeza, bajo la atenta mirada de su esposa, una sociedad jovial. El final del libro primero de la litad a muestra cun nti-

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    mmente aparece unido en los dioses homricos lo digno y la indignidad. Zeus, como vimos, en su trono de majestad, contest a la splica de Tetis con angustia, a propsito de la disputa que ella la iba a causar con su esposa, mientras esperaba que sta no se enterase de lo que estaba ocurriendo; una respuesta poco convincente, hasta que aadi la sublime anuencia de su inmortal cabeza. Zeus regresa a presencia de los dems dioses y todos ellos se levantan para recibirle, aunque el anunciado escndalo con Hera estalla en un momento. Zeus le amenaza violentamente, Todos los dioses del Olimpo no me apaarn de ti, cuando sobre ti deje caer mis invictas manos. Los dioses se atemorizan, y el lisiado Hefesto, dios anesano, hace que se recupere el buen humor, presuroso en servir nctar, asumiendo el papel que en propiedad corresponde al encantador Ganimedes o a Hebe. Es intolerable dice que vosotros dos vayis a luchar como ste por asuntos humanos; careceran de encanto las fiestas, si son las cosas de nfimo talante las que prevalecen.

    Esta serie de secuencias muestran cun inrrincadamente se mezclan en los dioses homricos lo sublime y lo frvolo. Esta combinacin es constante, y regularmente se alternan escenas en que los dioses aparecen humillados o maltratados, con escenas en que reafirman su gloria. En el libro quinto. Afrodita y Ares resultan heridos por el mortal Diomedes, y es en este mismo libro donde Apolo explcita de modo sumamente intransigente el infranqueable abismo que existe entre hombre y dioses; cuando Diomedes intenta atacar al poderoso dios, ste le fulmina: Para mientes, Tidida, y retrate ya, y no pretendas igualar tus pensamientos con los dioses; porque jams igual la casta podr ser de los dioses inmortales y de los hombres que la tierra pisan. Encontramos el clsico mandamiento griego concete a ti mismo, que no es una recomendacin a la introspeccin, sino un aviso del aleccionador hecho de que t no eres lo que aspiras naturalmente a ser un dios. Al final del libro. Ares cura su herida, se baa y se viste con agraciadas prendas, y alardeando de su gloria, junto al trono de Zeus

  • Homero 35

    vino a sentarse. Incluso cuando Hera seduce y engaa al propio Zeus, encontramos que la unin de esta diosa culpable y de este dios crdulo es todava el Matrimonio Sagrado del cielo y la tierra, que vivifica toda la naturaleza:

    En sus brazos tom el hijo de Crono a su esposa, y la divina tierra por debajo tierna hierba brotles: el loto del roco humedecido, y azafrn y jacinto, espeso y blando, que elevados por encima del suelo los tenan. All sobre las flores se acostaron, y bella nube de oro se vistieron, de que caen, como perlas, las gotas de roco (14-346-351).

    Los dioses aventajaban a los hombres en estatura, por su poder, y por estar libres del paso de los aos y de la muerte. Ya no mantienen entre s luchas duraderas e importantes como hicieron una vez; ningn hijo de Zeus podr expulsarlo del cielo, como l expuls a su ptadre. 1.a energa divina de tales dioses carecera de un escape si no fuera porque existen los hombres. En la creencia religiosa de ptocas pretritas, igual a Grecia que en muchas otras partes del mundo, se pensaba que el padre celestial miraba desde arriba y observaba y castigaba los pecados de los hombres. Por influencia de la pica de Me- sopotamia y Siria, Homero concentr a todos los dioses juntos en el cielo; juntos vuelven sus ojos sobre las acciones de los hombres. Esta concepcin condujo a una nueva auto- conciencia tanto a los dioses como a los hombres, quienes ahora definieron su propia naturaleza a la luz de su visible opamente; tan slo mediante el contraste con los hombres toman los dioses conciencia de su propia grandeza y unidad. Es ms, los dioses, divididos en banderas px>r su apasionado partidismo a causa de los acontecimientos en tom o a Troya, llegaron a ser un auditorio piermanente un auditorio que observa participando del genuino placer y dolor , no como un juez divino, sino como el espectador de un acontecimiento deportivo, como cuando todos ellos contemplaban a Hctor perseguido p>or Aquiles alrededor de los muros de Troya, o cuando, en una tragedia, Zeus debe presenciar la muerte de su propio hijo Saipedn.

