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    Ms libros de Robyn

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  • Captulo 1

    Los ojos brillantes de Matt Brown recorrieron a lo lejos la sinuosa cordillera que protega a Belton,una pequea ciudad del estado de Minnesota ubicada a una hora en coche. Las cumbres nevadas siempre lehaban fascinado desde que aprendi a volar porque parecan inaccesibles y mgicas, como si se tratara de unreino instalado en otra dimensin. Para llegar a ellas, o bien se escalaba o se volaba. Matt prefera losegundo porque, a vista de pjaro, se deleitaba con el suave manto blanco que todo lo cubra. Adems, volarno es solo conquistar el cielo, sino tambin disponer del mundo a tus pies; por eso le entusiasmaba suprofesin.

    Hasta que Eric Pratt no se lo mencion, Matt desconoca la existencia de Belton. La noticia de quepasaran un mes entrenando en el aeropuerto, a decir verdad, le cay como una losa. l se consideraba unhombre de ciudad, acostumbrado a la vorgine de Nueva York, al trfico a cualquier hora, a las grandesmultitudes, a los espectculos y, sobre todo, a las noches salvajes e interminables con sus amigos en losclubes de moda. A sus veintisis aos disfrutaba de la vida en su mximo esplendor gracias a que era elmejor piloto acrobtico del mundo. Y solo con ese detalle se le abran las puertas de cualquier sitio. Lospatrocinadores, los fans y las mujeres lo reverenciaban.

    Llegaremos en diez minutos y veinte segundos segn el GPS anunci Ted mirando su reloj deltima generacin.

    Matt apart la vista de la ventanilla del lujoso coche y le mir con una deslumbrante sonrisa. Justo a tiempo para dejar el equipaje, almorzar en el hotel y despus a salir por ah a tomar un

    caf. Ted solt una carcajada. Estaba sentado junto a Matt en el medio del asiento trasero, dando la mano

    por el otro lado a Anna McGrath, quien con la otra mano tecleaba en el mvil para responder a algn mensajeque le llegaba a travs de una red social.

    Todos nos conocemos tus salidas para tomar caf dijo Anna sin despegar la mirada de la pantalla. La ltima nos hizo llegar a casa a las seis de la maana.

    Pero a qu fue divertido? Matt inclin la cabeza para comprobar la expresin de Anna, a lo queella respondi asintiendo con la cabeza.

    S, pero todava tengo resaca apunt Ted. Creo que an circula alcohol por mis venas. Ted, viejo amigo, parece que tienes cincuenta aos. Has pensado en vivir en una residencia para

    gente mayor? Son gente de tu estilo de vida. Y puedes dejar la dentadura en un vaso de agua para que no se tepierda.

    No seas idiota, Matt. Aunque te lleve cinco aos ms, ya sabes que aguanto mucho ms que t. Noeres ms que aficionado, yo soy el profesional A que s, cario?

    Anna guard el mvil en su abrigo y plant un sonoro beso en la mejilla recin afeitada de Ted.Siempre le gustaba acudir a los sitios impecable.

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  • Claro que s, amorcito dijo, divertida. Ted le hizo un gesto a su amigo como diciendo Lo ves?, a lo que Matt solt un bufido de

    desaprobacin. Eso lo veremos esta noche. Apuesto a que a las diez ests en la cama. S, a las diez de la maana! exclam Ted. Matt pens en lo fcil que era picar a su amigo. Desde que iniciara Ted su relacin con Anna hace un

    ao, se acostaba cada vez ms pronto, algo que no se lo reprochaba. Anna era una mujer atractiva, tambintreintaera, y con un cuerpo estupendo forjado a base de gimnasios y dieta estricta. Ms de una vez les habaodo gritar mientras follaban como locos en las habitaciones de los hoteles.

    Chicos, siento aguar la fiesta, pero nada de salidas intempestivas dijo Eric, sentado en el asientodelantero, junto al chfer. Maana tenemos una conferencia de prensa con el alcalde Hoskins. Ya sabis, elcompromiso de siempre. Ellos han apostado por nosotros para que demos a conocer a Belton al pas entero.

    Eric Pratt era el manager del Metal Race, el equipo de aviacin acrobtica lder del mundial. Era algoas como el padre espiritual del equipo, el que consegua a los patrocinadores, preparaba la agenda y lalogstica para cada uno de las nueve carreras organizadas cada ao. Haba sido uno de los pioneros deldeporte, siendo campen mundial en tres ocasiones.

    Venga ya, Eric. Necesitamos conocer Belton para saber el ambiente que se respira aqu se quejMatt. No pretenders que estemos el mes metidos como en un convento.

    Eric gir la cabeza hacia el asiento trasero y entrecerr la mirada. Rebasaba con holgura los cuarenta.Con las sienes plateadas y una alopecia galopante, Eric llevaba la madurez con cierta dignidad. Sin rastro deesa vida disoluta que seguramente llev en su juventud. Ahora, casado y con dos hijas pequeas viviendo enChicago, la vida le ofreca un desafo diferente.