  • i .a atencin de los dioses tanto glorifica las acciones humanas, consideradas como algo digno de un tal auditorio, como las humilla. Hemos visto cmo Hfcso protesta por las discusiones entre dioses a propsito de los mortales, quejndose de que as se les hurta el placer del banquete. Los hombres son lo suficientemente importantes para que los dioses se preocupen por su destino, pero al tiempo son tan insignificantes que los dioses no los toman en conjunto como cosa seria. Zeus se irrita cuando matan a su hijo Sarpedn, y provoca una lluvia de sangre para sealar su muerte, pero no lo salva. El pesar de un dios por la muerte de un hombre es distinto del pesar humano. A Sarpedn no se le recuerda de nuevo en el ciclo, y la pena de Zeus no es comparable a la de Pn'amo por su hijo Hctor, mientras que de entre los dioses es Tetis la nica, porque est vinculada a la vida de los hombres, que se apena por un ser humano. I jOs dioses pueden observar los conflictos humanos con un cierto apasionamiento, pero por momentos los olvidan; cuando Zeus ha conducido a Hctor y los t royanos hasta las naves aqueas y la batalla se hace ms encarnizada, Zeus los dej all que el trabajo y la miseria soportaran sin respiro, y l la lumbre apartle de sus ojos; all lejos, a contemplar la tierra de los tracios, afamados jinetes, de los misios que luchan cuerpo a cuerpo, la de los hipomolgos excelentes que de leche se nutren, y de los abios que en justicia no conocen rival entre los hombres, mas a Troya, ya ni un punto sus ojos esplendentes volver quiere (13.1-7). Pasajes como este derivan su vigor de la estrecha yuxtaposicin de ambos mundos. Sobre la tierra, dolor y sufrimiento sin tregua; en el cielo, la serenidad de un dios que puede a su antojo apartarlos de su mente, yndose para variar a una larga lista de pueblos exticos c interesantes de cualquier parte.

    lx>s dioses lo hacen todo sin esfuerzo. lx>s aqueos construyen penosamente, en momentos de retirada, un muro protector que defiende su campamento, y en el libro doce asistimos a la amarga lucha que se necesita hasta que los troyanos puedan derribarlo. Mas en el punto lgido del xito rroyano.

    3fi Jaspcr Griftin

  • I li uero 37

    (res libros ms adelante, Apolo pone a los griegos en fuga:

    Pues ya, mientras inmvil Febo Apolo, la gida mantuvo entre sus manos, los tiros acertaban de ambos bandos, y cala la gente; mas apenas mirando cara a cara a los daos de rpidos corceles agitla, y l mismo, un grito prolongado les lanzara, hechizles el alma dentro el pecho y en un punto de su Impetu y su fuerza se olvidaron. Como vienen dos fieras de repente, en lo ms hondo de la negra noche y de bueyes asaltan la manada o un rebao magnifico de ovejas, al tiempo que el pastor ausente se halla; tal cobardes huyeron los aqueos... (15.318-326).

    Y respecto al muro, y la muralla aquea, con gran facilidad derrib al suelo, como un nio, que a la orilla del mar montn de arena levanta entre sus juegos infantiles y los esparce despus tambin por juego, de un puntapi o una manotada; asi t, Febo Apolo, el clamoroso, la obra dcsparcistc a los ar- givos que con harto de fatiga y laceria construyeron... (15.361-366). Para los hombres, largo esfuerzo y trabajo; para el dios, un juego de nios.

    lista descripcin no es menos verdica que la elaboracin de lo que puede denominarse historia. Al comienzo del libro cuarto ambos bandos intentan desesperadamente poner fin a la guerra mediante un compromiso. Los dioses contemplan la situacin brindndose unos a otros en copas de oro, y mirando desde arriba la ciudad de Troya, y Zeus pregunta si estn dispuestos a permitir la paz sin que Troya sea destruida. Las dos diosas irreconciliables. Mera y Atenea, muestran posturas opuestas, y Zeus pregunta a Hera con emocin.

    Malhadada, qu males tan enormes, de Prfamo y sus hijos has sufrido, que as anhelas destruir, implacable, a Ilin la ciudad de bello asiento? Slo si penetrando por sus puertas y sus largas murallas te comieras crudo a Prfamo y de Pramo a los hijos, slo as curaras ese

    .encono. Obra como te plazca, que no quiero se convierta este asunto entre nosotros en fuente de pendencias adelante. Pero otra cosa te dir y t adentro mtela de tus mientes. Si yo tambin alguna vez quisiere destruir, implacable, ciudad en que t tengas tus amigos, no in

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    tentes a mi enojo poner freno, sino djame obrar, como yo a ti tambin te dejo ahora, libremente, si bien de mala gana. Porque de cuantas hay que el sol alumbra y bajo las estrellas se cobijan, ciudad como' la sacra Ilin no habla, cara a mi corazn... (4.31.49).

    Hera replica, tres ciudades hay a las que amo por encima de todas, Argos, Esparta, y Micenas de anchas calles; destruyelas, si dfa llega en que a tu corazn odiosas sean. Y o no voy a defenderlas ni a drtelas de mala gana....

    Una escena como sta es intencionadamente fuerte. La gran diosa no necesita ni siquiera responder cuando se le pregunta la razn de su odio; y Zeus, que busca una justificacin, contina adelante hasta decir: Haz lo que quieras, con el resultado de que ella lo preparara todo para que se rompa la tregua y contine la guerra. Zeus ama a Troya, y Hera ama a sus ciudades en Grecia, pero en la poca en que se compuso la liad a las cuatro ciudades hablan sido ya conquistadas. Argos, Esparta y Micenas de anchas calles por parte de los invasores que marcaron el final de la civilizacin micnica. Cuando el auditorio se pregunta la razn de la destruccin de las grandes; ciudades de Grecia, oan esta dura y terrible respuesta: un pacto macabro entre los dioses, que hizo que una diosa protectora les retirara su proteccin. En cambio, cuando la ciudad sumeria de Ur cay en manos de los elamitas, se compusieron extensos poemas frenticos, en los que se mostraba a la diosa Ningal lamentndose por su ciudad, y reprochando a los dems dioses a quienes ella habla rogado salvaran la ciudad. Esta, pienso yo, es la manera natural en que los adoradores d e un dios pueden imaginar a la divinidad de un pueblo que ha sido derrotado; sin embargo, en la liad a encontramos algo to- davla mucho menos obvio.

    La hostilidad de Hera y Atenea contra Troya, que se nos' muestra apasionadamente implacable, estaba unida en su origen al relato del Juicio de Pars. Como hemos visto, Homero prescindi de este relato, que era en exceso abstracto para sus modales, pero retuvo la hostilidad de las dos diosas, que qued asi algp misteriosa y sin explicacin de sus causas.

    Jasper Griffin.

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    (lomo los dioses no necesitan ser ennoblecidos, a menos que ellos mismos as lo exijan, tampoco deben dar razn de sus posturas y acciones; de nuevo se nos trae ante la dura realidad de la supremaca divina, que sita a la vida y el sufrimiento humanos en la perspectiva en que el poeta gusta contemplarlos.

    Hemos visto que la litad a crea un gran poema troyano en torno a un episodio de la guerra que parece ser, en s mismo, de escasa transcendencia. El poeta deja bien claro que la muerte de Hctor equivale a la destruccin de Troya- l es el nico que defendi la ciudad, segn vimos en el libro sexto, y cuando le mataron y fue arrastrado por el polvo, su madre chillaba y se rasgaba los cabellos: gimi el padre tambin de modo lastimero, y en tom o a l por lo ancho de la villa, las gente sollozaban y geman. Se dira del ms preciso modo que llin toda, la que se alza altanera, fuera hasta los cimientos consumida por las llamas (22.405-411). Vemos esta misma tcnica de representacin simblica cuando el poeta describe el lamento de la esposa de Hctor, tras observar cmo Aquiles arrastra su cadver. Ella ha estado ocupada en las faenas de la casa, tejiendo en el telar, mientras las sirvientas preparaban un harto caliente para cuando Hctor regresara de la batalla. Pobre ingenua, que ignora que muy lejos de los baos, por las manos de Aquiles, Atenea, la de cara de lechuza, le domara (22.445-447). Al or el lamento de los troyanos que estaban sobre la muralla, se lanza calle arriba y ve los veloces caballos arrastrando su cuerpo despiadadamente hacia las naves de Aquiles. Al punto, de sus ojos descendida, una noche cubrila tenebrosa, hacia atrs cay al suelo, exhal el alma y lejos esparci de su cabeza los adornos esplendentes; y el velo que era regalo de Afrodita de oro, el da memorable que a su casa, del palacio de su padre, se la llevara como novia, el noble Hctor, de yelmo refulgente... (22 .466 ss.). Al igual que el telar y el bao no son tan slo un fortuito detalle de la realidad, sino que nos muestra a Andrmaca como esposa amante y leal, del mismo modo la cada de su velo de novia simboliza el final de su matrimonio y el final de su marido.