    No, por supuesto, podis salir a visitar el museo que haya, o dar un paseo por el parque, o leer enla biblioteca, pero no quiero que mi equipo salga en la prensa porque ha protagonizado una trifulca en un barde mala muerte. Me he explicado con claridad? pregunt dulcificando la expresin de su rostro para quesus palabras no sonaran duras en exceso.

    Eric, qu te parece si nos ponemos a jugar al ajedrez? pregunt Matt conteniendo unacarcajada.

    El mnager entorn los ojos con resignacin. Matt, estamos en la recta final del campeonato. Eres el lder del mundial pero con poca ventaja. No

    lo tires por la borda, hazme el favor. No quiero que gane el alemn y ya sabes que te est pisando los talones. Lo tengo todo controlado. Ganar sin despeinarme dijo Matt con cierto desdn. Soy el mejor,

    cul es la preocupacin? Eres la estrella, Matt dijo Ted. Y chocaron ruidosamente las palmas de las manos. Adems,

    para cualquier cosa, me tienes a m para ayudarte. Conmovedor Eric pos la vista en la carretera. Os he contado aquella vez que perd el

    campeonato del 2000 por confiarme tontamente? S, unas cuantas veces respondi Anna, que haba sacado de nuevo su mvil de su chaquetn de

    piel, dispuesta a teclear furiosamente en la pantalla. Eric esboz una sonrisa forzada y se cal la gorra en cuya visera estaba bordado a mano el logotipo

    del Metal Race: dos alas blancas con una fina estela para transmitir la sensacin de velocidad. Bien, pues os lo voy a contar una vez ms, porque veo que lo habis olvidado. No, por favor dijo Matt cruzndose de brazos y apoyando la cabeza en la ventanilla,

    preparndose para lo inevitable. #

    A la maana siguiente, al despertar, Matt sinti que su cabeza giraba como en una lavadora. Tena lagarganta seca y el cuerpo exhausto. Solo le apeteca quedarse en la cama para que el da transcurriesecmodamente. De repente, algunas escenas de la noche anterior se recrearon en su mente, todas con undenominador comn: noche, alcohol y msica. Justo lo que haba ordenado Eric. El ambiente nocturno deBelton era inexistente comparado con Nueva York, pero se las haba apaado ms o menos bien, segn

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  • recordaba, no sin esfuerzo. Por instinto, abri solo un ojo. Se qued de piedra cuando no reconoci la habitacin en la que se

    encontraba. Desde luego, no se trataba de la del hotel en el que se haba alojado con el equipo. Mientras queaquella era ms ordenada y fra, esta era ms personal, con estanteras repletas de libros, la pared con unpster de Bob Marley fumando un porro y ropa femenina desperdigada por el suelo.

    Tambin por instinto se llev la mano a la entrepierna. Bajo las sbanas se encontraba desnudo. Apesar de que el alcohol le espesaba el razonamiento, logr entender rpidamente que en algn momento de laalocada noche anterior haba decidido que no resultaba provechoso regresar al hotel. Un alma caritativa lehaba ofrecido su hogar, y l esperaba haber sido lo ms agradecido posible.

    De repente, algo se movi junto a l. Cuando gir la cabeza hacia el otro extremo de la camadescubri una maraa de pelos rubios sobre la almohada. No recordaba la manera en que haba acabado all,pero no le resultaba extrao. En Nueva York le ocurra a menudo, ya que siempre acababa en la clida camade alguna chica atractiva a la que nunca volva a ver.

    Matt levant las sbanas para deleitarse con el cuerpo desnudo de la bella durmiente. El sinuosotrasero y la cadera exquisita le excitaron hasta el punto de que el mareo se le quit de golpe. La chica seremovi, lo que Matt agradeci ya que eso significaba que estaba regresando de las profundidades del sueo,quiz para un nuevo revolcn.

    Buenos das, princesa susurr Matt acercando su cuerpo al suyo. Siempre usaba ese apelativocuando no recordaba el nombre de la chica de turno, ya que resultaba ms elegante que admitir que norecordaba su nombre.

    La chica sonri resaltando la perfeccin de sus facciones. Labios carnosos, ojos castaos y lospmulos tallados. Decoraba su nariz con un coqueto piercing, detalle que a Matt le record ser el centro de laconversacin en algn momento de la noche.

    Buenos das, Matt dijo ella con la voz an tomada por el sueo. Has dormido bien?De maravilla respondi masajeando los pechos de la chica, con el calor empezando a fluir

    excitantemente por todas las partes de su cuerpo. Te puedo preparar el desayuno, si quieresMatt la bes suavemente en el cuello. Afuera se oa el ligero ruido del trfico y el murmullo de los

    transentes. Era un domingo fro pero soleado, as que los habitantes de Belton paseaban para aprovechar lamaana.

    Tengo hambre, princesa, pero no de comida, sino de ti. Quiero volver a hacerte el amor dijodeslizando la mano una vez ms por el cuerpo desnudo de la chica.

    Una rpida mirada de Matt al despertador de la mesilla de noche, le

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