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    Por doquier hallamos poderosos e importantes ejemplos de esta invencin. Una de las mayores habilidades de la litad a es su arte en el contraste. El virtuoso Hctor, buen marido y padre, y campen de Troya, aparece en contraste con su atractivo e irresponsable hermano, Paris, seductor sin hijos de una mujer extranjera, que es un cobarde en el combate y va a ser la ruina de su pueblo. Se le contrapone tambin a Aquiles: el hombre que tiene todas las ataduras humanas, un valiente aunque humano guerrero que lucha porque debe hacerlo, con este apasionado y solitario hroe semidivino que no sabe si su hijo, criado en una isla apartada, est vivo o muerto (19.327); es un luchador que combate porque es un hroe, ayudado por losj dioses, y que tras la muerte de Patroclo llena su espritu depoder y ferocidad sobrehumanos. Tambin se nos contrasta a Aquiles con el rey Agamenn, que le es inferior en coraje, y que pasa del bravucn exceso de confianza al ms abyecto derrumbamiento y hundimiento, apoyndose slo en su jerarqua para ocultar su interna falta de resolucin. Se compara a los aqueos en su conjunto con los trvanos. Estos muestran una tendencia a ser fanfarrones, algunos de ellos van vestidos ostentosamente, son ms ruidosos y menos disciplinados en el combate, por lo que provocan duelos en los que los aqueos; obtienen la victoria. Cuando ambos bandos acuden al camp de batalla, los troyanos avanzan entre gritos y alaridos, com pjaros, como enfrente del ciclo resuena de las grullas el graz-* nido..., los aqueos, empero, que ardor y valenta respiraban, en silencio avanzaban, con el alma en la mutua defensa enardecida (3.2-9). Pero Hctor, Andrmaca y Pramo son de talla trgica, y los troyanos nunca son despreciables. Y es de la mxima importancia saber que esta distincin no es slo un reflejo del patriotismo griego; se nos muestra a los troyanos con el carcter de Paris con la ligereza que le lleva a comenzar la guerra, y que le va a conducir naturalmente a su derrota. El relato posee un sentido coherente; es, de hecho, moralizante, aunque el poeta prefiere dejarlo implcito a explicU tarlo, como si despus de todo, fuera lo justo que sucumbiera

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    Troya, ya que fueron los t royanos quienes haban comenzado todo esto. En sus rasgos ms generales, sea cual sea la conducta de los dioses individualmente, la trama de la / Hada muestra como justo el diseo de los sucesos.

    Estos contrastes se evidencian en escenas que tienen un valor representativo. La M iada, como hemos visto, no comienza sino en el noveno ao de la guerra de Troya, pero el mtodo indirecto que el poeta usa le permite incluir una escena que representa su comienzo. En el libro segundo se nos da el largo catlogo de los dos ejrcitos, y al final la marcha de los nqueos contra Troya, con sus armas de bronce chasqueando como un bosque en llamas, y la tierra crujiendo bajo sus pisadas (2.455-466). A Pramo, que haba convocado la asamblea, llegan las noticias de su aproximacin: Oh viejo!, los discursos sin fin gratos te siguen siendo, como antao en la paz, cuando ay! ahora una guerra ha estallado inexorable. Cierto que muchas veces me he metido en batallas de guerreros, pero nunca tal y tan grande hueste he contemplado (2.796-799). La hueste troyana avanza a su encuentro, ruidosos, mientras los nqueos van en silencio, y en un momento, Pars, el deiforme, campen para los troyanos, se adelanta, a los hombros la piel de leopardo, arco corvo y espada; y blandiendo dos lanzas reta n los jefes argivos a que con l sus armas midan en terrible combate (3.16-20). Acepta el duelo inmediatamente el marido de Helena, Menelao, pero cuando Pars, deiforme, le vio ii|>arecer al frente de la fila, su corazn se estremeci, y se fue a buscar refugio entre sus compaeros por temor a morir, l e Hctor quien le tuvo que forzar a tomar su armadura y hacer frente al hombre al que haba afrentado, y tras perder el combate fue rescatado por Afrodita y conducido a su casa, donde la diosa obliga a Helena, avergonzada ahora y renuente, a ir al lecho con l. As, Pars yace con Helena, mientras fuera en el campo de batalla Menelao le busca como un animal de presa: Ninguno de los troyanos ni de los aliados pudo darle un rastro de Pars, y no es que le encubrieran por amor, pues todos le odiaban como a la negra Parca (3.448-445).

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    Est claro, en primer lugar, que todo esto pertenece al principio de la guerra. Se trata, en cierta manera, del primer ataque del ejrcito aqueo contra Troya, y del que debe ser informado Prfamo, mientras los dos rivales luchan por Helena. Se llega a la evidencia total cuando Prfamo sube a la muralla con Helena y le pide que identifique al caudillo aqueo de all abajo; lo cual, tambin, resulta extrao tras nueve aos de guerra. Tambin entonces conocemos qu clase de hombre es Pars; su atractiva apariencia bajo la piel de leopardo en vez de la armadura se acuerda bien con la frfvola combinacin de su alegre reto y su desmoronamiento por el pnico. Es un hombre apuesto, pero no es un verdadero guerrero. Y Helena, que ahora lamenta su vinculacin con l, se da cuenta de que no puede escapar de l; como los t royanos, que le odian como a la negra Parca, y que al instante van a entrar en liza por l, mientras l yace en el lecho con su raptada esposa, Helena, que se ve obligada ahora a seguir con l. Esta secuencia de es-! cenas, que el poetas ha sabido presentar maosamente, segn las leemos, en un orden perfectamente natural, le permit mostramos la naturaleza de los personajes y el significado de sus acciones.

    Otra secuencia similar la encontramos en el libro sexto. En el libro quinto, el hroe aqueo Diomcdes ha llevado a cabo importantes hazaas y ha luchado incluso con los dioses; mientras el hilo principal de la argumentacin, la derrota aquea, parece casi haberse perdido de vista. Hctor ha marchado a Troya para decir a las mujeres que supliquen la ayuda divina, y especialmente la de Atenea. De nuevo aqu hay una extraeza si atendemos al sentido comn: si alguien debe abandonar el frente de batalla, por qu ha de ser precisamente el mejor guerrero troyano? Mas el poeta nos pide que lo aceptemos as, por los beneficios poticos que ello le va a pro* porcionar. Hctor llega a Troya y sucesivamente se rene cot tres mujeres. Primero, con su madre, Hcuba, una verdadera madre, quien le ruega aguarde un poco mientras le trae una copa de vino, que haga recuperar su gran fuerza a un hombrq

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    fatigado. Hctor la rehsa: No me traigas dulce vino, madre, no sea que me trastorne y olvide mi espritu de combate. Luego acude a casa de Paris, a reclamarle a primera fila. Le encuentra en su dormitorio, acariciando su armadura, con Helena y las sirvientas, un perfecto cuadro del guerrero de mujeres. Paris acepta regresar al frente, y Helena pronuncia un conmovedor discurso, deseando haber muerto el da de su nacimiento, o haberse casado con un hombre de dignidad y que fuera sensible a la opinin pblica un hombre como Hctor, se nos quiere decir, no como Pars. Ven, toma asiento en esta silla dice ella a Hctor , t has soportado el peso mayor de los sufrimientos por m causados, lagarta de m, y por el loco de Paris. De nuevo Hctor resiste la tentacin de su encantadora compaa, diciendo que debe regresar al campo de batalla. Pero antes, va a visitar a su mujer y su hijito.

    Andrmaca no est en casa sentada, sino que ha salido con su hijo a los muros, para ver la batalla. Ella le suplica: Tu temerario valor va a ser tu muerte, y t eres todo lo que yo tengo... Apidate de m, e instlate aqu en el muro, so pena de dejar hurfano a tu hijo y a tu mujer viuda. Es por aqu por donde el muro puede ser asaltado ms fcilmente... Vemos cmo el libro sexto repite el mismo esquema tres veces, en un crescendo de poder emocional: la mujer intenta retener al guerrero y mantenerlo en su propio mundo de confort y seguridad. La tentacin aumenta ms cada vez. Hctor da a Andrmaca su respuesta ms emotiva, diciendo que l ya sabe que Troya est condenada, y tan slo ruega morir l mismo antes de llegar a orla gritar mientras es sacada fuera de la ciudad y conducida a cautividad tras el saqueo de la misma. Sobre la cabeza del nio, Andrmaca sonre entre lgrimas, y el marido, intentando dar a su esposa el confort que los soldados pueden dar a sus esposas, se reincorpora al combate. Vemos no slo el contraste fundamental entre los dos sexos, en sus diferentes mundos, y sus diferentes valores; tambin vemos el autntico matrimonio de Hctor y Andrmaca en contraste con el culpable vnculo de Paris y Helena, sin hijos, una unin de mero pa-

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    cer, en la que Helena desdea a su hombre y le pide vaya al combate, luche y muera. Lo que una mujer quiere ver en un hombre es decisin para no ceder ante sus splicas, y para sa-i lir entre una lluvia de lanzas; pero el frvolo Pars ha condena-i do a Andrmaca y a su hijo. Esta serie de escenas ha sida ideada de tal forma que subraya la significacin de los acontecimientos.

    Hemos mencionado las diferentes virtudes de los dos sexosj y quisiramos aadir ahora que tambin se buscan y se admi- ran virtudes diferentes en los jvenes y en los hombres mayoi res: se esperaba que los jvenes fueran impetuosos y vehc mentes, y que los viejos fueran prudentes y previsores. Es frecuente en las sociedades primitivas pensar que una mujer e i excelente si posee cualidades como la castidad, la belleza, y esi econmica; mientras que las cualidades de un hombre son el valor, la fuerza y la confianza en s mismo, As, cuando se comunica a Agamenn que debe devolver su cautiva Criseidai responde con un acceso de rabia incontrolada a los aqueos all convocados: la prefiero a Clitemestra, mi legtima esposa, qua a la zaga en cuerpo no le va, ni en apostura, ni en juicio, ni eni labores de sus manos (1.113-115). Por juicio quiere signifi-i car el circunspecto proceder que hace capaz a Penlope, por ejemplo, de contener a los pretendientes. Un comentarista antiguo observa que en un verso el poeta ha incluido la exce-J lencia de lo que debe ser una mujer (hemos de hacer la observacin de que a los griegos les gustaban las mujeres altas). Podra objetar alguien que este elenco define la excelencia de una mujer segn los criterios de valoracin del hombre; pero es justo sealar que ese nfasis imperioso en que el valor y la fuerza son las virtudes de un hombre, tambin lo definen scgtl los criterios de valoracin de las mujeres. Ix>s grupos humanos de esta poca tan temprana estn constantemente sometidos a los ataques, y su existencia depende del belicoso espritu de sus hombres. Sin Hctor, Andrmaca ser una esclava.

    No carece de inters sealar que las cualidades ms altamente apreciadas no sean en modo alguno exclusivamente!

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    morales. Pasarn siglos antes de que Grecia alcance el mo- ment en que el poco agraciado Scrates, condenado a muerte por sus propios conciudadanos, pueda ponerse como modelo de excelencia moral, o de que Platn pueda afirmar que realmente la naturaleza y las virtudes de hombres y mujeres son iguales; incluso, y a pesar, del inmenso prestigio de Platn y de los filsofos que le siguieron, estos puntos de vista nunca convencieron totalmente al hombre corriente de la Antigedad. Tal vez, incluso en la actualidad, y a pesar de la continuada insistencia de las iglesias y las distintas filosofas en la idea de que slo existe un tipo de patrn moral, sin lugar a equvocos c idntico para todo el mundo, el hombre de la calle an retiene en su corazn algunos valores heredados de Homero. Pero mientras que los patrones de los personajes homricos parecen descansar sobre el propio inters, sera errneo negar que son en cualquier caso morales. La fidelidad, la lealtad y autosacrificio son ideas centrales para hroes y heronas por igual. Una esposa puede redamar fidelidad a su marido todo hombre bueno y sensible ama y cuida a su esposa, dice Aquiles (9.341), mientras que el padre de Ulises pag un alto precio por su sierva Kuridea al igual que su esposa la honr en el palacio, mas nunca con la esclava se uni por temor a las iras de aqulla (i.430-433). Lo mismo que un soldado tiene derecho a reclamarla a su camarada (9.628-645). lil hroe est sujeto a las limitaciones morales.

    La liad a es un poema heroico, y se encara al auditorio con la misma pregunta central con que se encara a los propios personajes: en qu consiste ser un hroe? Y en ello se concentran todas las energas del poema. Para dejar esto en claro, resulta til considerar la cuestin del realismo en Homero. Nos encontramos con que la liad a brinda una descripcin altamente estilizada de la vida humana y del mundo, pero a pesar de todo convence al lector por su realismo en los dos sentidos siguientes: en el de que aporta conviccin de un momento a otro de la accin, y tambin en esc otro sentido ms profundo de estar haciendo justicia a los hechos centrales de la \ illa humana.

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    En el relato de este poema no existe el tiempo en el sentido corriente. Existe el trueno, pero slo como seal de las calamidades planeadas por Zeus, o como anuncio de futuras penalidades; cuando muere en el combate algn hijo de Zeus, su padre hace llover sangre como seal de su muerte; cuando el combate se incrementa excepcionalmente hasta hacerse encarnizado y sangriento, negras nubes cubren a los combatientes. En todo esto vemos que el tiempo existe slo como reflejo e intensificacin de los acontecimientos en el campo de batalla. Nunca se nos dice tampoco en qu estacin del ao se desarrollan las acciones. De manera similar, la topografa del escenario de batalla es imprecisa y cambiante. En la parte primera del poema los ros que cruzan la llanura son en apariencia pequeos y no plantean graves dificultades a los guerreros, pero en los libros veinte y veintiuno el ro Escamandro se ha transformado en amenaza formidable; se trata de la preparacin de los extraordinarios acontecimientos de la parte final del libro veintiuno, donde Aquiles combate realmente con el ro. En el libro veintids encontramos, para sorpresa nuestra, que el Escamandro tiene dos fuentes en la llanura troyana, una de agua caliente, y otra de agua fra. Ninguna investigacin posterior ha encontrado una fuente templada en esa zona, y en otro lugar se dice, y esto es ms plausible, que el ro brotaba de las faldas del monte Ida (22.147,12.21). Arboles y peascos aparecen en tanto que la accin los exige, y cuando no se necesitan no hacen acto de presencia.

    Tal vez sera de esperar que en un poema pico heroico fueran ignoradas las funciones menos nobles del cuerpo, a pesar de que alguna tradicin pica, como la irlandesa, es menos reticente al respecto. An ms llamativo es el hecho de que tambin el combate queda en buena medida estilizado. Todo el nfasis se pone en el duelo de los hroes, y muchos cientos de versos se ocupan en esas descripciones inimitables y desapasionadas, en que los hroes se dan muerte en combate singular. Un hroe no muere de herida fortuita, como el rey Ahab, muerto por una flecha disparada por azar, o el rey

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    Harold, alcanzado en el ojo por un arquero. Tampoco sufren los hroes heridas que les mutilan pero que no acaban con sus vidas. Una vez es alguien herido, o muere al instante o se retira para regresar ms tarde al combate. Un hroe aqueo queda acorralado varias veces por un nmero de troyanos y es atacado en un momento por ellos; ningn hroe recibe una muerte similar. El poema tambin elimina virtualmente el fraude y la traicin. Desde otro punto de vista, ya hemos observado que las armas mgicas quedan excluidas. Lo que s tenemos es la descripcin del hroe que encuentra la muerte a manos de otro hroe. Cuando ambos contendientes quedan frente a frente, el resto del mundo queda tcitamente en el olvido. Los dos hombres pueden desafiarse recprocamente y hablar como si estuvieran en cualquier otro sitio menos en medio de un furibundo combate. La tcnica tiene mucho en comn con la del clmax de una pelcula del Western tradicional, y efectivamente es aqu donde hemos de buscar los mejores paralelos modernos con el duelo homrico.

    Toda la atencin se concentra en el choque entre los dos hroes, y cualquier cosa que pueda empaar o restar valor a su encuentro es desplazado fuera lo ms lejos posible. Todo esto es, de alguna manera, poco realista, y este efecto se intensifica en tanto en cuanto que los hroes se nos presentan como figuras sobrehumanas. En el momento de correr a este encuentro el hroe aparece elevado a su ms alto poder. A lo largo de todo el poema los hroes se comparan a los dioses: igual a Ares, dios de la guerra, un hombre igual a los dioses, deiforme, semejante a los inmortales son los adjetivos ms frecuentemente aplicados a estos guerreros. Cuando el rey Agamenn encabeza su gran ejrcito, se dice de l que es en ojos y en cabeza a Zeus el fulminante parecido, a Ares en su cintura, y a Posidn en su ancho pecho (2.478). Pramo, rey de Troya, dice de su propio hijo Hctor que un dios entre los hombres era, y pareca no el hijo de un mortal, sino de un dios (24.259).

    Mientras el hroe vive, es semejante a un dios y amado por

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    los dioses. En su belicosa rabia, el punto ms alto y el cnit de su existencia, se le compara a un len, a un jabal, una tormenta, un rio desbordado, un incendio que arrasa un bosque, un astro brillante entre una nube oscura; sus armaduras resplandecen como el sol, sus ojos despiden fuego, su pecho est henchido de irresistible furia, sus miembros son ligeros y activos. Alentado por los dioses, salta sobre sus enemigos con un grito aterrador. Cuando un hroe cae muerto, el poeta relata detalladamente el momento de su muerte. Uno es apualado en la espalda mientras se escapaba, y yace en el polvo extendiendo sus manos hacia sus amigos; otro muere bramando de dolor, aferrndose a la ensangrentada tierra, o mordiendo el fro bronce que ha cortado su lengua, o le ha herido entre el ombligo y sus genitales, donde las heridas son ms dolorosas para los pobres, mortales, hombres, enroscndose como un toro trabado en torno a una pica; o es apualado mientras suplica por su vida, con su hgado fuera por la espada, y sus rodillas calienta con su sangre. Una odiosa oscuridad se apodera de l, y su alma desciende al Hades lamentando su destino, mientras deja en pos de s su juventud y su vigor. Tras el horror de semejante muerte, nada queda para el alma sino un mundo de sombras e incomodidades, la miserable mansin de I lades y una existencia sombra a insensible, alejada para siempre de la luz, el calor y la actividad de la vida. Y es que el poeta ha eliminado del mundo toda forma de recompensa postuma o beatitud pstuma, c insiste en que la muerte es el final de todo lo agradable. Tambin se explcita completamente que los muertos estn totalmente apartados, que all ya no hay poder, y que desde all no se puede intervenir en el mundo de los vivos. Esto es algo que contrasta con el punto de vista sostenido virtualmente de forma unnime en las sociedades primitivas, y de hecho los coetneos de Homero llevaban ofrendas a las tumbas de los muertos influyentes, lo que por supuesto implica la continuidad de su poder; la concepcin homrica es de nuevo algo peculiar.

    Vemos cm o todo esto acta conjuntamente para destacar

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    el contraste de la vida frente a la muerte, y hacerlo lo ms absoluto posible. Mientras vive, el hroe est repleto de vitalidad y poder, esplndido y terrible; cada vez que va al combate debe aceptar el riesgo de la muerte, en todo lo que tiene de horror total y final absoluto. Ningn hroe, ni siquiera Aqui- les, est exento de la experiencia humillante de sentir miedo. Es esto lo que nos hace pensar que a pesar de la estilizacin y las omisiones (por ejemplo, no hay supervivientes lisiados, como los que encontramos en la poesa de la primera guerra mundial) el tratamiento que Homero hace de la guerra es sin embargo realista. La totalidad de los libros del poema estn presididos por la realidad de la muerte en su forma ms concreta y ms horripilante: el cadver del guerrero. La clera de Aqui- les, segn se nos dice al principio del libro primero a muchas |x>derosas almas de hroes a Hades precipitlas, mientras eran sus cuerpos desgarrados por los perros y festn de los grajos, cumplase de Zeus alto designio. El hroe se enfrenta no slo a la muerte, sino tambin al temor de pesadilla de que tras la muerte su cuerpo quedar mutilado por el enemigo y devorado por los animales carroflcros. En tom o a los cadveres de Sarpedn y Patroclo se disputan los ms amargos combates de toda la litada, y el final del poema gira en tom o al cadver de Hctor, deshonrado por Aquilcs, aunque es preservado por los dioses y finalmente es devuelto a su padre Prfamo. Los hroes ms destacados pueden ser rescatados tras su muerte por sus amigos, o ser protegidos por los dioses, pero el poeta tambin nos habla de la muerte annima de cuerpos que son arrastrados por los carros, rociados su eje y sus ruedas con su sangre (20.499), y que, en el mejor de los casos, son recogidos en una carreta a la maana siguiente:

    El sol en las aradas esparca nuevamente su luz, desde el profundo Ocano y sus plcidas corrientes, remontndose al cielo, cuando aqueos y troyanos frente a frente se encontraron. Difcil fuera entonces distinguir uno a uno los guerreros; mas con agua lavando las manchas polvorientas de la sangre, a par que ardientes lgrimas ver-

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    tfan, sobre los carros- los cargaban. El grande Prtamo, no consiente que lloren a los muertos, y ellos calladamente sobre piras, dolido el corazn, los amontonan. Y quemados que fueron, a Troya, ciudad santa, se volvan. Por modo igual del otro bando, los aqueos a los muertos sobre piras, dolido el carazn, amontonaban (7.421-431).

    Este terrible nfasis en la muerte deja claro que la liad a dista mucho de ser una ingeniosa o sentimental glorificacin de la guerra. Regularmente aplica a la guerra estas dos frases: combate en el que los hombres ganan gloria, y tambin combate que causa lgrimas. Ambos aspectos son reales por igual. Hemos visto antes cmo se comparaba a Agamenn y a Hctor, a ambos con los dioses, y comprendemos la complejidad de esta idea cuando recordamos que en esos precisos momentos Agamenn est siendo conducido por Zeus al desastre, mientras Hctor ya ha muerto, y su cuerpo se halla en poder de su despiadado enemigo. Lo que an es ms pattico, cuando muere Sarpedn, el hijo de Zeus, y los dos ejrcitos se disputan su cuerpo ya ni un familiar reconociera a Sarpedn. divino, pues de los pies a la cabeza, cuan largo era, est envuelto de tiros, sangre y polvo (16.638). Esto es todo lo que qued del apuesto guerrero Sarpedn, que mientras estuvo vivo fue semejante a un dios. Para el poeta, la grandeza y la fragilidad del hombre van unidas inseparablemente, y es precisamente esta combinacin la que conforma la naturaleza del hroe. La existencia de los dioses, que no conocen el paso del tiempo ni la muerte, y son sin embargo semejantes a los hombres, permite al poeta subrayar, con la mxima viveza, su concepcin de la naturaleza humana, acudiendo a la comparacin y contraste de los hroes con sus dios